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Banqueros, empresarios… independencia

Las cosas deben de estar muy mal cuando banqueros y empresarios meten la cuchara en el debate secesionista de Cataluña.

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Las cosas deben de estar muy mal cuando banqueros y empresarios meten la cuchara en el debate secesionista de Cataluña. Hasta ahora habían rehuido casi siempre este tipo de asuntos como gatos escaldados. Cierto es que hubo excepciones, como cuando a José Manuel Farto, al frente del Sindicato Empresarial Alavés, y sin esperar a la última hora, no le faltaron palabras para valorar muy negativamente, tanto desde el punto de vista democrático como desde el económico, el disparate independentista del Plan Ibarretxe, hoy debidamente enterrado por el nacionalismo vasco. Y no faltaron entonces, es cierto, algunas personalidades individuales en el empresariado. Pero fueron más bien pocas, como por cierto, en los últimos meses, en el caso catalán; y entre ellas nunca hubo banqueros, a pesar de que hay todo un elenco de vascos en el selecto grupo de los que ejercen tal profesión.

Yo, que en aquellos días en los que Ibarretxe iba y venía repitiendo siempre la misma cantinela -"Qué hay de malo en ello", solía decir para referirse a la separación vasca de España- ejercía de estudioso y agitador -una bonita mezcla de la que saqué una querella del protopatriota eusquérico, muchos amigos y algún que otro sobresalto-, recibí una carta manuscrita timbrada en Madrid, fechada el doce de septiembre de 2003 y con membrete de Bermeo, en la que un importante empresario daba respuesta sobre una encuesta que le dirigí acerca de la incidencia de la secesión sobre la actividad industrial vascongada. Él, después de señalar que su relación conmigo "había sido trágicamente episódica" -en alusión al asesinato de mi hermano Fernando-, me confesaba que no iba a contestar a mis preguntas, “pues están infiltrados en todas partes” -se refería, lógicamente, a los nacionalistas promotores de la secesión-. Mi corresponsal acababa su misiva indicando: “[Es] innecesario decir que, como no contribuimos a la encuesta, por razones obvias, contribuiremos económicamente en los gastos”.

Es fácil ver en la carta que acabo de citar la prevención frente a la violencia. Tal vez, incluso, el miedo con tintes de cobardía. Claro que, en el caso vasco, lo que uno se jugaba entonces era la vida. Y, como antes he dicho, algunos se la jugaron oponiéndose con rotundidad a los designios secesionistas del nacionalismo. Hannah Arendt, en su estudio sobre la banalidad del mal, observó: "Desde un punto de vista político, … en circunstancias de terror la mayoría de la gente se doblegará, pero algunos no se doblegarán". Y añade a continuación que la lección que dan estos últimos constituye "todo lo que se necesita para que este planeta siga siendo un lugar apto para que habiten seres humanos».

Francamente, aún no sé si los banqueros y los empresarios que en estos últimos días han advertido acerca de las nefastas consecuencias que se derivarían de la independencia de Cataluña me reconcilian con el género humano. No veo en ellos la valentía de los que hace un poco más de una década se jugaron el pescuezo en el País Vasco para parar el Plan Ibarretxe. Ya sé que yo fui uno de ellos -los nacionalistas, en el Parlamento vasco, acabaron designándome como el "frente estadístico"-, y que tal vez ello me descalifica para este juicio. Pero nosotros llegamos pronto y casi a pecho descubierto, pues sólo nos amparaban unas débiles organizaciones cívicas, las más de las cuales no han podido sobrevivir al esfuerzo que entonces se hizo. En cambio, esos banqueros y empresarios arriban tarde, en el último momento, y a lomos de millonarias y poderosas organizaciones patronales. Nosotros abrimos el debate, elaboramos los argumentos y, con algunas ayudas, desarrollamos los estudios que llevaban a la conclusión de lo inconveniente que resultaba la independencia. Nuestros banqueros y empresarios, por el contrario, no han hecho sino repetir como papagayos los que otros hemos hecho con respecto al caso catalán y, ciertamente, no han empleado sus dineros para promocionar las investigaciones que nos permitirían afinar mejor nuestros cálculos y conclusiones. Y, sobre todo, nosotros sí fuimos capaces de armar ideológicamente a las fuerzas políticas y a los electores que, finalmente, frenaron el embate secesionista. Para los banqueros y empresarios esto está por ver.

El de la independencia de Cataluña es un asunto tan suficientemente serio y peligroso como para que no hubiésemos llegado hasta este momento tan mal pertrechados de fuerzas y argumentos. Y por ello, tal vez no sea vano pensar que, como en el antiguo reino de Belasar, según relata el Libro de Daniel, una mano haya escrito en nuestra pared:

Mene, Tekel, Peres … Los días de tu reino están contados, … pesado has sido en la balanza … y tu reino será dividido.

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