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Pablo Molina

Cuba saca la basura

El pueblo cubano ya no aguanta más a los comunistas y está dispuesto a todo para despertar de esa pesadilla que dura ya bastante más de medio siglo.

El pueblo cubano ya no aguanta más a los comunistas y está dispuesto a todo para despertar de esa pesadilla que dura ya bastante más de medio siglo.
EFE

El pijerío alabardero de la dictadura cubana está a esto de lamentar los ditirambos dirigidos al régimen en todo este tiempo y las felicitaciones a Fidel Castro por su cumpleaños, otro clásico entre el ecosistema izquierdista que nos rodea. Falta tan solo que los criminales cubanos cojan el dinero y vuelen a Caracas, antes de ser detenidos y expuestos a la justicia revolucionaria que con tanta saña llevan ellos aplicando más de sesenta años a todos los disidentes. Ese es el momento procesal en que se derrumbará estrepitosamente el muro de mentiras que, de manera interesada, han ido construyendo a ambos lados del Atlántico para mantener con vida una de las dictaduras más grotescas y sanguinarias que le ha tocado padecer a una parte de la humanidad.

Teniendo ese hecho bien presente, resulta irrelevante que los podemitas eviten calificar de dictadura lo que sin duda lo es o que el Gobierno que los ampara haga el ridículo con equilibrismos dialécticos para ponerse de perfil en un asunto que nos interpela directamente como país hispanoamericano. Socialistas y comunistas caerán también arrastrados por los cascotes del castrismo y el vivales de Sánchez quedará en solitario tratando de hacerse perdonar tanta infamia.

El pueblo cubano ya no aguanta más a los comunistas y está dispuesto a todo para despertar de esa pesadilla que dura ya bastante más de medio siglo. Más de 50 años aguantando los discursos interminables de un payaso psicópata y pasando hambre por culpa de una banda organizada de delincuentes es demasiado incluso para un pueblo tan acomodaticio como el cubano. Hasta aquí llegó la marxistada.

La dictadura castrista, aplaudida por los sinvergüenzas izquierdistas del resto del mundo, tiene fecha de caducidad. Puede que no caiga en este embate que los cubanos iniciaron el pasado domingo a riesgo de perder la vida, pero se derrumbará tarde o temprano y las ratas que todavía la defienden huirán despavoridas tratando de salvar el pellejo.

En Cuba han comenzado a limpiar un estercolero que ya no daba más de sí. El papel de las personas decentes ahora es apoyar a las víctimas del castrismo que se juegan la vida y aplaudir este ejemplo de eco-sostenibilidad. La basura, por fin, vuelve al sitio donde debe estar.

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