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Vivir, especular... beber Coca-Cola

La economía de mercado es un juego de suma positiva en el que no es incompatible vivir y especular, darle a la protesta política y disfrutar de la chispa de la vida.

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Pablo Iglesias e Irene Montero | Cordon Press

En 1990, Alfonso Guerra prefirió agarrarse a la poltrona en lugar de dimitir por el caso de corrupción que afectaba a su hermano. Felipe González lo respaldó vociferando aquello de "¡Dos por el precio de uno!", amenazando a militancia y votantes con que él se iría con su entonces amigo. En aquel momento, el PSOE dilapidó su capital ético, su principal valor añadido a la vida política, en cuanto que se suponía que era la "superioridad moral" lo que les distinguía de los demás. Los restos de aquel capital ético se irían diluyendo por la alcantarilla de las cloacas del Estado hasta el actual sumidero, con expresidentes procesados por corrupción como Chaves y Griñán mientras Rodríguez Zapatero se vende como coartada a la dictadura de Maduro en Venezuela. Si Julián Besteiro y Pablo Iglesias levantaran la cabeza, se volverían a morir de la vergüenza.

El nuevo Pablo Iglesias se parece más a Felipe González, mal que le pese, que al fundador del PSOE, qué más quisiera él. En lugar de reconocer su error y dar vuelta atrás en la compra de la mansión que ha puesto de manifiesto su incoherencia moral, su demagogia retórica y su oportunismo político, Pablo Iglesias va a poner a "los inscritos y las inscritas" –como machaconamente repitieron "ellas", la "portavoza" Irene Montero y él mismo– ante el brete de convertirse en cómplices tanto de su deriva hacia el aburguesamiento que tanto habían criticado en los demás como de una operación financiera sospechosa y opaca (al mismo tiempo que presumían de transparencia, se negaron, durante la rueda de prensa, a dar los datos del tipo de interés que le ha dado una caja de ahorros desconocida vinculada a prebostes del golpismo independentista).

En vez del ejemplo del dirigente uruguayo José Mújica, referente de frugalidad, Iglesias ha preferido seguir el camino de Lula da Silva, que se ha rodeado de sus bases como un vulgar capo de la Mafia para evitar ir a la cárcel. Al complejo de superioridad moral se le suma ahora el síndrome de la impunidad política.

Desde una perspectiva antropológica, es muy interesante que Pablo Iglesias haya roto con el principio organizativo de la comunidad para priorizar el de la familia. La propiedad privada es el efecto de sustituir el gens (bien colectivo) por lo particular. Para Karl Marx, la familia moderna contiene todos los antagonismos que se desarrollan en la sociedad y el Estado. Por ello, para los comunistas hay que acabar con la familia monógamo-patriarcal como institución. Pero Garzón e Iglesias se han casado y son respetables maridos monógamos con una herencia que ganar, de sus padres, y otra herencia que donar, a sus hijos. Se han insertado en la transmisión capitalista de los medios de producción. Ahí está el auténtico núcleo filosófico de su caída del caballo revolucionario. Qué lástima que no se apliquen las herramientas analíticas marxistas a sí mismos...

De todo este patio de Monipodio podemos extraer dos conclusiones positivas. En primer lugar, que Marx tenía razón en que "es el ser social lo que determina la conciencia, no la conciencia lo que determina el ser social" (al menos, irónicamente, por lo que respecta a las personas que se consideran de izquierdas). Así, el neoliberalismo epicúreo ha curado a los podemitas de su pobrismo, su igualitarismo en la pobreza, como la beautiful people del PSOE en los 80 (aquel chalet mítico de Miguel Boyer e Isabel Preysler...). En segundo lugar, Montero empleó en la rueda de prensa el mantra del feminismo radical de los 70, "lo personal es político". En otra versión: "Lo privado es político". Pero "ellas", Montero e Iglesias, descubren ahora el principio burgués de que lo personal es privado. ¡Y es que incluso los que luchan contra el capitalismo, en cuanto se integran aunque sean tangencialmente en el sistema, terminan haciéndose liberales! Y aprenden que lo que es bueno para las inmobiliarias y Coca Cola es bueno también para ellos, porque la economía de mercado es un juego de suma positiva en el que no es incompatible vivir y especular, darle a la protesta política y disfrutar de la chispa de la vida. Que les pregunten a "ellas", Montero e Iglesias. O a Ramón Espinar.

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