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La confesión de Chaves

creo que es preciso un partido socialista en esta nación española que defienda con ardor la igualdad, la justicia y la libertad, pero que sea demócrata y español

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Lo ha hecho en una nota de prensa, que se convierte así en prueba de la acusación. Junto a su tigelino, Gaspar Zarrías, el expresidente andaluz y expresidente nacional del PSOE, Manuel Chaves, ha confesado, pero modestamente. Sólo admite con orgullo haber salvado a 6.000 familias de los tiempos más duros de la crisis (que, por cierto, empezó en 2007, mientras sus presuntas prevaricaciones en el caso ERE datan de 2001, cuando menos). Indiciariamente, las familias salvadas por él y su partido han sido muchas más. La suya propia, hijos y hermanos ayudados por la Junta o colocados por ella; las de los empleados públicos admitidos sin oposiciones o con convocatorias trufadas desde 1990, las de la gran mayoría de los componentes de la administración paralela, las de los situados en las cajas de ahorro (conservo la plantilla de Caja San Fernando, que es una joya), los incrustados en todo tipo de entes, desde Canal Sur a la sanidad y la educación pasando por diputaciones (en la de Sevilla aparecieron un día 400 nuevos trabajadores sin que nadie supiera de dónde habían salido; en la de Cádiz, donde IU publicó una lista de enchufados socialistas de alto voltaje; en las de Huelva, Granada, etc.) y ayuntamientos (recuérdese el caso Estepona, o el caso Cazalilla, o el de Sevilla cuando el alcalde Monteseirín, por poner unos ejemplos). No se olviden de las familias de los dirigentes de UGT, CCOO y CEA, a cuyas organizaciones cebó sin descanso con fondos públicos durante años. O sea, que su confesión ha sido modesta, cierto, pero ha confesado.

Su confesión estricta es que salvó a 6.000 familias de la crisis. O sea, que sabía lo que estaba haciendo y para qué, incluso lo había calculado, aproximadamente: 6.000. Nada fue por sorteo o por azar, sino que seleccionó a esas 6.000 familias cuando en Andalucía había alrededor de tres millones de familias según el Censo, todas ellas con los mismos derechos y deberes constitucionales. Todavía es más sangrante. Distinguió a esas 6.000 familias desde 2001 a 2010, cuando en 2001, en datos de la Junta de Andalucía, había 802.000 familias con una persona o más, hasta cinco, en el paro. ¿Y por qué a esas 6.000? ¿Por mérito, por capacidad, por necesidad superior, por menor sufrimiento, por legalidad, por haber cumplido los requisitos exigidos? No. Las seleccionó o permitió que se seleccionaran porque le dio la gana, marginando a todas los demás atendiendo a criterios arbitrarios. Para eso se neutralizó el control de la Intervención. Ayudó a 6.000 hogares y condenó a casi 800.000 o más durante todos esos años al negro futuro de no tener ninguna oportunidad de obtener tales ayudas. ¿Y por qué a esas 6.000? Porque, como se deduce del sumario, iban recomendadas o intermediadas por UGT y CCOO, por Juan Lanzas, por empresas amigas o por los gerifaltes provinciales del PSOE andaluz para servir al interés electoral del partido. Pásese revista a las empresas y plantillas agraciadas, desde Cárnicas Molina, las mineras de Huelva, Dhul o las de la Sierra Norte sevillana (donde se hizo millonarios a dos exconcejales del PSOE, ligados a una gran familia socialista) y se caerá en la cuenta.

Curiosamente, Chaves no debe de saber que ha confesado. No por lo de su tan recurrida dislexia, que nunca ha entorpecido sus propósitos de consolidar un régimen de despotismo blando (por traer a colación a Tocqueville o al PRI mexicano) y la inmensa tela de araña derivada. No lo sabe porque Chaves, como el PSOE que nació en Suresnes, es antes socialista que demócrata y, a pesar de hablar todo el día de igualdad, no cree en la igualdad de los ciudadanos ni ante la ley ni ante las oportunidades ni ante el futuro. Esto es, ser socialistas o afines o ayudantes o contribuyentes de su partido convierte a miles de personas en mejores y más iguales que otras; hace a miles de familias mejores y más iguales que otras, transforma a las empresas amigas en mejores y más iguales que otras, y todos ellos son beneficiados, arbitrariamente a ser posible, y en otro caso se hace posible, en adjudicaciones, subvenciones o contrataciones. Chaves ha confesado, lo sepa o no, cómo se ha erigido y sostenido el régimen andaluz –consecuencia no de gobernar democráticamente, sino de ocupar la mayor parte posible de resortes del poder en la sociedad–, para evitar la alternancia democrática y mantener al PSOE en el poder andaluz y en el poder de su partido. Tal vez no ha reparado en su confesión porque para este PSOE, que él correfundó y que sigue sin ser socialdemócrata y ya no sabe si es español o no, la única patria es el partido. De ahí sus alianzas, nuevas y viejas, sus cordones sanitarios y su incapacidad de fraguar consensos nacionales. De ahí su necesidad de las dos Españas, de los suyos y de los otros, de los bandos y las bandas, de banderías que no de la bandera nacional. De ahí la inevitabilidad de su tendencia a la corrupción, de su inclinación a la hemiplejia moral y política, de su adicción al sectarismo...

Sí, creo que es preciso un partido socialista en esta nación española que defienda con ardor la igualdad, la justicia y la libertad, pero que sea demócrata y español antes que socialista, como ocurre en las mejores naciones de Europa. Tal vez ese horizonte tenga que pasar por la demolición de este PSOE incapaz de regenerar nada de lo que ha generado.

Posdata conjetural. En el momento de escribir estas líneas, ni Chaves ni Zarrías ni José Antonio Viera han renunciado al aforamiento a pesar de las proclamas y promesas de Pedro Sánchez y Susana Díaz. Tal vez lo hagan los dos primeros para evitar que Ciudadanos despierte de su sueño romántico como si fuera una pesadilla y acabe con la tragicomedia andaluza. Pero, conjeturo, ¿y si el último servicio de Viera a la causa del régimen andaluz, y a la suya propia, fuese el de perseverar como aforado en el Grupo Mixto del Congreso de los Diputados hasta el límite para, de tan sagaz y artero modo, mantener a los demás imputados de los ERE en la órbita del Tribunal Supremo aunque renuncien a su aforamiento? Sí, sí, por conexidad, sí, a la espera de que la juez Alaya sea apartada por fin de la médula política de la instrucción o de que, en su caso, alguna sala bacigalúpica del alto tribunal les sea leve. Jo.

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