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La retórica batasuna, Cataluña y París

Ni Willy Toledo es capaz de superar en estulticia a los voceros cuperos y colauitas.

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Durante los años de plomo y gomadós etarra, su brazo político se aferraba a la siniestra forma de "condenar" la violencia "venga de donde venga" para equiparar los atentados de sus terroristas con las acciones contra ETA de las Fuerzas de Seguridad del Estado. En esa "guerra" el lenguaje siempre estuvo del lado criminal: ETA era una "organización armada" en vez de una banda de asesinos, que luchaba por la "liberación" del País Vasco en vez de asesinar personas de manera indiscriminada, por la espalda o con mando a distancia. Lo que no era previsible es que la manipulación abyecta del relato hubiera calado tanto y hasta el punto de formar parte de la retórica podemita y de no pocos nacionalistas catalanes de los que se definen como "cívicos, pacíficos y festivos".

Abrió el turno del escarnio la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, quien manifestó que "las balas que se dispararon en París son las mismas balas que matan a los vecinos y vecinas de las ciudades de Siria, del Líbano, de Somalia y de Irak". Después llegó la CUP, el partido de moda entre los vecinos y vecinas de una parte de Cataluña, para advertir al mundo de que la masacre francesa es culpa de las "guerras imperialistas" y criticar que sobre la fachada del Ayuntamiento de Barcelona se proyectara una gran bandera francesa, que la alegre muchachada que concurre coaligada con Bildu, Sortu o como se llamen ahora los proetarras en las elecciones europeas también considera "imperialista". Ni Willy Toledo es capaz de superar en estulticia a los voceros cuperos y colauitas.

Como la estupidez es contagiosa, la presidenta de la Diputación de Barcelona y alcaldesa de Sant Cugat, la muy convergente y trespercéntica Mercè Conesa, se ha largado una nota de condena en la que no consta en línea alguna que los autores de los atentados son islamistas. Todo es muy execrable, todos somos París y la condena de la Diputación va más allá incluso al ampliar su rechazo a "cualquier forma de violencia terrorista, intolerancia y retórica del miedo y el odio, que abonan el terreno para actos como los sucedidos en Franca o en cualquier lugar del mundo". Ni Arnaldo Otegi se habría expresado peor ni de forma más mendaz.

"Cualquier forma de violencia terrorista" no es lo ocurrido en París. La violencia terrorista es muy concreta, procede del Estado Islámico, opera intramuros de nuestras ciudades y no es la consecuencia de una supuesta islamofobia, de la intrínseca maldad del capitalismo occidental o del presunto expolio de los países árabes, como también se ha sugerido por los expertos locales.

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