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¡Vente a Alemania, PSOE!

La renovación socialista no habría sido posible sin ayudas recibidas del exterior del partido.

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El PSOE recuerda Suresnes

Cuando en los años 70 se hacían planes sobre el futuro de España después de muerto Franco sólo había dos grandes bloques: en un lado estaban el Estado franquista, con el Ejército, la Guardia Civil, la Administración, el Movimiento, y en el otro lado el PCE. Otros factores políticos eran la Iglesia católica, en pleno desenganche del régimen que la había salvado del holocausto de la guerra, una miríada de grupos terroristas y poco más. El PSOE tenía menos importancia que la minúscula corte juanista de Estoril.

Sin embargo, antes de concluir esa década el PSOE tendría un 30% del voto, 130 diputados, gobernaría Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, La Coruña… y a punto estuvo de ganar las elecciones de 1979. ¿Cómo fue posible semejante transformación?

El primer paso fue la sustitución, en el XXV Congreso, celebrado en Tolouse, de la vieja ejecutiva, encabezada por Rodolfo Llopis como secretario general (1944-1972), lo que supuso que éste y sus partidarios se escindiesen en el PSOE-Renovado; y el segundo el nombramiento de una Ejecutiva que pusiese fin al período de la dirección colegiada, lo que ocurrió en el XXVI Congreso, celebrado en Suresnes en octubre de 1974 y, novedad desde la guerra, a plena luz del día. El nuevo secretario general, elegido por los delegados de los 2.500 militantes (cifra dada por El País, 14-X-1984), fue el abogado sevillano Felipe González; le acompañaron Alfonso Guerra, José María Benegas, Nicolás Redondo y otros militantes, fruto del pacto entre vascos y andaluces.

Los servicios secretos del franquismo, en Suresnes

Aunque Alfonso Guerra sostiene que en Suresnes los socialistas sabían lo que iba a ocurrir en la política española en los próximos años hasta el punto de que él lo plasmó en una pizarra, la historia oficial del PSOE es tan parcial como la memoria histórica que promueve.

Por ejemplo, la renovación socialista no habría sido posible sin ayudas recibidas del exterior del partido. Una estas ayudas provino de los servicios de información del franquismo, el Seced, que se movieron para favorecer el triunfo de los jóvenes socialistas, que pertenecían a una generación que no estaba marcada por la guerra y el exilio. Al respecto, se puede citar lo que cuenta Pablo Castellano en sus memorias (Yo sí me acuerdo):

En una amable cena a la que fui invitado por [José Federico de] Carvajal y en la que estaba presente un militar del Estado Mayor, compañero escolar del anfitrión, supe que su institución, aun antes de que los asistentes al Congreso tuviéramos publicadas las conclusiones y las actas, disponía ya de las cintas completas de toda la reunión, y por lo que dicho militar preguntaba y decía entendí que conocía de pe a pa todo lo en ella acaecido, incluidos detalles del intracongreso que a buen seguro ignoraba el noventa y nueve por cien de los delegados.

Otro impulso provino del socialismo europeo, en concreto del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), con financiación y técnicos. Los socialistas europeos bendijeron (laicamente) a los españoles con su presencia en Suresnes, aunque el grupo triunfador estaba muy lejos de ser tan moderado como los suecos o los alemanes.

Castellano cuenta que en el congreso, controlado por Guerra, se aplaudió más a la OLP, al Frente Polisario y al FSLN nicaragüense que a los europeos François Mitterrand, Olof Palme, Pietro Nenni y Michael Foot. Al representante del Partido Laborista israelí se le recibió "con una sonora pitada proveniente de las huestes del futuro número uno".

El miedo a los comunistas

El de 1974 había sido un año agitado en el sur de Europa: un golpe de Estado militar había derrocado al Estado Novo en Portugal (abril), y en Grecia había caído la dictadura de los coroneles (julio). La situación en Portugal, miembro de la OTAN, empeoraba, con unos militares de extrema izquierda y un PC prosoviético avanzando hacia el poder.

Washington, desmoralizado por la huida de Vietnam del Sur y la posterior caída de Hanoi (abril de 1975), se desentendió de lo que ocurría en el sur de Europa. Entonces, los partidos socialistas europeos, enfrentados al bloque soviético, decidieron impulsar en España y Portugal sendos partidos socialistas que impidieran que los respectivos PC se convirtieran, como había ocurrido en la posguerra en Italia, en los partidos hegemónicos de la izquierda.

