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El avance territorial de la fragmentación electoral

La fragmentación electoral ha avanzado mucho más allá de las zonas urbanas para adentrarse en casi todos los espacios geográficos menos poblados del país.

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Las últimas elecciones municipales dejaron pendiente la respuesta a la cuestión de hasta dónde había avanzado la fragmentación política del electorado español. Las encuestas que se publicaron desde entonces indicaban el retroceso de los dos grandes partidos, PP y PSOE, fruto de la defección de un buen número de sus anteriores votantes y de la fatiga vital inducida por la crisis económica. Pero quedaba por saber si ese fenómeno se encontraba circunscrito a las grandes urbes y áreas metropolitanas o si había penetrado también en las zonas rurales y las ciudades medianas. Ello es importante porque, en términos de resultados, la ventaja electoral se dirime precisamente en estas últimas, pues el diseño del reparto provincial de escaños es, en nuestro sistema electoral, favorable a ellas al otorgarles una prima de representación muy notoria.

El estudio electoral del CIS publicado la semana pasada ha ofrecido por primera vez una respuesta empíricamente fundamentada a la referida cuestión, de manera que puede afirmarse que una amplia parte de la geografía rural de España se ha visto penetrada por la fragmentación política del electorado.

Veámoslo con cierto detenimiento. En España hay 25 provincias poco pobladas en las que se eligen entre dos y cinco diputados, hasta sumar un total de 97 escaños del Congreso. Para obtener uno cualquiera de estos puestos, los partidos deben lograr por término medio el apoyo de una quinta parte de los electores, lo que supone una barrera muy difícil de superar, salvo que la opinión política de éstos se encuentre muy dividida. Por tal motivo, lo que ha venido ocurriendo, elección tras elección, desde 1977, año en el que se inauguró el sistema electoral vigente, es que únicamente dos partidos han entrado en el juego del reparto de diputados. Sólo había tres excepciones: Álava, Navarra y Lérida. Las tres en regiones impregnadas por el nacionalismo y, por ello, escenario de una importante fragmentación política.

Pues bien, lo que señala la encuesta del CIS es que, ahora, sólo en cinco de esas provincias se mantiene la pauta tradicional de concentración del voto en los dos partidos de siempre, el PP y el PSOE. Son Cuenca, Zamora, Palencia, Teruel y Cáceres. También han permanecido sin cambios en el resultado del reparto, aunque haya alguna modificación en los partidos agraciados por él, las tres circunscripciones fragmentadas antes aludidas. Pero hay 17 casos en los que la nueva situación política supone una transformación radical. Curiosamente, en dos de ellos -Ávila y Soria-, no porque haya más jugadores en el reparto, pues siguen siendo sólo dos, sino porque el partido socialista ha sido desplazado por Ciudadanos. Y en los otros quince -Castellón, Guadalajara, Albacete, Burgos, Salamanca, Valladolid, Segovia, León, Lugo, Orense, Huesca, Jaén, Huelva, La Rioja y Cantabria-, porque ahora son tres, y en algún caso cuatro, los partidos que entran en el juego de la distribución de escaños.

Ha quedado claro, por consiguiente, que la fragmentación electoral ha avanzado mucho más allá de las zonas urbanas para adentrarse en casi todos los espacios geográficos menos poblados del país. El resultado de las próximas elecciones generales va a estar determinado en buena medida por este fenómeno, siendo interesante observar que, lejos de contribuir al radicalismo, este nuevo movimiento electoral se orienta hacia la moderación y el centrismo, pues el partido que más pierde con él es el socialista -cuyas propuestas han girado hacia el extremismo de izquierda- y el que más gana es Ciudadanos -cuyo discurso le sitúa en el centro de la escala ideológica-. Sin embargo, conviene puntualizar que, debido al tamaño de las circunscripciones pequeñas, la asignación del último escaño se va a dirimir por un puñado de votos, circunstancia ésta que introduce un elemento de incertidumbre que sólo podrá despejarse en la elección real. Por ello, bien podría ocurrir que la proyección del CIS no se confirme en todos los casos o que, por el contrario, el desplazamiento que prevé sea aún más intenso que el publicado. Si esto fuera así, el sorpasso del partido socialista por Ciudadanos estaría servido.

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