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Un ciego con una pistola

Lo que pasa cuando a un ciego se le da una pistola para defenderse es lo mismo que cuando se da el BOE a personas que, como esta Valerio, es evidente que no tienen ni idea de cómo funciona el Estado .

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Magdalena Valerio | EFE

Chester Himes (1909-1985) fue un negro norteamericano, gran escritor de novelas negras, que en 1969 publicó una, muy buena, con el título de Blind Man with a Pistol, "Un ciego con una pistola". En la novela no hay ningún ciego con ninguna pistola, pero Chester Himes le puso ese título inspirado por un amigo que le contó un suceso ocurrido en Nueva York, cuando un ciego, al que un desaprensivo abofeteó en el metro, salió detrás de éste, sacó una pistola que llevaba y le disparó, pero, como no veía, a quien alcanzó fue a un pacífico ciudadano que leía el periódico sentado en un banco y lo mató. Con ese provocador título Chester Himes quería llamar la atención sobre el enorme peligro que se corre cuando se pone un arma poderosa en manos de una persona que, como el ciego del suceso, no está capacitada para utilizarla.

Me he acordado de esta novela y de su título al contemplar atónito el espectáculo de la ministra Valerio y sus lloriqueos por haber permitido que su ministerio haya publicado en el BOE una resolución para legalizar Otras (Organización de Trabajadoras Sexuales) como sindicato de prostitutas. Con esa resolución se legaliza de facto la prostitución en España.

No se trata de entrar en el fondo del asunto, el de si la prostitución debe o no ser legalizada y cómo. Sobre esto hay posturas encontradas. Tenemos a las feministas de izquierda, como le gustaría ser a Valerio, que están en contra de esa legalización y creen que la prostitución es un negocio de mafiosos que explotan a mujeres engañadas. Y en el extremo opuesto algunos creen que puede haber mujeres que, libremente, elijan ser trabajadoras del sexo, con la certeza de que siempre va a haber demanda de su trabajo, y, por tanto, están por la legalización y también por la existencia de sindicatos de estas trabajadoras. Entre estos dos extremos, que probablemente reflejan parte de toda la realidad, se sitúan todas las posturas que existen acerca de este asunto.

Lo que resulta incomprensible es que una enemiga acérrima de la legalización, como esta ministra, utilice el arma más poderosa que tiene un político en ejercicio, el BOE, para dispararse un tiro en el pie de sus aparentes convicciones más profundas. Lo que pasa cuando a un ciego se le da una pistola para defenderse es lo mismo que cuando se da el BOE a personas que, como esta Valerio, es evidente que no tienen ni idea de cómo funciona el Estado y, lo que aún es más grave, han llegado al poder sin programa, sin proyecto, sin el menor pensamiento articulado sobre casi nada, sepultura de Franco al margen. Y sin preparación de ningún tipo, ni siquiera para manejar el BOE, el arma más poderosa que ha puesto en sus manos el destino, no diré el pueblo español porque el pueblo español les dio sólo 84 escasos escaños.

Si eso ha hecho esta ministra en contra de uno de los dogmas de su secta, hay que echarse a temblar ante lo que puede hacer con los ciudadanos que no comulgan con sus ideas y con su concepción del mundo.

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