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Aviones sin aeropuerto: una barbarie injustificable

Al alcalde y demás responsables no les va a salir gratis esta barbarie, porque los vecinos horrorizados corrieron a dar parte a la Guardia Civil.

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Un ejemplar de Delichon urbica construyendo el nido

En un lugar de Castilla y León, de cuyo nombre no quiero acordarme por ahora al estar en fechas preelectorales, gozaban desde hace más de veinte años de tener establecida una colonia de avión común (Delichon urbica), uno de esos pájaros exclusivamente insectívoros que barren el cielo con su gran pico abierto consumiendo ingentes cantidades de mosquitos. El pasado día once la colonia fue destruida en su totalidad.

En plena época de cría, con más de ochenta nidos bien cargados de polluelos insaciables cebados por sus padres en un frenético ir y venir, empleados municipales instalados en una grúa fueron derribando uno por uno esos reductos de vida que cualquier persona sensible consideraría sagrados. El trabajo estaba perfectamente organizado, de manera que a medida que caían al suelo otro operario provisto de un gran escobón iba barriendo los restos de alfarería de los nidos y los polluelos palpitantes, arrastrando todo hacia sus correspondientes bolsas de basura.

Parece que estamos relatando una historia de la España profunda de comienzos del siglo XX, pero no es así, ha ocurrido hace apenas unos días y los responsables municipales "no saben, no contestan".

Aunque en este caso creamos suficiente denunciar el hecho sin concretar la localización exacta, al alcalde y demás responsables municipales no les va a salir gratis esta barbarie, porque los vecinos horrorizados corrieron a dar parte a la Guardia Civil que se personó de inmediato y levantó los partes correspondientes. También se comunicó lo ocurrido a diversas asociaciones, entre ellas la prestigiosa Sociedad Española de Ornitología Seo Birdlife, que no cabe duda de que sabrá cómo actuar para tratar entre todos de conseguir que hechos como éste dejen de producirse.

Debo confesar que casos como el que comentamos nos llenan de vergüenza a quienes estamos orgullosos de ser españoles y vivir en un paraíso de biodiversidad. Poco a poco vamos mejorando, y ya los pájaros migratorios no tienen que pagar un tributo anual de cuatro millones de muertes en su paso por la Península, pero los nidos, aislados o coloniales, son presa fácil de la insensibilidad y la ignorancia, y así ha sucedido en este pueblo cuyos vecinos han reaccionado de manera ejemplar y fulminante.

Seguramente la razón del desaguisado habrá sido la acusación de que los pájaros ensuciaban el suelo, lo cual sería muy cierto, pero desde luego no justifica la destrucción de ese "aeropuerto de los pájaros". Ya han comenzado a reconstruir sus nidos de alfarería, demostrando que el instinto de reproducción es más fuerte que la propia barbarie.

Aviones, golondrinas y vencejos son pájaros especializados en la captura de presas en pleno vuelo, que ejecutan de manera acrobática con habilidad increíble. El alimento entra de manera pasiva en su formidable boca, abierta al máximo gracias a las escotaduras de sus bordes que justifican el nombre de "dentirostros", en contraposición a la forma cónica de los granívoros "conirostros".

Todos los miembros de esta familia son formidables destructores de mosquitos, y por tantos "insecticidas naturales" y aliados del hombre. Sus nidos coloniales generalmente instalados en aleros de tejados o ventanas altas son un prodigio de manejo del barro, y su forma y tipo de abertura permiten distinguir de qué especie se trata.

Como en su tiempo se consiguió con los nidos de las cigüeñas es necesario hacer comprender a todos los responsables municipales de la España rural que el establecimiento colonia de aves en sus poblaciones es signo de salud ambiental y puede calificarse de monumento natural, a pesar de su modestia y casi insignificancia en algunos casos. Una magnífica lección de educación ambiental es divulgar entre los niños la necesidad moral de respetar los nidos y de admirar los cuidados paternales de los pájaros con sus polluelos. Todo lo contrario al terrible espectáculo que han podido presenciar los niños de ese pueblo, por otra parte precioso y habitado, como ha quedado demostrado con las inmediatas denuncias hechas por personas buenas y sensibles.

Un buen programa de rehabilitación basado en trabajos y cuidados en favor de la naturaleza sería aún mejor que las multas para quienes han organizado el desaguisado, y también empaparles de cultura, si es que no la han recibido nos encontraríamos ante un atenuante.

Que no se repita.

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