Hace tiempo se hablaba mucho de ello y algunos lo siguen creyendo: la instantaneidad de la red y de su permanente renovación, que permitía conocer la actualidad al instante. La realidad cambia constantemente, sin tregua, sin descanso, se nos decía, y hay que estar informado en todo momento. Vale, pero, ¿qué ha ocurrido este puente? Pues, véanlo ustedes mismos, que todo se ha detenido y la mayoría se ha ido de vacaciones. ¿Confidenciales? Más secos que la mojama. Por más estupendos que nos pongamos con la cosa instantánea, llega diciembre y todo el mundo, empezando por la mayoría de los clientes, pasa de todo. A descansar, como si se lo hubieran merecido. Y que le den mucho a la realidad, así no pare de cambiar por momentos. Allá ella.
A falta de presas en la red, meditaremos hoy sobre dos artículos aparecidos en la prensa este domingo. En El País, doble página, 32 y 33, dedicada a El estado de la prensa. No era una gran exclusiva ni un reportaje currado ni una investigación propia, aunque venga firmado por una redactora veterana, Lola Galán. Se trata de un refrito que han hecho de algo que ha publicado Le Monde, ese periódico parisino de inmenso prestigio todavía en algunos ambientes y que lleva bastantes años en crisis profunda. A pesar de su título, no se encontrará un diagnóstico. Tampoco son claros los recuadros, como el titulado “La ‘guerra’ de los diarios gratuitos”, donde se cuenta lo que, más o menos, todo el mundo sabe de ellos, que, tal como los conocemos, aparecieron en Suecia a mediados de la pasada década y desde entonces se han instalado por 15 países.
Se acompaña el reportaje de varios gráficos. Uno curioso, la lista de los 25 periódicos que más ejemplares venden, encabezada por cinco japoneses, detrás un alemán, Bild, y otro británico, The Sun. En ella figuran tres americanos y dos británicos más. El resto, son todos asiáticos. A su lado hay uno algo confuso, pero expresivo visto desde aquí, ya que España figura en la última posición de Lectores de periódicos, por debajo de Turquía. Otro de los gráficos es desconcertante, ya que nos informa de los porcentajes de las fuentes de ingresos de las ¡revistas! en Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y USA. Son diversos. En el siguiente se nos presenta gráficamente el descenso, del 40 al 30% de la publicidad en diarios en relación con la que llega al conjunto de medios, pero ignoramos el ámbito de ese gráfico, como del siguiente, que cuantifica los millones de dólares ingresados por publicidad no sabemos por quiénes. Pero el último es más desconcertante todavía, ya que cuenta los periódicos digitales que había en 1998 y en 2002 en varios países. En fin, impropio todo de un medio de tanto prestigio y tantísimos medios, en comparación con la competencia, como es El País de Polanco. Como si se les hubiera caído algo a última hora y hubieran tenido que improvisar.
Joaquín Estefanía, que dirigió el diario y ahora, además de escribir más que El Tostao, la Escuela de Periodismo UAM/El País, que no debe ser un mal negocio, contribuye a confundirnos sobre el estado de la prensa con unas Noticias de la prensa diaria en España. Divide su exposición en tres apartados: la situación cuantitativa, la cualitativa y para terminar habla de los periodistas. La cuantitativa no es buena, nos dice. Se basa en el Libro Blanco de la AEDE. No crece, o poco, como venía haciendo, la difusión. Los totales españoles son de cuatro millones de ejemplares, que se consuelan con el manto del EGM, que multiplica por tres esa cifra y la llama audiencia. La causa, los medios en internet y los gratuitos, aunque no explica por qué estos no han de ser considerados prensa diaria, cuando hasta Urbaneja, el recién elegido presidente de la APM, tiene una columna en ellos. Sólo superamos a Grecia y Portugal en lectores de periódicos, se incorporan pocos jóvenes a la labor y los ingresos publicitarios, que representan el 43% de los ingresos del periódico, junto con casi el 50 por ventas, disminuyen. También es pesimista Estefanía en lo cualitativo, y se basa en un libro americano al parecer de éxito (Elementos de periodismo, de Kovach y Rosentiel), pues también es citado en el artículo de Galán. Amenazas profesionales: autocensura en lo político, amarillismo por contagio de la tele, desprestigio de la profesión y supeditación a los intereses comerciales de las editoras, en lo que acaso pueda interpretarse como un mensaje autocrítico.
En cuanto a los periodistas, cree don Joaquín que los hay de tres clases en función de su remuneración. A, los que llama grandes comunicadores, sobre todo audiovisuales, dice, muy, muy, pero que muy bien pagados, como estrellas. B, los instalados desde hace tiempo en buenos medios, bien pagados. Y C, una creciente capa de lumpenperiodistas, así los llama, mal pagados. Pero más que afinar en su clasificación se queja de la falta de formación continua. O sea, que pase que las empresas no quieran o no puedan pagar a la masa de sus redactores, pero, por favor, que los formen. Tiene gracia. No especifica el tratadista si esta formación se ha de hacer en horario laboral o si han dedicar a ello los periodistas su tiempo libre. En resumen, qué extraña esta doble página del domingo de El País.
El otro artículo dominical sobre el que llamamos la atención es el que dedicaba El Mundo a la deuda de las televisiones autonómicas. Titula con que cuatro de ellas superan los 1400 millones, pero la gallega apenas aporta el 1% de esa cifra. Así que en realidad son sobre todas la catalana, con más 800 millones, la valenciana, con 400, y la madrileña con 144. Parte la redactora de la obligación a que se ve abocada la Administración, por haberlo decidido Bruselas, de asumir los 6.200 millones (un billón largo de pesetas) de deuda atesorados por el Ente despilfarrador, auténtico baldón de la era aznarí. Ocurrirá esto porque las cadenas estatales fueron denunciadas por Antena 3 y Tele 5, pero las autonómicas siguen acumulando deudas con impunidad porque, al parecer, a nadie se le ha ocurrido denunciarlas.
El artículo es muy ilustrativo al recordarnos que el procedimiento mediante el cual la andaluza, por ejemplo, no se endeuda es porque recibe una adecuada financiación vía presupuestos. Así obtiene el 67% de los más de 200 millones que gasta al año. La vasca recibe un poco menos, 96 millones, que sin embargo es más como porcentaje, pues sólo cubre un 25% de lo que gasta con la publicidad y la venta de programas. No otra es la vía elegida por la Junta gallega para sanear su televisión. Lo que se nos cuenta de la madrileña nos deja estupefactos: al parecer presupuestó perder este año 23,6 millones, a pesar de los 63 que recibirá de la Comunidad y de los 64 que ingresará por publicidad y ventas. ¿Se imagina alguien a un presidente de una empresa con esos presupuestos? ¿A qué se han dedicado el señor Giménez Alemán y sus consejeros? Es urgente saber qué piensa hacer Esperanza Aguirre con ese chollo heredado.