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Pedro de Tena

La primera vuelta al mundo y Blas Infante

Qué panorama intelectual el del socialismo patrio

Pedro de Tena
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Qué panorama intelectual el del socialismo patrio
Calvo, Moreno y otras autoridades en la inauguración de la exposición dedicada al hito | EFE

Blas Infante fue fusilado en la madrugada del 11 de agosto de 1936 en el kilómetro cuatro de la carretera de Carmona. Fue uno de los muchos asesinados en aquella España rota por quienes desde años antes prefirieron las armas y la revolución a las leyes y a la democracia. Nadie mereció morir así, ni antes ni entonces ni ahora. No se olvide que hasta hace bien poco, ETA seguía ejecutando a españoles entre aplausos que aún resuenan.

Ha habido muchas víctimas en la más reciente historia de España, como las ha habido siempre. Pero ser víctima no es un argumento, ni siquiera adicional, para justificar las propias creencias, invenciones o ensoñaciones. A Blas Infante se le considera, políticamente, el padre de la patria y la autonomía andaluzas y así consta incluso en los textos estatutarios vigentes. Si pocos se esmeran en leerlo, menos aún, quizá por su beatificación política, se atreven a criticar sus escritos sobre la historia de España y Andalucía.

Muchos intuyen ya que Infante fue un instrumento perfecto para la combinación de socialismo, nacionalismo táctico y andalucismo que dieron base ideológica al régimen atípico surgido en la Andalucía autonómica de 1982. La tesis de que aquel PSOE de Rafael Escuredo se apropió de la ambigüedad congénita del andalucismo histórico y asumió ciertas formas de nacionalismo invasivo en la telaraña de las autonomías no creo que pueda discutirse en serio.

El problema, que muestra a las claras la enfermiza ausencia de visión de futuro y de grandeza de los políticos que continuaron la primera fase de la transición democrática, es que, en el caso de Infante, convertirlo en un símbolo, en un referente, casi en un mito, ha impedido la meditación y el contraste sobre muchas de sus afirmaciones sobre la historia de España y Andalucía.

Este fin de semana se recordaban en Sevilla dos acontecimientos. Uno, la celebración rememorativa del comienzo de la vuelta al mundo de unos navíos españoles que salieron de Sevilla al mando de Fernando de Magallanes. 500 años se han cumplido de aquel día. El otro, la conmemoración ritual del fusilamiento de Blas Infante, 83 años después. Pues bien, Blas Infante no menciona ni una vez la gesta circunnavegadora española acometida desde Andalucía en ninguno de los escritos que he consultado, que son bastantes. No lo hace ni en El ideal andaluz, ni en La Dictadura pedagógica, ni en Andalucía desconocida, ni en Los orígenes del flamenco ni en otras. Pero historiadores como Antonio Domínguez Ortiz, y es sólo un ejemplo, equipararon ese viaje, que interconectó el mundo conocido y modificó la vida, el comercio y la riqueza en el planeta, con el mucho más reciente viaje a la Luna.

¿Cómo es posible que mientras España, oficialmente, conmemoraba la hazaña ibérica universal de la confirmación de la "redondeza" del planeta Tierra, ni esa misma España oficial ni la Andalucía oficial se cuestionan la interpretación que Blas Infante erigió sobre la historia de España, hasta el punto de ignorar éste y muchos otros hechos relevantes e incluso señeros que la constituyen?

Para los que no hayan leído nada de Infante, bastará con aportar este texto inserto en El Ideal Andaluz para entender su contemplación de la historia de España:

"Al utópico y humano Witiza, (nadie negará hoy estos calificativos al Rey, a quien sus enemigos acusaron de querer convertir las armas guerreras en instrumentos de labranza, de permitir el matrimonio de los clérigos, de proteger a los judíos, etc.) sucede una reacción, a cuyo frente está Rodrigo. Andalucía la evita, entregándose al árabe, tolerante y humano." Eso sí, "poco a poco, el genio andaluz llega a dominar al árabe."

