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Ricardo Ruiz de la Serna

Cómo no resolver un problema: Ucrania, Crimea y lo que falta

El precedente de Ucrania –como antes Kosovo- es peligrosísimo. Los revolucionarios saben que si triunfan, la UE y EEUU les darán legitimidad

Ricardo Ruiz de la Serna
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Con una participación del 82,7 % según la Comisión Electoral, el referéndum en la República Autónoma arrojó un resultado favorable en un 96,6 % a la unión con Rusia según los resultados oficiales y los acontecimientos se han precipitado. Por muchas dudas que se puedan albergar sobre la transparencia de las elecciones, a ver quién las hace valer hoy en Crimea. Moscú y Simferópol han firmado la incorporación – tal vez sería mejor decir el regreso- de Crimea a la Federación Rusa. La política de hechos consumados que comenzó en Maidán se ha vuelto a favor de Rusia y los prorrusos de la Península. Los siguientes pasos los darán la Casa Blanca y Bruselas, que ya han impuesto sanciones. Moscú no desplegó tropas, ni apoyó políticamente a las autoridades locales de Crimea y ni vetó una resolución en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para echarse atrás en el proceso de anexión de la península. Hasta la República Popular China se ha abstenido en la votación dejando a Rusia sola con su veto. Las amenazas y presiones al Kremlin con sanciones económicas, aislamiento político y expulsión del G8 solo van a conseguir agravar la situación. Putin no se va a doblegar. En el futuro, las decisiones de Katherine Ashton, John Kerry y Barack Obama –entre otros- sobre la cuestión de Crimea servirán de ejemplo en las escuelas diplomáticas. Vean cómo no resolver una crisis política internacional.

Tal vez el primer error fue aceptar el proceso de autoproclamada independencia de Kosovo y forzar unas negociaciones entre Belgrado y Pristina como requisito para avanzar en el proceso de incorporación de Serbia a la UE. Así, dieron carta de legitimidad a quienes vencieron en la guerra de Kosovo gracias a una intervención de la OTAN. En efecto, la discutida responsabilidad de proteger –invocada en 1999- terminó creando una situación en la que Kosovo proclamó su independencia y acto seguido se convirtió en un Estado fallido. Así sigue. Los serbios del norte –minoritarios en un Estado albanokosovar- siguieron leales a Belgrado y el conflicto lleva enquistado desde entonces. Toda solución de reconocimiento de Pristina por parte de Belgrado pasará por resolver la situación de los serbios de Kosovo, que vienen sufriendo la discriminación que los albaneses denunciaron como pretexto para la ofensiva terrorista del Ejército de Liberación de Kosovo-el siniestro UÇK- y el estallido de la guerra. Aquí ya se resolvió un problema creando otro. Ahora Putin proclama el precedente kosovar para legitimar el referéndum de Crimea con un hecho añadido: los crimeos no fueron los primeros en romper la legalidad ucraniana. Si nos atenemos a la decisión consultiva del Tribunal Internacional de Justicia sobre Kosovo de 2010 que tanto celebraron quienes ahora se escandalizan, los habitantes de Crimea no han hecho nada sustancialmente distinto de lo que hicieron los kosovares, con la diferencia de que ellos no han recurrido al terrorismo ni han sido los primeros en romper la legalidad. El error no ha sido tanto el referéndum en Crimea como aceptar y celebrar la autoproclamada independencia de los kosovares.

Seguramente el segundo error fue admitir que la política de hechos consumados termina dando resultados. Así, cuando los manifestantes de Maidan se convirtieron en interlocutores del Gobierno, ganaron un estatuto de fuerza política que no se correspondía con la representación real de los ucranianos. Las protestas de la plaza de Kiev ganaron la legitimidad de la calle pero no la de las urnas. A medida que los radicales del Sector de Derecha de Yarosh y la Unión Panucraniana "Libertad" de Tyahnbok ganaban fuerza, el temor se extendía por Ucrania Oriental y Crimea. Lo que pretendía ser un movimiento europeísta y liberal, se convirtió en una fuerza nacionalista y revolucionaria que se enfrentó con las fuerzas del Estado en pie de igualdad. Unos y otros dispararon, unos y otros tuvieron y causaron bajas.

