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El señorito catalán

En Cataluña, los antisistema son los señoritos de siempre, los 'hereus', desocupados de tomo y lomo que se ríen de los currinches.

Pablo Planas
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El irredento Benet Salellas, camarada del feroz Garganté, ha resultado ser un potentado propietario, un pijeras gerundense que abraza la causa de pegarle fuego al barrio de Gracia de Barcelona mientras le rentan las finquitas y los locales. Nada nuevo. Es más que probable que su militancia en la CUP sea una tapadera para preservar la integridad de sus terrenos rústicos, pisos y locales y al tiempo dárselas de comprometido, solidario, progre y pacifista. En teoría, su partido está por abolir la propiedad privada, expropiar las segundas residencias, colectivizar las fábricas y quemar a las monjas, como en el 36. Todo para el pueblo, nada sin el pueblo. ¡Abajo el mal, muera el capital! Eso sí, lo suyo es suyo y lo de los demás, también.

En Cataluña, los antisistema son los señoritos de siempre, los hereus, desocupados de tomo y lomo que se ríen de los currinches autónomos, de los paletas, de los empleados mierdeuristas de cuello blanco y de los reponedores del supermercado. Hay dos tipos: los antisistema fiscales que se llevan la pasta a Suiza envueltos en el espantajo de la estelada y los de camisetas, pantalones cortos y sandalias, hijos de papá que van por ahí llamando fascistas a quienes no son separatas, alternativos, progres o zampabollos de kilómetro cero. El nexo de unión es el proceso, la fotografía del abrazo entre el burgués Mas y el alternativo David Fernàndez, piquetero secretario de Arnaldo Otegi.

El cambio de papeles es alucinante. Los niños mal de familia bien van por ahí asustando a las abuelas, arrasando propiedades públicas y privadas y dando lecciones de ética y economía del bien común. Escupen a los guardias, les llaman esbirros y se van tranquilamente a fumarse unos petas porque el consejero de Interior, Blandiblup Jané, tiene órdenes de Cocomocho y del Junqui de no joderles el guateque incendiario. ¿Detenciones? ¡Qué exageración! ¿Cómo van a trincar a los vándalos? ¿Y si hay algún niño pera de papá, el hijo de una consellera, un concejal de la CUP o el vástago de un empresari de los nuestros? No sale a cuenta y están en juego los presupuestos del Estat propi.

Tales cholos tienen a su favor la sensibilidad de una izquierda, nacionalista o no, que les ríe la gracia para no pasar por fachas de mierda, españolistas, viejunos, catolicazos o retrógrados. Son de esos que ven una bandera de España y ejecutan un mohín de asquito mientras degustan una esferificación de cagarruta de paloma con un vino, por decir algo, del Ampurdán en algún garito supermoderno del Born. El desfile de los viejos legionarios del pasado sábado por el centro de Barcelona les ha pillado con la guardia cambiada, de modo y efecto que se han apuntado al linchamiento. Tal vez desconozcan que entre los manifestantes había exsoldados tullidos que se dejaron la piel, el bazo o un brazo en Sarajevo, Irak o el Líbano, viudas de militares asesinados en misiones de paz, mujeres que empuñaron las armas en Kosovo para evitar masacres étnicas y gentes que han mirado cara a cara a los yihadistas y han vivido para contarlo. ¿Franquistas? Otro Jameson, si us plau. This is Catatonia.

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