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Cinco tontos de izquierda y un funeral

Se perfila, afortunadamente, el crecimiento de la España no partidista, pragmática, inteligente y moral.

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Prepara Agapito Maestre, una de las víctimas del régimen andaluz en su tela de araña universitaria –caso sobre el que escribiremos en cuanto se disipen las nieblas de la Bética–, un nuevo libro que vuelve sobre Ortega y su acoso por parte de la izquierda española. Ansioso por leerlo, no me resisto a dar algunas pinceladas sobre sus tontos. Nuestro filósofo, en La rebelión de las masas, no se explicaba cómo no se había escrito aún un ensayo sobre la tontería. Mientras las personas perspicaces se esfuerzan por acercarse a la inteligencia huyendo de la tontería, siempre al alcance de cualquiera por el número y calidad de las limitaciones e ignorancias, los tontos se creen listos infusos, insuperable y superiormente buenos y seguros de todo y del todo.

Ortega lo expresó así:

El tonto, en cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece discretísimo, y de ahí la envidiable tranquilidad con que el necio se asienta e instala en su propia torpeza. Como esos insectos que no hay manera de extraer fuera del orificio en que habitan, no hay modo de desalojar al tonto de su tontería, llevarle de paseo un rato más allá de su ceguera y obligarle a que contraste su torpe visión habitual con otros modos de ver más sutiles. El tonto es vitalicio y sin poros. Por eso decía Anatole France que un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio, jamás.

Vayamos hoy sobre cinco de nuestros tontos de izquierda, no por orden de importancia, sino por orden de aparición en la memoria. Mari Ly Izco, de la Ejecutiva socialista de Logroño, es tonta aunque atravesada. Haberle dicho a Antonio del Castillo, padre de la asesinada Marta, que se dejara de criticar a Pedro Sánchez, que su hija había ido "no en muy buenas condiciones" a ver a su asesino y que "sin cadáver no hay crimen", es ser tonta de baba, pero, además, chunga de alma.

Y ya que estamos, Sánchez, Pedro, el "cum fraude" de Federico, que va y dice que ha hecho más en siete meses que Mariano Rajoy en siete años –jajajaja–, y que, entre Falcon y Torra, se decide, no por el yate Azor como Felipe González, pero casi, esto es vivir como un Rey en la residencia canaria de La Mareta. Hay tontos que se gustan tanto que no reparan en la visibilidad de su necedad, límpida, diáfana, universal, contundente.

Tonto de nivel es el Kichi, alcalde de la infortunada Cádiz gracias a Sánchez y al PSOE andaluz, que llama "excremento" del PP a los de Vox provocando un incremento inmediato de sus votos y opciones futuras. Su sandez es del calibre de toda una Bahía donde a quien dice lo que él se le llama carajote. Sólo él y su izquierda populo-comunista, cree, salvan a los pueblos y todos los demás somos mierda o padres de la mierda. Después de Trotsky, que no pudo ser Stalin porque éste lo mató, Mao, Castro, Maduro y el gordito norcoreano, decir cosas así es de ganso de carnaval.

Rafael Simancas, que pierde tanto o más que el Alcoyano de las leyendas, es un lelo competitivo, quiere serlo más que nadie y lo ha conseguido. Llamar traición a España al presunto acuerdo andaluz –que no existe aún, por cierto, y que ya veremos– entre PP, Ciudadanos y Vox es haber cedido a una avalancha de prejuicios tal que da entender que su cerebro sólo tiene útil el hemisferio izquierdo o es que no sabe usar el que le sobra.

Y finalmente llegamos a Susana Díaz, que es otra de las perdularias ilustres que seguro que García de Cortázar no hubiera incluido en su libro sobre los perdedores de España. Su inepcia y nesciencia es tal que va por la vida de lideresa triunfante, cuando no hace más que menguar desde que ha tenido alguna sartén por el mango. Ni calcula tiempos, ni mide fuerzas ni sabe de intendencia. Tanto desastre no puede ser mala suerte sino consecuencia de la tontería y la borricada.

No negaré que el centroderecha también tiene su legión de tontos, alguno bien eminente y cada vez más evidente. Pero el funeral que entreveo, cada vez más nítidamente tras los responsos, es el del partidismo del signo que sea, que es la base de las mayores tonterías instaladas en España desde 1982. Se perfila, afortunadamente, el crecimiento de la España no partidista, pragmática, inteligente y moral.

Ortega ya lo dijo en uno de sus artículos de 1929, momento duro para decirlo. El partidismo es

uno de los morbos más bajos, más ruines y más ridículos de nuestro tiempo… Crece, en cambio, el número de personas que consideran esa exigencia, además de tonta, profundamente inmoral, y que siguen con fervor esta otra norma: "No ser hombre de partido".

Y añado yo: ser hombre modesto, de bien y de nación. Bastaría con eso para que la tontería no se extendiese.

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