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Pedro de Tena

El aldabonazo andaluz y el escrache a la democracia

El descorazonador el espectáculo de la descomposición moral e institucional de un régimen autoritario, clientelar, inútil, corrupto y faltón.

Pedro de Tena
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El descorazonador el espectáculo de la descomposición moral e institucional de un régimen autoritario, clientelar, inútil, corrupto y faltón.
La manifestación de este martes frente al parlamento andaluz. | EFE

Lo que está pasando en Andalucía es muy grave, tan grave o más que lo de Cataluña. En Cataluña, PSOE, separatismos varios y extrema izquierda avalan, enriquecen presupuestariamente, comprenden, justifican y sustentan el golpismo institucional, totalitario y racista perpetrado contra la Nación y que está en los tribunales.

En Andalucía, PSOE, su tela de araña síndico-social y Podemos con IU y demás subvencionados, han empezado a sacar la patita de un golpismo callejero contra los resultados legítimos de unas urnas que invocó Susana Díaz y que nadie ha puesto en duda.

En Cataluña hay golpismo anti español y anticonstitucional; en Andalucía, se están dando los primeros pasos de un golpismo antidemocrático. El factor común de ambos precipicios es un PSOE desquiciado por su divorcio de la realidad y de los ciudadanos desde la época Zapatero, que se niega a convocar elecciones generales a pesar de gobernar sólo con 84 escaños de los 350 del Congreso con ayuda de los que no otorgan legitimidad moral ni política a ninguna oposición ni a España, que vaya si es una realidad nacional.

El espectáculo de la descomposición moral e institucional de un régimen autoritario, clientelar, inútil, corrupto y faltón que ha marginado a casi media Andalucía durante 40 años; que ha demostrado su ineficacia para la prosperidad económica, social, educativa y moral de la región más necesitada de España; que ha tejido una tela de araña corrupta, judicialmente procesada, y que sigue insultando y descalificando a quienes no piensan como ellos, es descorazonador.

Susana Díaz, la misma que ahora, amnésica de ocasión, le demuestra a Podemos y al naufragio de IU que ella escracha más y mejor que nadie a los parlamentarios andaluces, afeaba los escraches a los podemitas hace un año ante el Congreso de los Diputados. Como le pasa a su odiado Pedro Sánchez, debe ser porque ya no es presidenta de la Junta y ahora puede ser la que realmente es o era…o tampoco.

Lo de este martes, con un Parlamento sitiado, cercado, escrachado por unos miles de personas manejadas y pagadas por las subvenciones y con los autobuses fletados por el mismísimo PSOE, da una idea de esa degeneración irremediable de un partido que sólo respeta la democracia si gana las elecciones y que la trata de reventar cuando pierde inaugurando una peligrosa senda ya recorrida por una España fratricida.

La deriva radical, que recuerda la deriva radical republicana ya en 1931 que llevó a todo un Ortega liberal a dar un aldabonazo rectificador exclamando que ni la republica ni la democracia eran eso que pasaba en las calles y en el gobierno y que las consecuencias del radicalismo serian terribles para España – como lo fueron -, es más inexplicable aún en una Andalucía donde han gobernado a placer durante 40 años sin respeto de nadie ni de nada sin que nadie les hay hecho un escrache jamás.

Lo que vivimos en Andalucía es una especie de rebelión contra el voto libre del propio pueblo que les ha señalado la puerta de salida tras 40 años de oportunidades de reforma y reconsideración. En sólo dos días, Susana Díaz se ha hundido para siempre. De esperanza para el futuro de un PSOE nacional y moderado hace sólo unos años, ha mostrado su peor cara, la de una mala perdedora sin escrúpulos, esto es, algo muy parecido a un Pedro Sánchez al que le parece que lo ocurrido en Andalucía es gravísimo mientras que su pacto con la extrema izquierda, los separatismos y los proetarras le parece decente.

El circo

Y luego están los numeritos de circo, de fieras o payasos, a voluntad. Que Teresa Rodríguez haya llamado a Santiago Abascal el "pistolero de Bilbao" o el "niño de las pistolas" tiene cojones, perdón, para alguien cuya familia ha sido amenazada de muerte por ETA.

