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Miguel del Pino

Perros y gatos. Hay que adoptar

Para llegar al sacrificio cero, el mejor apoyo posible es la adopción de los perros y gatos acogidos en refugios y protectoras.

Miguel del Pino
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Para llegar al sacrificio cero, el mejor apoyo posible es la adopción de los perros y gatos acogidos en refugios y protectoras.
La adopción es la mejor ayuda para acabar con los sacrificios. | Pixabay/CC/StockSnap

Hoy, tras desear a todos nuestros "ecológicos" lectores toda clase de venturas navideñas dejamos por un día el campo de la ecología científica para abordar el mundo de los animales domésticos, especialmente del perro y el gato, ya que estamos en fechas navideñas.

También la ciudad tiene su propio funcionamiento ecológico, con su flora y su fauna urbanas; hace unas semanas los madrileños nos alegrábamos de vivir en una ciudad bien arbolada, aunque nunca lo suficiente, con parques abundantes y agua magnífica, pero ¿qué decir de la fauna callejera?

El naturalista Luis Miguel Domínguez, buen amigo que se va recuperando poco a poco de un susto de salud que no ha podido con sus energías, nos enseñó en televisión hace ya décadas la complejidad de la fauna de la gran ciudad y tituló su serie precisamente así: Fauna callejera. Muchos se sorprendieron al saber que había parejas de halcones anidando en los edificios más altos de la ciudad, que los cernícalos formaban colonias urbanas o que los mirlos y las torcaces se comportaban ya tan familiarmente como antaño los gorriones, hoy cada día más escasos.

Los vencejos, los aviones y las golondrinas son estacionalmente abundantes en la ciudad, y por supuesto las gaviotas, reidoras y sombrías, que aprovechan los residuos de los vertederos, y van y vuelven al río o a la laguna después de saciarse en tan especiales comederos.

Pero también son habitantes de la urbe los gatos, que forman colonias cuyo control es absolutamente necesario.

Hace décadas tal control consistía en periódicas campañas de exterminio, pero afortunadamente esta práctica ha sido sustituida por la llamada "gestión de colonias", consistente en capturarlos, controlar su salud, esterilizarlos y volverlos a liberar en el lugar en que se habían establecido, de manera que al no proliferar pueden ser alimentados, controlados desde el punto de vista veterinario, e incluso es posible dotarlos de refugio. Los que antes eran insostenibles por su número y su falta de sanidad se convierten así en aliados contra las plagas de roedores.

Un pobre perro abandonado no tiene posibilidades de adaptarse y vivir en libertad en el ecosistema urbano, errará en situación lastimosa y terminará sufriendo un atropello o provocando un accidente: hay que capturarlos y recogerlos de manera humanitaria y tratar de encontrar para ellos un nuevo hogar, lo que no siempre resulta fácil.

El "sacrificio cero" es el objetivo que todos los que somos sensibles con los animales deseamos conseguir. Donde no llegan los recursos públicos, que pensamos que deberían estirarse todo lo que permitieran los presupuestos, aparecen las llamadas "protectoras", cuyos medios, sobre todo económicos, suelen ser también muy limitados, ya que viven, o mejor, sobreviven, tan sólo con las cuotas de sus socios o con donaciones de particulares sensibilizados por la protección animal. Sus esfuerzos bien merecen apoyo.

Y el mejor apoyo posible es la adopción de alguno de los animales que tienen recogidos, sean perros o gatos, ya que estos últimos suelen formar una nómina de recogidos todavía mayor que la de los perros.

No todos los animales recogidos son susceptibles de adaptarse a un nuevo hogar, pero la mayoría pueden responder magníficamente a esta "segunda oportunidad" si tienen la suerte de ser adoptados. Las protectoras tienen tal variedad de perros y gatos en sus refugios que es muy raro que alguno de ellos no responda exactamente a lo que nosotros buscamos.

La adopción en las protectoras tiene muchas ventajas ya que nos proporcionarán un animal revisado minuciosamente por un veterinario, vacunado, desparasitado y esterilizado; este último punto es el más polémico, pero debemos reconocer que quienes tienen que sufrir de cerca el trauma emocional de su contacto con animales abandonados, es lógico que muestren el mayor rechazo a que proliferen animales no deseados o que no tengan todas las garantías de adaptarse a un hogar.

Olviden algunos mitos, como los que afirman que un perro puede estar muy bien en una gran parcela donde corra a sus anchas, o que no llega a ser cariñoso con sus nuevos dueños un perro adoptado de adulto. La verdad es que el perro es una criatura social, que necesita integrarse en un grupo humano con el que pueda interactuar, es decir, con una familia. En cuanto a lo segundo, podemos afirmar que si el perro ha estado abandonado y vuelve a entrar en contacto con un adoptante, puede llegar a ser todavía más sociable que un perro criado desde cachorro en casa, sobre todo si éste no ha sido correctamente socializado.

Pero no aceptemos de manera compulsiva o emocional la sugerencia de adoptar que hacemos desde aquí con nuestra mejor intención. Hay que tener una seria reunión familiar para saber si hay consenso, porque si decidimos adoptar después será tarde para arrepentirse cuando hayamos conseguido captar la amistad de una criatura inteligente, sensible y fiel, con una fidelidad que no podemos defraudar por capricho.

Adopte, por favor, estas fechas son las más adecuadas, y sean muy felices, que bien lo merecerán por su buena acción, que además es socialmente muy aconsejable por contribuir a paliar el grave problema del abandono. Dedicado con navideño cariño a mi amigo Luis Miguel Domínguez. Naturalista.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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