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Qué hace falta para salvar Afganistán

En vez de reducir las fuerzas estadounidenses a 5.000 efectivos, el presidente Obama debería estar aumentándolos hasta los 20 o 25.000.

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Si Greg Jaffe, del Washington Post, está en lo cierto, el presidente Obama podría estar replanteándose su plan de retirar todas las tropas estadounidenses de Afganistán para cuando finalice su mandato. Según Jaffe, Obama había desechado todos los ruegos de los militares para que mantuviera más efectivos estadounidenses en territorio afgano después de 2016, pero "en agosto, el general Martin E. Dempsey, jefe saliente de la Junta del Estado Mayor Conjunto, presentó un nuevo plan para mantener en Afganistán una fuerza antiterrorista de hasta 5.000 efectivos para evitar un resurgimiento de Al Qaeda y luchar contra combatientes del Estado Islámico que trataran de asentarse en el país. El plan de Dempsey era algo improvisado e informal, apenas esbozado, según altos cargos de la Administración. Pero esta vez Obama no lo rechazó".

Eso, en cierto sentido, supone un avance, pero no hay muchas razones para creer que 5.000 efectivos basten para que las Fuerzas de Seguridad Nacional afganas puedan impedir el avance de los talibanes, que siguen beneficiándose del fuerte apoyo de Pakistán. Incluso 10.000 efectivos (que son los miembros de nuestras Fuerzas Armadas actualmente destacados allí) parecen insuficientes. La caída temporal de Kunduz no es la única señal de que hay problemas; hay muchos más indicadores.

Naciones Unidas informa de que los talibanes han alcanzado su mayor extensión en Afganistán desde 2001. El New York Times señala lo siguiente:

Responsables de las fuerzas de seguridad de la ONU ya han calificado el nivel de riesgo en cerca de la mitad de los distritos administrativos del país de "alto" o "extremo".

El artículo del Times detalla hasta qué punto llegan los problemas:

Incluso la Autopista 1, un anillo que conecta todas las principales ciudades de Afganistán, lleva mucho tiempo padeciendo repetidas emboscadas y bloqueos por parte de los talibanes en el sur del país; en las últimas dos semanas los insurgentes cortaron la autopista varias veces en los distritos de Yoshi y Baglani Yadid, en la provincia de Baglan, que desde hace tiempo era uno de los indiscutibles bastiones del Gobierno. Pocas autoridades gubernamentales usan ya la autopista en muchos de sus tramos. En varios distritos que, nominalmente, están bajo control del Gobierno, como Musa Qala, en la provincia de Helmand, o Jarjino, en Oruzgan, las fuerzas oficiales controlan sólo los edificios gubernamentales del centro y están sometidas a constante asedio por los insurgentes.

Un despacho de Reuters confirma el peligro al señalar que los talibanes podrían estar a punto de adueñarse de otra capital de provincia: Gazni, situada a tan sólo 80 millas (unos 130 kilómetros) de Kabul.

Nada de todo esto invalida la afirmación del general John Campbell de que las fuerzas de seguridad afganas han mostrado "valor y capacidad de resistencia" y de que aún aguantan. Pero los hechos sobre el terreno muestran que su capacidad para seguir resistiendo es escasa y puede seguir deteriorándose.

Lo que todo ello sugiere es que el presidente Obama ha puesto en peligro lo que con tanto esfuerzo se logró con el aumento de las tropas en Afganistán, iniciado en 2010, al retirar prematuramente a todos los efectivos salvo a 10.000 y al limitar su capacidad de ayudar a las fuerzas afganas proporcionándoles apoyo aéreo. No hay nada de mágico en la cifra de 10.000: fue una ocurrencia de la Casa Blanca. En realidad, el contingente estadounidense está integrado por unas 9.800 personas, para que el presidente pueda alardear de que quedan "menos de 10.000 efectivos estadounidenses" en Afganistán. Esto son juegos de manos políticos, no una estrategia político-militar seria.

En vez de reducir las fuerzas estadounidenses a 5.000 efectivos, el presidente debería estar aumentándolos hasta los 20 o 25.000, y volver a concederles más libertad para que proporcionen apoyo aéreo a sus aliados afganos. Con eso se mostraría decisión y se daría un muy necesario impulso al agobiado Ejército afgano. Reducir las tropas a 5.000 efectivos es mejor que nada, pero no basta para detener la descomposición.

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