El partido escogido para tutelar a los socialistas ibéricos fue el SPD, que gobernaba la RFA y cuyo líder, Willy Brandt, era canciller (lo fue hasta mayo). Los laboristas británicos también estaban en el poder en su país, pero les absorbía la inestabilidad social y económica; el PS francés, recién refundado (1971), mantenía un plan de cooperación con el PCF al que se oponían los alemanes; y el anticomunista PS italiano era muy pequeño. El partido socialdemócrata alemán era el más numeroso en militancia de la izquierda democrática europea, mostraba una tradición de ayuda a los socialistas españoles y disponía de una estructura para hacer llegar todo tipo de ayuda a sus camaradas españoles: la Fundación Friedrich Ebert.

En Portugal, el PS de Mario Soares ganó en abril de 1976 las elecciones a la Asamblea Constituyente y aquél fue investido primer ministro. En España, la llegada al poder del PSOE tardó varios años más.

En la capacitación del PSOE nacido en Suresnes y sus cuadros una persona capital fue el alemán Dieter Koniecki, nombrado delegado de la Fundación Ebert en España. Su primera tarea consistió en recorrer España antes incluso de la muerte de Franco y conocer los entresijos del PSOE y la UGT. El alemán se quedó asombrado por la cortedad de los medios del partido de González y Guerra.

Para solicitar permiso de apertura de la oficina en España, Koniecki y otros alemanes se reunieron en febrero de 1976 con Manuel Fraga, vicepresidente del Gobierno y ministro de Gobernación, que les dio su aprobación. En marzo, como parte de su visita oficial a Alemania, Fraga acudió a la sede de la Ebert y aceleró los trámites de apertura de la delegación. A rebufo de la fundación del SPD, las de los otros partidos alemanes (democristianos de la CDU y la CSU y liberales del FDP) también se instalaron en España. Hay que recordar que entonces Fraga, con su inteligencia, creía que él iba a ser el nuevo Cánovas del Castillo y necesitaba una izquierda moderada con la que turnarse en el poder, que podía ser el PSOE de los alemanes.

La Fundación Ebert mantiene al PSOE

Mientras tanto, esos alemanes dieron dinero y formación a los cuadros del PSOE. El Instituto de Técnicas Electorales, una oficina de propaganda y demoscopia socialista, empezó a recibir fondos y material. Quienes la habían montado, Guerra, Feo y José Félix Tezanos, vencedores en Suresnes, viajaron a Alemania para ser adiestrados durante una semana en organización y propaganda. Su prueba de fuego fue la preparación del XXX Congreso de la UGT en abril de 1976 (El amigo alemán, de Antonio Múñoz Sánchez).

Posteriormente se abrieron delegaciones del partido en las capitales de provincia, con oficina y personal. Koniecki calculó que el aparato del PSOE, con 46 comités provinciales, costaría a la Fundación Ebert tres millones de pesetas mensuales. Después de la legalización del PSOE, en febrero de 1977, cada comité provincial se aumentó con una sección de propaganda.

Entre abril y octubre de 1976, Koniecki realizó ocho seminarios para la formación de cuadros del partido. El más importante de ellos fue la escuela de verano del PSOE celebrada en El Escorial entre el 16 y el 23 de agosto, con 120 participantes. Incluso TVE cubrió este acto, que, como recuerda Múñoz, TVE, lo realizaba un PSOE ilegal.

Otra de las consecuencias es que la mayoría de los nuevos dirigentes provinciales y locales del PSOE aceptaban el caudillaje de González y no se interesaban por las disputas ideológicas del socialismo ni por su pasado. El enfrentamiento con el Partido Socialista Popular de Enrique Tierno Galván era más por la marca del mayor partido socialista que por el diseño de sociedad que cada uno quería.

El siguiente objetivo del SPD fue asentar el triunfo del grupo de González y Guerra en el XXVII Congreso del PSOE (diciembre de 1976), el primero celebrado por los socialistas en España desde su derrota en la guerra. Aunque el congreso definió al PSOE como un partido de clase, consideró el marxismo como esencial en su doctrina y se declaró partidario de un Estado federal y del autogobierno de las nacionalidades históricas, los alemanes del SPD y la Ebert quedaron satisfechos: habían vencido, de nuevo, los pragmáticos, que luego no dudaron en tirar por la borda el marxismo (como había hecho el propio SPD), cuando vieron que era un obstáculo en su avance al poder.

Koniecki fue condecorado por el rey Juan Carlos en 1984. Según los socialistas españoles, el SPD dejó de financiarles después de la legalización del PSOE, en 1977.

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