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Pablo Molina

Lo que solo Díaz Ayuso ha entendido bien

La decisión de imponer medidas cuanto más restrictivas mejor es una política de muy cortos vuelos que solo funciona a corto plazo.

Pablo Molina
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La pandemia del coronavirus ha proporcionado a los dirigentes autonómicos una plataforma de popularidad impensable cuando comenzó la actual legislatura. En mitad de esta crisis pavorosa provocada por la banda sanchista, unos y otros han competido por exigir medidas más drásticas para controlar una pandemia que a mediados de marzo se había desatado con toda su crudeza.

Con España confinada y las cifras de fallecidos disparándose, la tentación de los dirigentes autonómicos de manejar la crisis con golpes de autoridad era irresistible, porque todos ellos están convencidos de que esa imagen de firmeza les da popularidad. Y creen bien, a tenor de las encuestas que se han ido realizando a lo largo de estos meses, que han reflejado un gran apoyo popular a los presidentes y consejeros más caracterizados por sus broncas diarias a los ciudadanos.

Pero la decisión de imponer medidas cuanto más restrictivas mejor es una política de muy cortos vuelos que solo funciona a corto plazo. Porque de lo que se trata es de preservar la salud de los más débiles permitiendo el funcionamiento de la sociedad para que no colapse la economía, algo que muy pocos presidentes autonómicos han tratado de hacer con el convencimiento necesario.

Detener los rebrotes es fácil: se confina a todo el mundo en su casa y se acabaron los contagios. Sánchez y su banda lo hicieron en marzo y les funcionó. En dos meses se había controlado la pandemia. Pero no es eso lo que necesita una sociedad que quiera alejarse del precipicio comunista, sino controlar adecuadamente la pandemia con test masivos y medidas sanitarias manteniendo la actividad económica al mayor ritmo posible. Justo lo que no hicieron Sánchez y sus comunistas el pasado mes de febrero, cuando estaban avisados de lo que se nos venía encima.

Por eso hace muy bien Díaz Ayuso en defender medidas sanitarias muy precisas para mantener el tono vital de la economía de Madrid, que es tanto como decir la economía nacional. Su decisión la pone en contra de los comunistas, que prefieren una economía madrileña devastada, y de los petimetres que tiene empotrados en su propio Gobierno, capaces de cualquier cosa para salir en la foto. La presidenta madrileña ha escogido el camino más difícil y eso es algo que hay que agradecer entre tanta mezquindad.

A Díaz Ayuso la odian no por sus errores sino, precisamente, por sus aciertos. Impedir al sanchismo el confinamiento masivo de los madrileños es, tal vez, el éxito más importante de una gestión que las urnas le agradecerán. Gabilondo parece que también ha empezado a entenderlo ya.

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