Ni Alfonso Guerra se atreve a considerar tolerancia lo que fue conquista, como fue, por ello, reconquista la "resistencia a las conquistas musulmanas". Pero si alguien cree que esta obra de Infante es una obra de juventud que vio la luz en 1914, cuando tenía 29 años y que fue leída como Memoria en el Ateneo de Sevilla, vayamos a otro texto más tardío y clarificador de 1918:

"Andalucía, el solar primitivo de una civilización original, calificada maravillosa por autores extranjeros; civilización del mismo nervio, de idéntica inspiración que aquella que consagrara eternamente la gloria de Grecia, tuvo siempre este mismo espíritu y lo defendió siempre: contra Cartago, vistiendo á Melkarte con los atributos del Hércules heleno, y con la repugnancia al genio cartaginés determinante de las grandes y voluntarias emigraciones andaluzas; contra Celtiberia y Lusitania, afirmando y combatiendo por Roma, continuadora de Grecia; contra los germanos, aliándose con el árabe poeta, generoso, humano y tolerante, para conquistar a España; contra el cristianismo medioeval, imponiendo en la fusión, al árabe aliado, su genio heterodoxo, y custodiando y cultivando y viviendo las idealidades creadoras, que dicen de la cultura greco-latina, que triunfantes por el Renacimiento y la Revolución ahora van a alcanzar su consagración definitiva, habiendo de inspirar, superadas, eternamente, el espíritu mundial."

O sea, la España de los Reyes Católicos y siguientes no ha sido más que la sepultura de aquella Andalucía imaginada y por ello, ni el descubrimiento de América, ni los demás descubrimientos -uno de ellos, el mestizaje, por ejemplo, u otro, el Estado nacional -, tienen valor en sí para un Infante que fundaba preferentemente sus visiones en las lecturas promusulmanas de Von Schack y de Dozy. Mucho después, cuando el complot de Tablada ya en 1931, su opinión no habia cambiado:

"Por fin, han llegado a triunfar y a asentarse definitivamente los bárbaros expulsados de Andalucía (los visigodos cristianos) con el auxilio árabe...Empieza la labor de enterrar nuestra gloriosa historia cultural; su recuerdo es castigado como crimen; al cabo de tres generaciones los andaluces creen que son europeos y que los moros que había en Andalucía eran unos salvajes que ellos vinieron del Norte a echar más allá del Estrecho."

Eso es lo que se ha inducido a enseñar sin descanso y con exclusión de toda otra explicación razonada en las escuelas y universidades andaluzas desde 1982. Por ello, una de las alumnas de la nueva historia andaluza, la podemita Teresa Rodríguez, pudo repetir aquello de que "El Día de la Toma (de Granada) inauguró el fin de un renacimiento andaluz que fue anterior al renacimiento europeo, que fue un esplendor de ciencias, de arte, de letras, de escultura y que inauguró y recuperó y volvió a instaurar en Andalucía la Edad Media más oscura."

En este magma arracional, conviven la bandera blanca (almohade) y verde (omeya), con el Corán de fondo, y la idea más que confusa de una Andalucía por sí, por España y la Humanidad extendida por quienes mientras adoran su Semana Santa católica con sus himnos nacionales y sus banderas españolas - Susana Díaz incluida entre muchos de izquierdas -, idealizan por edulcoración un islamismo "ejemplar". (Y mientras, Carmen de Cabra ensalzaba el ejemplo de Elcano y de Magallanes con un toque feminista). Qué panorama intelectual el del socialismo patrio.

Por vergüenza y por decencia profesional, los profesores andaluces deberían permitir que sus alumnos, junto a la teoría de España y Andalucía de Blas Infante tuvieran conocimiento de otras visiones históricas, cuando menos tan razonables y quizá más justificadas, desde Menéndez Pidal a García de Cortázar, por ejemplo, para quien Europa entera admiraba las proezas de los marinos españoles como Elcano al que Infante ni menciona.

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