Que el faltón y descarado Mario Jiménez, portavoz socialista, que tiene a media familia colocada en las instituciones andaluzas y a un cuñado imputado por soborno, haya dicho que Moreno debe explicar su programa de ultraderecha radical es de campana de catedral.

Que el Podemos de los marqueses de Galapagar haya gritado que este, el nuevo, es un gobierno de ricos cuando en él nadie tiene un chaletón ni de lejos parecido al de Pablo Iglesias e Irene Montero, es de traca. ¿Era rico el pobre de Martín Carpena, al que la izquierda mezquina no quiso aplaudir?

Y lo de un Marín citando a Einstein, cuando no se sabe siquiera si ha terminado o no Graduado social, ha sido espectacular. Seguramente cree que la teoría de la relatividad consiste en generalizar que todo es relativo, como practica Ciudadanos. Relativo, claro está, a sus intereses.

De todos modos, se ha tomado nota del aviso de Marín sobre que el pacto con Vox es cosa exclusiva del PP. Su alusión a los 47 escaños de PP y Cs con olvido de los más que necesarios 12 de Vox, advierte ya desde hoy mismo que el gobierno actual tiene un nervio roto que se llama Ciudadanos y que en cualquier momento puede dar la espantá sin previo aviso.

La impresión que ha dado es que Marín le tiene pavor a una izquierda andaluza, vociferante y agresiva ahora, pero con la que ha compadreado hasta hace un mes y medio, – pánico del que carece Inés Arrimadas ante el separatismo insultante y opresor, al que desafía, responde y ridiculiza -, en una odiosa comparación. Al menos, Albert Rivera ha denunciado el vergonzoso escrache de ayer mientras el viejo PP de Arenas no se atrevía siquiera a llamarlo por su nombre.

Vox está en su papel, arrogándose la energía del cambio y sabedor de que todo lo que se ha desencadenado en España los tiene como diana y como beneficiarios políticos mientras que Juan Manuel Moreno, tras recibir la visita de un Dios benefactor, se presenta como un meritorio diácono céntrico del centrismo sin sacerdocio mediador posible entre Vox y Ciudadanos y que puede salir despedido del fiel de la balanza de San Telmo por cualquiera de los dos.

Soportar lo insoportable

Pero en fin, destaquemos, por ser de justicia, la moderación, tal vez excesiva del PP andaluz que ha soportado lo insoportable durante 40 años, -les han llamado y acusado de todo, hasta matones de discoteca-, la determinación de Vox de resistir democráticamente a pesar de la persecución y la violencia callejera de que es objeto y la caída del caballo de un Ciudadanos cegato, que sigue sin considerarse socio de un tripartito de derechas en Andalucía, del que forma parte históricamente sin vuelta atrás.

Valga por lo menos si ha comenzado a darse cuenta de qué es y cómo es el socialismo al que ha servido de felpudo durante 3 años y medio, aunque nadie puede fiarse. Encomiéndese Juan Marín a sus orígenes, que fueron del PP – qué digo -, de Alianza Popular, el partido de su padre.

El cambio necesario

Pero el cambio en Andalucía hay que producirlo porque es necesario para Andalucía y para España. El cambio andaluz reducirá de manera proporcional la virulencia del golpismo catalán. Hay que investigar todo lo que se ha gastado y en qué se ha gastado; hay que explicar por qué en 40 años Andalucía no ha despegado como región; hay que impedir que puedan volver a repetirse otros 40 años de dominación y hay que edificar una Junta de Andalucía que sea andaluza y constitucional, y no del PSOE.

Y, naturalmente, hay que demostrar que una política abierta, más liberal y respetuosa con la realidad de nuestro tiempo, saca a Andalucía del pozo de las penas y del monte del olvido. Pero, para eso, hacen falta arrestos, expertos, años y buena voluntad. ¿Hay de todo eso?

En cuanto a la calle, la izquierda perdedora andaluza, como la separatista y filoterrorista en otros lares -esa sí que fue pistolera y asesina incluso de socialistas-, va a tener que entender que es patrimonio de todos en una democracia sana, nacional y abierta y que se gobierna, no desde sus adoquines, sino desde las instituciones y a partir de las urnas.

En otro caso, se nos invitará a otros muchos ciudadanos andaluces y españoles, los más, a reclamar nuestros derechos sobre ella. Dicho queda, porque hasta aquí hemos llegado. O jugamos todos o se pincha la pelota.

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