Fue otro error subestimar la capacidad de reacción de Rusia. Con todas sus debilidades, la Federación ya no es la potencia postrada de los años 90. Si la destrucción de Yugoslavia se hizo ante la impotencia de Moscú, el proceso revolucionario de Ucrania tiene en Rusia un valladar de contención que no puede soslayarse. La protección de la población rusohablante –un eje vertebrador de la política exterior rusa desde el siglo XVII-; el mantenimiento de la profundidad estratégica de su frontera con la Unión Europea, es decir, Occidente a través de Estados-tapón; y la defensa de sus intereses geopolíticos en el Mediterráneo a través del Mar Negro permitían augurar que Moscú reaccionaría con vigor. A diferencia de la Unión Europea, Rusia ya ha demostrado que está dispuesta a ir a la guerra por sus intereses. Que se lo pregunten a Shakashvili después de la invasión de Georgia en 2008. Una vez demostró que estaba dispuesta a utilizar la fuerza, Rusia se retiró, pero garantizó la defensa de Osetia del Sur y Abjasia desplegando tropas y dispositivos de defensa como el sistema de defensa aéreo S-300. Ahí siguen.

Los crimeos han aprobado mayoritariamente separarse de un Estado cuyo Gobierno ya no reconocen como legítimo. Las amenazas no van a funcionar. El fantasma del nacionalismo ucraniano y la colaboración con los nazis siguen alzándose sobre Crimea. Uno puede pensar que solo la propaganda de Moscú mantiene vivo ese mito, pero es una valoración incompleta. Sin duda, el aparato persuasivo del Kremlin y el control de los medios de comunicación influyen, pero a ellos se suma la memoria de varias generaciones de crimeos que han crecido en el culto a los héroes que lucharon contra los nazis. El asedio de Sebastopol (1941-1942) es uno de los momentos épicos de la Gran Guerra Patriótica y es un error minusvalorar la importancia que el patriotismo y el sacrifico tienen, aún hoy, entre los pueblos del antiguo espacio soviético.

Cuando se debería haber reconducido la crisis a las instituciones ucranianas, Obama, Kerry y Ashton decidieron apostar por la ruptura. La huida de Yanukóvich, la elección de un nuevo Presidente y la formación de un nuevo Gobierno precipitaron los acontecimientos. Había que ser un poco iluso para pensar que Rusia no utilizaría el ejército y la fuerza. Ahora, los grupos de "voluntarios" imponen el orden en Crimea y la minoría tártara responde gritando "Allah akbar" a los gritos de libertad que profieren los manifestantes prorrusos. Los tártaros son los últimos que han defendido en Crimea la integridad territorial de Ucrania. Algunos comenzaron hace días a trasladarse a la parte occidental del país –bajo el control de Kiev- a la espera de la anexión que temían y se ha terminado produciendo. Desde luego, si la Unión Europea y la Administración Obama querían controlar la situación en Ucrania escogieron el camino equivocado.

El precedente de Ucrania –como sucedió antes con el de Kosovo- es peligrosísimo. Los revolucionarios saben que si triunfan, la Unión Europea y la Casa Blanca les darán la legitimidad que, tal vez, no consigan en las elecciones. Los reaccionarios verán en Rusia el protector de la población prorrusa dispuesto a utilizar el ejército, la política energética y el veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Lukashenko en Bielorrusia y Timofty y Leanca en Moldavia saben cómo pueden evolucionar las cosas si hay una intervención de Occidente. Por lo pronto, el Presidente bielorruso ha pedido que la fuerza aérea rusa patrulle el espacio aéreo de su país y los independentistas de Transnistria respiran tranquilos porque ven hasta dónde está dispuesto a llegar el Kremlin. El Consulado ruso en Tiraspol distribuye pasaportes rusos a los transnistrios mientras los crimeos prorrusos piden al Consulado ruso en Simferopol que haga lo mismo.

Quedan muchas cosas por aclarar sobre lo ocurrido en Kiev entre noviembre de 2013 y febrero de 2014, pero nadie tiene las manos demasiado limpias para acusar a los demás de injerencia en los asuntos de Ucrania. La primera fase de este juego fue Kiev y ganó Occidente –permítanme evocar la guerra fría- y la segunda ha sido Crimea y la ha ganado Rusia. Queda ver dónde será la próxima jugada. Los incidentes en Járkov (Ucrania Oriental) permiten augurar que será en Ucrania oriental. Ahora más que nunca es necesario estudiar la Historia.

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