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Pedagogía en Soto del Real

Lo cierto es que la intentona golpista del pobre Puigdemont nos está brindando un gran espectáculo en el que lo mejor está por llegar.

Pablo Molina
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Jordi Sànchez | EFE

Los independentistas catalanes derrotados, ridiculizados en todo el mundo y a punto de entrar en prisión; los podemitas, inmersos en una de las tradicionales purgas internas de los partidos comunistas para eliminar a los que cuestionan la autoridad del líder máximo… Lo cierto es que la intentona golpista del pobre Puigdemont nos está brindando un gran espectáculo en el que lo mejor está por llegar.

Los gitanos buenos de la prisión de Soto del Real, insignes pedagogos que trabajan gratis para recuperar a los Jordis de su enajenación ideológica, van a ampliar en los próximos días su nómina de pacientes con el ingreso de otros destacados dirigentes del independentismo catalán. El trabajo se les acumula a estos señores de etnia calé, pero de su generosidad probada y amor a España cabe esperar un esfuerzo añadido para que ningún independentista ingresado en la trena se quede sin su ración diaria de Manolo Escobar.

Hay casos muy graves, como hemos podido ver tras la huida a Bélgica de Puigdemont y sus consejeros más leales. El mero hecho de huir en coche y cambiar de vehículo en mitad de un túnel camino de Marsella, con el riesgo de provocar un atasco y varios accidentes, nos sitúa ante unos personajes con una chifladura colectiva en grado muy avanzado, tal vez terminal. Es todo tan aberrante que siguen denunciando el totalitarismo del Estat Espanyol y su convocatoria ilegal de elecciones, mientras preparan las listas para acudir con el mayor entusiasmo a la cita electoral.

Ni renuncian a los sueldos del Congreso de los Diputados ni, mucho menos, a seguir liderando la política regional, a ver si una década de estas pillan a los demás catalanes desprevenidos y, aunque sea por aburrimiento, ganan con el 50,1% y retoman la matraca independentista una vez más.

Como se puede ver, la recuperación de estos personajes para la vida normal no va a ser nada fácil, pero el entusiasmo de los internos de Soto del Real y los efectos taumatúrgicos del Que Viva España pueden obrar milagros, incluso en mentes tan intoxicadas como las de estos dirigentes independentistas, que han destrozado Cataluña con sus delirios totalitarios y siguen haciendo el ridículo convencidos de su inmunidad.

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