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El odio a la Guardia Civil

Con los abogados que tienen, Junqueras, los Jordis y los exconsejeros no necesitan no necesitan fiscales.

Pablo Planas
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Los abogados de los golpistas | EFE

Miradas cómplices, medias sonrisas, caras de suficiencia o de fingido asombro y hasta risas por lo bajo. Defensas golpistas, encausados y parte del público en el Tribunal Supremo han pasado sus buenos ratos con los guardias civiles que testificaron en las últimas sesiones del juicio del 1-O. A los catalanistas les causa un asombro inaudito que un hombre de Antequera diga "fil de puts" en vez de "fills de puta". No asimilan que haya gente que no sepa o no entienda el catalán aunque sean naturales y vecinos de Lepe, Leganés o Logroño.

La defectuosa pronunciación de los hombres del Instituto Armado que acudieron desde diversos puntos de España a sofocar el golpe de Estado de septiembre y octubre de 2017 en Cataluña no es lo único que ha dado pie a que los abogados de los golpistas sacaran lo peor de sí mismos y del catalanismo. A los letrados les parece que el hecho de que los concentrados en los centros electorales gritaran en la lengua vernácula que eran gente de paz debería haber bastado para que la "fuerza actuante" bajo mandato judicial se diera media vuelta y se fuera.

"Som gent de pau!", gritaban grupos de cien, doscientos o quinientos individuos, a veces más. Gente de paz, sí, admitió un guardia. De los que levantan las manos y pegan patadas, añadió. El problema es que los guardias civiles no entendieron que los vociferantes estaban pronunciando una frase mágica, algo así como el parlamento de los piratas. Abracadabra, somos gentes de paz, seres de luz y ángeles del cielo por encima de la ley. Quién sabe, tal vez los agentes habrían echado a tierra escudos y porras y fundídose en un sentido abrazo con la masa si esta se hubiera expresado en algún idioma al alcance del personal de la Benemérita.

Los abogados insistieron mucho en ese eslogan de la pau y también mostraron su sorpresa por que un par de agentes del Ebro para afuera desconocieran que casal de avis significa "residencia de ancianos". El asombro en clave irónica fue uno de los registros interrogatorios más usados por los letrados, que están encantados de haberse conocido porque se saben protagonistas de un juicio que TV3 y los medios separatistas siguen como si se tratara de Juego de Tronos o un Barça-Madrid.

Recurrieron a toda clase de tretas para confundir a los testigos, mintieron (el caso del sujeto que amenazó a dos guardias de paisano en Lérida no ha sido sobreseído sino que el acusado ha sido condenado a una pena de ocho meses de cárcel), intentaron manipular el parte de lesiones de un agente que fue pateado por una turba separatista y hasta amenazaron a los declarantes con las generales de la ley.

Preguntas, gestos, muecas y hasta las "buenas tardes" de los abogados rezumaban desprecio hacia los agentes de la Guardia Civil, mayor y más desacomplejado cuanto menor era el rango de los testigos o su habilidad en la pronunciación catalana de topónimos, lemas e insultos. Esos abogados que son estrellas en los medios de comunicación catalanes frente a unos funcionarios del Estado que ganan muchísimo menos que un mozo de escuadra; la crema de la abogacía catalana ante unos bárbaros del sur parachutados en la avanzada Cataluña, ya fuera un teniente con décadas de servicio en Manresa o un joven número raso de Sevilla. ¿Supremacismo?

Se juzga la proclamación de la república, no la actuación policial durante el referéndum ilegal, por mucho que los abogados de los golpistas se burlaran, acosaran y amenazaran en el Supremo a los guardias civiles que abrieron paso a la ley el 1 de octubre de 2017 en Cataluña junto a sus compañeros del Cuerpo Nacional de Policía, que serán los próximos en testificar.

Las defensas sostienen que se trata de un juicio político, que nada de lo que pudieran demostrar meridianamente a favor de sus clientes alteraría la decisión de los jueces y que sería ocioso actuar como profesionales en vez de como ultras de la república. Hay gente del entorno de los acusados que opina que no hace falta insultar al enemigo. Y menos cuando se esfuerza en decir "fil de puts" en vez de "Generalidad" o "Mozos de Escuadra", como los abogados de Vox. Con los abogados que tienen, Junqueras, los Jordis y los exconsejeros no necesitan no necesitan fiscales.

No se trata de que Pina y Van den Eynde lamentaran los daños ocasionados en nombre de sus patrocinados ante los testigos guardias civiles. Habría bastado, sostienen independentistas y familiares de presos no abducidos, con que no se les notara la aprensión y el asco cuando se dirigían a los declarantes.

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