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Marcel Gascón Barberá

'Érese' una vez el PSOE

El tablero inclinado de la opinión pública del que habla siempre Cayetana explica, en gran parte, el descaro del PSOE.

El tablero inclinado de la opinión pública del que habla siempre Cayetana explica, en gran parte, el descaro del PSOE.
Pedro Sánchez en un acto del PSOE en Arona (Tenerife). | Europa Press

El PSOE —también conocido por algunos de sus detractores como la PSOE— y lo que llamamos a veces sus terminales mediáticas han vuelto a impresionarnos esta semana con su reivindicación, desde la misma mañana en que se conoció la sentencia, de sus expresidentes autonómicos condenados por el caso de los ERE. "Podemos afirmar de Chaves y Griñán que están pagando justos por pecadores", dijo el jefe socialista Sánchez sobre los dos exdirigentes condenados por el Supremo.

Preparándose el terreno para atacar al PP, que todavía hace penitencia por lo de Bárcenas y aún no se atreve a reivindicar a Camps, el presidente del Gobierno dijo también que sus dos compañeros de filas "no han sido condenados, ni siquiera acusados, de haberse lucrado, de haberse llevado un céntimo de euro ni de haber financiado irregularmente a organizaciones políticas".

Evidentemente, no haberse quedado con el dinero no hace a la condena injusta ni a los condenados inocentes (el tribunal envía a prisión a Griñán por haber sido "consciente de las vulneraciones patentes y groseras" que hicieron posible el fraude), pero el planteamiento ofrece a los propagandistas una línea argumental falaz muy efectiva: no se embolsaron un duro, luego son inocentes.

No fue el único truco retórico del que tiró Sánchez para no asumir la condena. "Este Gobierno es limpio, ha sido siempre implacable contra la corrupción", dijo el presidente, "y hemos condenado a quienes se aprovecharon de un mecanismo aprobado por un Gobierno, por el Parlamento de Andalucía, que ayudó a cientos de trabajadores y empresas en momentos de dificultad".

La nobleza del mecanismo del que permitieron que se abusara Griñán y Chaves no les hace menos culpables de los delitos por los que han sido condenados. Bien al contrario, es un agravante que ensucia aún más el nombre del Gobierno autonómico bajo el que se malversó el dinero.

Pero ¿a quién le importa la más elemental lógica, si no se ajusta al relato del PSOE? Además de Sánchez y una multitud de sus subalternos que han salido a defender a los condenados, el razonamiento torticero formulado por el presidente ha sido replicado con su desparpajo característico por los periodistas y los medios sobre quienes descansa la hegemonía social y cultural del partido.

Además de dejar entrever la posibilidad de otro indulto puramente político, el despliegue de simpatía por los socialistas recién condenados nos vuelve a demostrar la insultante seguridad con la que el PSOE desafía, siempre que le conviene, a la realidad y la decencia.

Para actuar sistemáticamente de esta forma se necesita, en primer lugar, no tener conciencia. Pero también tener la certeza de que el coste a pagar por esta conducta será menor que los beneficios que ésta reporta.

El tablero inclinado de la opinión pública del que habla siempre Cayetana explica, en gran parte, el descaro del PSOE. Aunque también es posible que sea ese descaro el que incline el tablero.

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