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Vox: ¿el Podemos de la derecha?

Vox supone un desafío ideológico tan revolucionario en las formas como puede serlo Podemos en la izquierda.

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La fragmentación de la izquierda puede tener un efecto colateral positivo más allá de la demagogia y el populismo: una especie de catarsis moral de los partidos instalados en un sistema inherentemente estructurado hacia la corrupción y el nepotismo. La ciudadela del establishment que defendían al alimón, y repartiéndose los despojos, PSOE e IU está siendo atacada desde la izquierda por Podemos y desde el centro liberal-social por Ciudadanos.

Pero ¿qué pasa por la derecha? La fortaleza de granito en la que el PP se situaba con mando en plaza compensaba su menor número de combatientes con una homogeneidad y una fidelidad mucho mayores que en el flanco contrario. Desde el centro derecha hasta la extrema derecha no había lugar para los que en un pasado figuraban en partidos demócrata-cristianos como el PDP, liberales como el PL o conservadores como AP. Si, a diferencia de lo que sucede con la izquierda, no hubiese ahora mismo una serie de alternativas ilusionantes y creíbles para los votantes del amplio espectro de la derecha, sería imposible que el PP realizase esa necesaria catarsis que sin duda necesita el partido cuyo referentes más claros ahora mismo son Bárcenas y la red Gürtel, pretendiendo que las urnas sean su salvoconducto hacia una exculpación que sería tan falsa como hipócrita y nociva tanto para la derecha en particular como para la democracia en general.

Si geopolíticamente los votantes del centro derecha es posible que voten a partidos como Ciudadanos y su sector más liberal se decante por el Partido de la Libertad Individual, mientras que los más extremistas se orienten hacia el foco revolucionario y antisistema de Podemos (como el propio Errejón ha reclamado en su última intervención en La Sexta sobre el tema de "hacia dónde va la izquierda"), ha surgido en el frente más nítidamente situado en la derecha (en el centro de la derecha podríamos decir) la opción de Vox, el partido liderado por Santiago Abascal y Ortega Lara que se define como liberal en lo económico pero conservador en lo social (vendría a ser el equivalente en la derecha emergente de Ciudadanos, social-liberal, aunque con ribetes anti-sistema al estilo de Podemos ,como la propuesta de deconstrucción del Estado de las Autonomías. Sólo el Partido de la Libertad Individual se define como liberal-liberal en todos los ámbitos).

Tras el fiasco de las europeas, donde la opción electoralista de Alejo Vidal-Quadras no cuajó, Abascal y los suyos han apostado por un estrategia basada en programa-programa-programa de cara a las elecciones andaluzas. De la importancia del envite para el nuevo partido da fe que su líder nacional se vaya a desplazar a vivir a Sevilla durante toda la contienda electoral.

Vox supone un desafío ideológico tan revolucionario en las formas como puede serlo Podemos en la izquierda, en el sentido de una refundación del sistema político español que pasaría por una reforma constituyente. Sin embargo, a diferencia del mesianismo de Pablo Iglesias y los suyos, y auspiciados por el carácter de sus integrantes como gente de orden, Abascal y sus seguidores tienen los pies bien asentados en el suelo y predican un cambio piano-piano tratando de llegar lo más lejos posible. Y esa meta final sería hacer una transvaloración del Estado de las Autonomías pasando en primer lugar por devolver las competencias de educación, sanidad y justicia al Estado central. Como dijo Santiago Abascal en la presentación del partido en Córdoba, liderado en la provincia por Yolanda Almagro, Vox no pretende llegar a la Junta de Andalucía para gobernarla sino para desmantelarla.

Como decíamos, el programa de Vox se define como liberal en lo económico –con una orientación pro market basada en una bajada de impuestos (Sucesiones, IVA e IRPF) y una desburocratización del entorno empresarial dentro del paradigma inaugurado por Margaret Thatcher, aunque con ciertos reflejos estatalistas al parecer ineliminables del ADN económico español, como el concepto de "ayudas a sectores estratégicos de la economía"– y conservador en cuestiones sociales, destacando en este sentido que es la única opción de la derecha en defender el derecho a la vida (tras la claudicación de Rajoy en lo que había sido su promesa electoral de cambiar restrictivamente la ley del aborto de Zapatero) y la cadena perpetua revisable, al tiempo que ataca las medidas de discriminación positiva y similares que se engloban dentro de lo que podríamos denominar el amplio consenso (o dictadura) de lo políticamente correcto. Sobre todo, Vox se postula como la clave de bóveda en un futuro desmantelamiento del Estado de las Autonomías para construir un Estado más centralizado con el objetivo de ser más eficientes, iguales y homogéneos, al estilo de la República francesa.

Partido centrado en los valores conservadores clásicos asociados a la política –Dios, Patria, Familia y una fuerte conciencia moral asociada a lo que consideran una nítida distinción entre el bien y el mal– y un fuerte rechazo al relativismo y al multiculturalismo, Vox afronta su travesía del desierto de manera similar a como lo hizo su antecesor ideológico, aquel primigenio AP+PDP+PL que llegó a ser el PP, con el objetivo de que Andalucía sea su particular oasis en el que recargar fuerzas. Lo que puede tener al alcance de la mano dada la manifiesta incapacidad del PP andaluz para gobernar tras 40 años de derrotas, que lo han llevado a ser la oficiosa Consejería de la Oposición. Otra derecha es posible, ahora sólo falta que los medios de comunicación les proporcionen la cobertura que proporcionan a otros y los liberal-conservadores compren su propio programa.

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