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El agua y la izquierda señorita

Esta es la izquierda española, la más antinacional del mundo civilizado y la losa subvencionada que amenaza la supervivencia de los más desfavorecidos.

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Ical

La izquierda española tiene dos serios problemas con el agua. Uno es evidente. El otro tiene que ver con su rechazo rotundo a cualquier medida que sirva para aliviar el sufrimiento de los pobres y contribuya a la vertebración nacional, de ahí su oposición frontal a que un recurso natural tan importante (y que en España sobra en abundancia) se reparta entre las distintas regiones con criterios de solidaridad.

Un Plan Hidrológico Nacional cumpliría esa doble función. Por un lado forjaría lazos entre los territorios cedentes y los beneficiarios, y supondría una fuente importante de ingresos para las poblaciones de los primeros, porque, señores, el agua se paga, y a muy buen precio, como saben bien en Castilla-La Mancha gracias al trasvase Tajo-Segura. Lo que no saben los castellano-manchegos aún es dónde invirtió exactamente José Bono los cuatrocientos millones de euros abonados puntualmente durante décadas por los regantes murcianos, alicantinos y almerienses, aunque esa es otra cuestión. Pero es que, además del argumento nacional y la justificación económica, un PHN como el de Aznar garantizaría la supervivencia de los centenares de miles de familias que viven de la agricultura en el Sureste, gente muy de "los de abajo", generalmente con escasos recursos y en no pocos casos procedentes de la inmigración.

Pero socialistas y podemitas rechazan cualquier idea de patriotismo español y, por otro lado, necesitan a los pobres para justificar sus agresiones al bolsillo de los contribuyentes y mantener cierta hegemonía electoral. La suerte concreta de las familias que menos poseen, como ocurre con las que viven del campo en zonas con escasez de agua, a los archimandritas izquierdosos les trae sin cuidado.

Sin embargo, la izquierda no puede presentarse ante la sociedad como lo que es, el principal enemigo para el progreso de la gente pobre. De ahí la utilización permanente de la falacia ecologista como pretexto central para disfrazar su agresión al derecho de todos los españoles a compartir las riquezas naturales de la nación. El proyecto político de la izquierda para las zonas sedientas del campo español es un territorio desértico cercano a la playa, para que los funcionarios en excedencia y los liberados sindicales del cotarro izquierdista puedan atravesarlo cómodamente en sus modernos todoterreno disfrutando de un paisaje natural. Y los inmigrantes y campesinos desde Alicante a Málaga, a vivir del subsidio y de las ONG que depredan el presupuesto público, para que todos sepan a quién votar, en perfecto reflejo del modelo andaluz.

Esta es la izquierda española, la más antinacional del mundo civilizado y la losa subvencionada que amenaza la supervivencia de los más desfavorecidos. El drama es que enfrente no tiene una fuerza política dispuesta a acabar con su hegemonía en este penoso asunto llevando delante de una puñetera vez el Plan Hidrológico Nacional que España necesita.

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