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Pablo Molina

Castellví la lía parda

El fiscal Zaragoza olió la sangre y no tuvo piedad de él.

Pablo Molina
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El fiscal Zaragoza olió la sangre y no tuvo piedad de él.
Javier Zaragoza interrogó a Castellví | LD

Por más que los tertulianos nacionalistas de TV3 opinen lo contrario, lo cierto es que el desarrollo del juicio a los golpistas catalanes nunca ha hecho pensar en la posibilidad cierta de una absolución. Pero es con la declaración de los testigos que estuvieron en el engranaje del golpe cuando las esperanzas de los lazis se están viniendo irremediablemente abajo.

Ha habido testimonios de cargo importantes de funcionarios como el del Práctico del puerto de Palamós o, muy especialmente, de la secretaria judicial que dirigió el registro de la consejería de Junqueras diez días antes del butifarrèndum (© dolçacatalunya). Sin embargo, ninguno ha tenido el efecto demoledor de la comparecencia de Manuel Castellví, comisario de Información de los Mossos cuando Puigdemont y el resto de la tropa separatista organizaban el golpe de Estado.

El ex jefe de Inteligencia de la policía autonómica catalana declaró en el Tribunal Supremo a petición de la fiscalía y, desde el primer minuto, se vio a un hombre contra las cuerdas, superado por las circunstancias que, entre balbuceos constantes, trataba de eludir su responsabilidad en unos hechos (la negativa de los mossos a cumplir los mandatos judiciales impidiendo el butifarrèndum) cuya tozudez impiden cualquier salida mínimamente airosa. El fiscal Zaragoza olió la sangre y no tuvo piedad de él.

Castellví hizo el ridículo al describir el papel de su departamento durante los preparativos del butifarrèndum. Con el sudor perlándole la frente y la boca cada vez más reseca, el responsable de los espías de la Generalitat aseguró que la actividad de los CDR dos semanas antes de la consulta ilegal consistía fundamentalmente en organizar chocolatadas (sic). Ni detectó actividades ilegales tendentes a organizar tumultos ni olió siquiera por donde iban las urnas y las papeletas destinadas al butifarrèndum.

Ahora bien, apaleado en una esquina del rincón por el fiscal hizo una afirmación definitiva que podría, muy bien, sustanciar la condena por rebelión a todos sus ex jefes. Y es que Castellví reconoció que los dirigentes de la Generalidad sabían que iba a haber violencia el 1 de octubre (hubo múltiples advertencias, entre ellas la suya) y, a pesar de eso, siguieron adelante con la consulta. Más aún, los mossos a sus órdenes desoyeron los mandatos del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña para que impidieran las votaciones y, en su lugar, actuaron prácticamente como una fuerza parapolicial que trató de impedir la acción de la Policía Nacional y la Guardia Civil, los únicos cuerpos que aquel día hicieron honor a su compromiso con la defensa de la ley y el orden constitucional.

Los tertulianos separatistas están que echan las muelas y el inframundo lazi muy enrabietado con este Castellví, hasta el punto de que la policía autonómica le ha tenido que poner protección. Pero ojo, porque esto no ha terminado. El ex comisario tiene que volver al Tribunal Supremo el próximo lunes a responder a las preguntas de las defensas de sus ex jefes y ahí sí que se puede liar la mundial. Entre las ganas de Junqueras y los demás de hacerle pagar su deslealtad y las propias responsabilidades de Castellví por no impedir el golpe de Estado, no es de extrañar que al término de su declaración, antes de recoger el documento nacional de identidad, le pregunte a Marchena "¿Me llevo las sábanas de casa o me las dan en la prisión?".

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