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El Partido Penélope

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Todos ustedes conocen la historia de Penélope, así como la poderosa imagen de destejer de noche lo que se teje de día.

Cuando Ulises parte a la guerra de Troya, deja atrás, en Ítaca, a su esposa Penélope. Acabada la guerra, y al pasar los años sin que Ulises regrese, diversos pretendientes piden la mano de Penélope, en la esperanza de convertirse en reyes de Ítaca.

La reina los rechaza a todos, pero los pretendientes se instalan en la corte de Ulises, dispuestos a no moverse de allí hasta que Penélope elija marido. Ante lo cual, la mujer de Ulises pone como excusa que, antes de contraer matrimonio, quiere acabar de tejer el sudario para cuando fallezca su suegro Laertes. Y durante años se dedica a coser en público el sudario, para luego destejer de noche lo tejido durante el día, con el fin de ganar tiempo hasta que Ulises, cuya muerte se niega a aceptar, regrese.

La historia termina cuando el rey de Ítaca, disfrazado de mendigo, se presenta en la corte y mata a los pretendientes gorrones a los que Penélope, símbolo de la fidelidad conyugal, ha sabido mantener a raya durante veinte años.

No he podido evitar acordarme de la historia al leer ayer la crónica de Libertad Digital sobre la semana negra que el Partido Popular acaba de vivir. Cuenta en ella Pablo Montesinos que la explosión de escándalos de corrupción que afectan al partido ha hecho cundir en el PP el más negro pesimismo. Además de lo relativo al ex-vicepresidente Rodrigo Rato, hemos visto publicar filtraciones o noticias relativas a Vicente Martínez-Pujalte, al marido de Teófila Martínez, al marido de Cospedal, a Rita Barberá, a Federico Trillo, a Cristóbal Montoro, a Rafael Catalá, al yerno de Aznar... Parece que la guerra de dossieres es ya abierta y sin cuartel en el PP, ante la pasividad, o con la complicidad, de un Rajoy que parece haber perdido el control de las cosas. O al que nada le importa nada, siempre que no le afecte a él.

El Partido Popular se habría convertido así en una auténtica marca tóxica de cara a las próximas elecciones, por lo que la intención de los candidatos a alcaldías y comunidades sería resaltar en la campaña los aspectos de gestión más personales. Se intentaría centrar la acción electoral en la buena labor realizada por cada candidato concreto, para evitar, de ese modo, que los votantes le den una patada al partido en el trasero de sus alcaldes y presidentes de comunidad.

Pero, como confesaba a Pablo Montesinos uno de esos candidatos que se juegan el puesto en mayo, "todo lo que ganamos en la calle lo perdemos cuando encienden la televisión". Porque al encender la televisión, lo que el defraudado votante ve es que esos candidatos pertenecen al mismo partido en el que ocupan u ocuparon cargos los que ahora protagonizan el escándalo nuestro de cada día.

Como Penélope, el PP trata de tejer un mensaje que resalte en cada lugar los éxitos de gestión, para luego destejer en prime time todo lo avanzado, gracias a su despiadada guerra interna y a la catarata de casos de presunta corrupción. El PP se ha convertido en un Partido Penélope, que ve aproximarse las elecciones de mayo sin terminar de tejer un mensaje, no ya ganador, sino que permita al menos salvar los muebles.

Aunque hay una diferencia entre Penélope y el PP. Penélope destejía de noche aquel trabajoso sudario de forma voluntaria, intentando ganar tiempo hasta la vuelta de Ulises. El PP, sin embargo, desteje lo tejido sin poder evitarlo, perdiendo un tiempo precioso, mientras el Ulises de la opinión pública se aleja cada vez más de una Penélope a cuyos brazos cada vez tiene menos intención de volver.

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