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Miguel del Pino

Perros y niños: cuatro normas de convivencia

Si vas a incorporar un perro a tu familia, hay que tener en cuenta varios consejos para que la experiencia sea formativa para los niños.

Miguel del Pino
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Si vas a incorporar un perro a tu familia, hay que tener en cuenta varios consejos para que la experiencia sea formativa para los niños.
No se debe dejar nunca solos a los niños y a los perros. | Pixabay

Una semana más dejamos en reserva los grandes problemas ambientales de España, como la limpieza de los bosques o el reparto del agua, para hablar de "ecología doméstica", en este caso del orden que es necesario poner en la relación entre perros y niños.

Porque van a llegar por estas fechas muchos perros (y gatos) a los hogares españoles y la mayoría serán cachorrillos, pero también se adoptan animales adultos recogidos en los centros de adopción. Sin duda es una decisión que puede resultar formativa para un niño y darle muchas horas de felicidad, pero es necesario no cometer errores.

1. Siempre vigilados

La primera "regla de oro" es la siguiente: el perro y el niño deben jugar e interaccionar siempre bajo la vigilancia de un adulto y no se les debe dejar solos ni un solo minuto, por bueno que sea el comportamiento de ambos cachorros, el humano y el canino.

Especial observancia de la regla anterior debe seguirse si el niño es un bebé, caso que hay que tratar con un especial sentido común: si cada vez que el perrito, movido por la curiosidad se acerca a la cuna o la cama del pequeño, se le riñe y se le echa de allí con cajas destempladas por miedo a que pueda hacerle daño, iremos incubando en el animal un instinto de rechazo hacia el objeto que motiva la regañina; por el contrario, la cuna y la proximidad del niño deben ser ocasión de caricias e incluso de premios, de manera que el instinto animal se incline hacia lo positivo del contacto.

¡Pero siempre vigilando y sin dejarles nunca solos!

2. ¿Perro grande o perro pequeño?

La segunda regla de oro hace referencia al tamaño y la raza del perro: ¿Cuáles son los canes más "niñeros"?

Las estadísticas sobre razas potencialmente mejores para los niños deben tomarse siempre con recelo. La mayor parte de las encuestas ponen como razas más recomendables al schnauzer, el labrador y el dálmata, seguidos de cerca por el pastor alemán y el bóxer, pero siempre con respeto a las individualidades dentro de cada grupo racial.

¿Perro grande o perro pequeño? La respuesta parece obvia: perro pequeño. Sin embargo el tema requiere aportar bastantes matices.

¿Recuerdan a "Nana", la San Bernardo "niñera" de los pequeños en el cuento de Peter Pan?. La Disney estudiaba muy bien a sus personajes, tanto humanos como animales, y si eligió un perro gigante como niñera, lo hizo porque en general estos enormes bonachones se comportan bien con los niños, posiblemente porque el pequeño tamaño de éstos los mueve más a la protección al cachorro, además de ser por naturaleza más apacibles. El problema es que si un perro grande muestra en un momento determinado una conducta agresiva repentina, el problema será mucho más grave que si lo hiera un perro pequeño.

La curiosidad infantil puede llevar a u niño, sobre todo si es menor de cuatro años, a jugar con el perro de modo que puede molestar o hacer daño a éste, por ejemplo metiendo un dedito en el ojo o tirando de las orejas. Lo que puede hacer un perrillo que se siente así molestado es imprevisible.

En definitiva, tanto el perro pequeño como el grande requieren que el niño que se convierte en su compañero de juegos sea educado para comportarse sin violencia ante una criatura sensible, con la que puede pasar excelentes ratos de diversión, pero jugando juntos, nunca jugando con él, que es muy diferente.

3. Condiciones higiénicas

La limpieza y la desparasitación del animal que conviva con un niño deben ser especialmente escrupulosas; hay día los perros del entorno urbano doméstico, bien cuidados por sus amos y bajo vigilancia veterinaria, no acarrean peligros sanitarios relevantes; pero no descuidemos la desinfectación periódica del pelo del animal ni de sus enteres y entorno de vida. Las pulgas pueden refugiarse en los rincones en que el animalito duerme o entre la ropa de su colchoneta.

4. Educación y respeto

Al final llegamos a la segunda palabra clave, que es educación: la primera fue vigilancia. El perro y el ser humano son criaturas inteligentes y sociales, cuyo comportamiento comparte numerosos condicionantes cuando ambos atraviesan la fase infantil, pero señalados ya los riesgos, pasemos a recordar los maravillosos beneficios que un perro puede aportar a la formación de un niño.

Un perro que se cría y crece en paralelo al desarrollo de un niño puede enseñar a éste muchas cosas sobre la vida y sobre la necesidad de cuidados y afecto que necesita una animal. Si éste llega a completar su ciclo de vida, el niño, después adolescente, comprenderá que un cachorro es algo divertidísimo y alegre, que un perro adulto necesita más tranquilidad y que un perro anciano merece que se le devuelva el cariño que él ha entregado toda su vida, que se mitiguen sus achaques y que se le acompañe hasta el final de su existencia.

Educación, respeto y vigilancia por parte de los adultos. Estos son los secretos.

Feliz año nuevo a todos, humanos y también animales, todos merecen nuestro respeto, nuestros cuidados y nuestro afecto.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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