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Pedro de Tena

La estampida y los cuatreros

Se trata de que la sociedad civil impulse la elaboración de un informe general y minucioso sobre el impacto del coronavirus en la sociedad.

Pedro de Tena
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En las películas del Oeste, la estampida de animales, ya vacas, ya caballos, ya ovejas, tenían, entre otros fines, el de causar una polvareda tal que fuese imposible ver con claridad a los cuatreros que aprovechaban el barullo para apropiarse de lo ajeno y huir. No hacían más que perpetuar una vieja experiencia de la estrategia de la guerra. El famoso tratado del general Sun-Tzu ya destacaba que el adversario puede desatar artificialmente la confusión y el desorden, pero advertía agudamente de que tal circunstancia era la consecuencia de una voluntad perfectamente ordenada. Esto es, el desorden es una de las formas de distraer la atención del enemigo para que no perciba adecuadamente la realidad del peligro. Entre nosotros, más sencillamente, se ha dicho siempre que a río revuelto, ganancia de pescadores.

La fabricación artificial del desorden y el galimatías responde, naturalmente, al miedo del adversario a la claridad, en la convicción de que los hechos desnudos no beneficiarían a su causa. Por ello, es fundamental que quienes se enfrentan a una estampida sean capaces de distinguir entre informaciones contradictorias, falsas y dudosas, como ya prescribió Von Clausewitz, si se quiere superar la confusión orquestada.

La irrupción del coronavirus en la vida española, con su rosario de tragedias y limitación de libertades, está siendo acompañada de una gran estampida de datos, bulos, infundios, contradicciones, medias verdades, deformaciones, torturas estadísticas y otras maneras de impedir que la verdad se abra paso y que la ciudadanía pueda emitir un veredicto justo sobre la responsabilidad política y ética de lo que está pasando y ha pasado. Contra quienes creen que la bulla es consecuencia de la anómala situación, como ya se propaga, yo creo que la marimorena está perfectamente diseñada y que hay quien trata de ocultar la nocividad de sus actos para la salud pública.

Hay una observación indiscutible. La diferencia es muy notable entre el modo en que el virus se ha introducido y extendido en España, y sus consecuencias derivadas de infectados y fallecidos, y el modo en que lo ha hecho en otros países. Llevo confinado un mes en El Castillo de las Guardas (Sevilla) y ayer mismo, 11 de abril, volví a ir a la farmacia para comprar mascarillas y gel y seguían sin llegar, a pesar de los reiterados pedidos. Algo ha fallado en España, y ese algo debe ser determinado con claridad, su qué, su por qué y sus quiénes, porque una nación como la española no puede aceptar, por dignidad democrática, vivir continuamente en la mentira y la deformación ni puede permitirse repetir los errores si se volviera a producir una situación semejante.

Convencido ya de que el Gobierno de la nación no da ni dará explicaciones verosímiles sobre lo ocurrido, y que cabe la duda acerca de la versión de los Gobiernos autonómicos y municipales, se trata de que los propios ciudadanos, mediante las organizaciones de la sociedad civil, impulsemos la elaboración de un informe general y minucioso sobre el impacto del coronavirus en la sociedad española (una especie de Informe Foessa), con precisión de fechas, hechos, medidas, omisiones y demás circunstancias, para conocimiento de todos.

No sería posible impedir que persista la estampida proyectada para nublar las visiones y emponzoñar los juicios, pero cuando menos se dispondría de un relato ordenado y cabal, redactado por personas de la máxima cualificación científica, jurídica, técnica y moral, cuyo prestigio reconocido fuera aceptado por muchos.

¿Sería posible que las diversas fundaciones y asociaciones de trayectoria intachable que existen en España y defienden la dignidad democrática se pusieran de acuerdo en la confección de este informe? La oposición en su conjunto haría bien en apoyar de forma unánime la realización de un documento de esta índole, que debería servir de base para la reflexión nacional.

De lo contrario, continuará la estampida oscureciendo hechos y juicios, los cuatreros seguirán brindando por su éxito y nuestros miles de muertos y sus familiares quedarán sin saber qué ha pasado y cuáles, y, en su caso, de quiénes, son las responsabilidades.

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