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Una declaración de guerra

Es curioso que un tipo que ha dedicado media vida a vender seguros se dedique ahora a fomentar una guerra civil.

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Quim Torra | EFE

Primero fue aquello de los españoles, las "bestias con forma humana", tarados con alteraciones genéticas y "moho verdoso en las dentaduras postizas". Torra ni rectificó ni mostró el más mínimo arrepentimiento. Que se le había sacado de contexto, adujo, a él, un campeón del pacifismo, el Luther King de Blanes, Gerona.

Luego les dijo a los encapuchados que apretaran, que esa era su función y que hacían bien en cortar carreteras, asaltar estaciones, amenazar a jueces, políticos y contrarios e imponer su ley en las calles. Tampoco rectificó. Los encapuchados son sus chicos, los Comités de Defensa de la República (CDR), en los que dice que milita toda su familia. Envalentonados por el apoyo del presidente de la Generalidad, los muchachos de Arran, la CUP y los CDR son los amos de la pista, mientras los Mossos tienen órdenes estrictas de dejarles campar so pena de ceses y expedientes.

El último hit de Torra es la vía eslovena. Mientras los zumbados por la república reparten instrucciones en las redes sociales para reventar Cataluña el próximo día 21, el representante ordinario del Estado en Cataluña, o sea Torra, no sólo participa en un acto del prófugo Puigdemont en Bruselas, sino que se larga una arenga sobre la conveniencia de llegar hasta el final "con todas las consecuencias", como se hizo en Eslovenia.

Han pasado más de 48 horas de la declaración de guerra y no es previsible que Torra vaya a emitir el más leve matiz sobre dicha vía. Debe pensar que no hay independencia más barata: por menos de cien muertos, y más de la mitad del enemigo, te montas un país. Tampoco es previsible que el Gobierno haga nada.

Total, que tenemos un presidente de la Generalidad que odia a una parte de sus congéneres, anima y patrocina a los violentos y propone declarar la república catalana otra vez y a tiros si es menester. Puigdemont a su lado es un santo varón, un hombre errado, seguro, pero no tan ofensivo y peligroso como su sucesor. Menos iluminado incluso, que ya es decir. Es curioso que un tipo que ha dedicado media vida a vender seguros se dedique ahora a fomentar una guerra civil. La vida y hacienda de millones de personas sigue en sus manos gracias a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

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