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Pablo Planas

El PSC y las SA de Podemos

El PSC no es una sucursal del PSOE en Cataluña, sino un satélite del nacionalismo en Ferraz.

El PSC no es una sucursal del PSOE en Cataluña, sino un satélite del nacionalismo en Ferraz.
Miquet Iceta y Núria Parlón | EFE

El PSC no es una sucursal del PSOE en Cataluña, sino un satélite del nacionalismo en Ferraz, un organismo parasitario al servicio del derecho a decidir, de los privilegios territoriales y del hecho diferencial. El PSC es en sí mismo un problema que se presenta como solución de sus propios desaguisados (Estatut y tripartitos), un accesorio inútil del que el PSOE haría bien en desprenderse, habida cuenta de que sus hermanos de Cataluña, el partido federado con sus propias normas y ritos, no es más que un lastre y una máquina de perder votos en su casa y en el resto de España, y además aboga por un referéndum sobre el futuro de España sólo para catalanes.

Hace ya mucho tiempo que el PSC se desligó del PSOE, cuya marca sólo airea en las elecciones municipales del cinturón rojo de Barcelona y en las generales, en las que era la primera fuerza de Cataluña hasta la irrupción de las plataformas podemitas, que acentúan un discurso social para ocultar que son como la CUP, radicales antisistema e independentistas furibundos, pero con la diferencia de que su radio de acción no se limita a los Països Catalans.

Así pues, el problema del PSOE en Cataluña no es el PSC. Es el síndrome del miembro ausente o la falta de un referente que sostenga sus mismos postulados y haga frente al separatismo sin complejos. En las últimas fechas han surgido dos iniciativas tendentes a reagrupar los votos y la militancia desencantada del PSC. Antonio Robles, exdiputado de Ciudadanos, ha presentado el Centro Izquierda Nacional, mientras que Julio Villacorta, exdirigente socialista y de UPyD, articula lo que pretende ser el PSOE auténtico en Cataluña. Harían bien los barones y la baronesa Díaz en atender esas iniciativas, que tal vez les sirvan para reintroducirse como especie política a partir de la orilla oriental del Ebro.

En caso contrario, el PSOE está condenado a la irrelevancia en Cataluña y a depender de unos dirigentes que han hecho de la traición una herramienta y sólo buscan el reconocimiento del catalanismo, la palmada en la espalda de Carles Puigdemont, la venia de Carme Forcadell y el amparo de Ada Colau, que les ha dado unos cuantos cargos en el Ayuntamiento de Barcelona para que no molesten.

El caso de la capital de Cataluña expresa a las claras el deterioro y degeneración del PSC. Barcelona era su bastión hasta que Jaume Collboni, amigo de Iceta y exdirigente de la UGT (el sindicato del que provienen Neus Munté, portavoz de Mas y Puigdemont, y cientos de altos cargos que se declaran separatistas), se quedó con cuatro concejales, incluido él, sobre un total de 41. Y en vez de dimitir se ofreció a Colau para lo que fuera menester. Igual que Iceta en el Parlament con Junts pel Sí. Lo raro es que Meritxell Batet, la cabeza visible del grupo del PSC en Madrid, no haya anunciado aún su solidaridad con las SA de Podemos y su cerco al Congreso. En Barcelona ya van de la mano.

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