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Zoé Valdés

De Nicolasito a Marianito pasando por Margallito

Triunfará el populismo si seguimos como vamos, también en Europa; sea de extrema derecha o de izquierdas, será un populismo brutal.

Zoé Valdés
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De los desmanes del pequeño Nicolás al perdón de Mariano Rajoy no va mucho, casi nada; porque, veamos, quiénes han sido estos políticos corruptos que han campado por sus respetos en España, todos, sin excepción, han sido los maestros del pequeño Nicolás. De todos ellos el joven ha aprendido, de sus fechorías ha copiado, de sus cuentos de la buena pipa ha bebido, palabra a palabra. Siempre la misma verborrea, siempre el engaño como divisa, siempre el robo y la corrupción como proyecto de escalada. ¿Qué los diferencia? Sólo la edad, el pequeño Nicolás asombra por su juventud. Los otros, viejos bichos, ya ni asombran. Todo lo que ellos provocan es decepción ante el descaro, ira ante el abuso de poder, asco ante el nivel de manipulación.

Habrá que esperar a que sepamos quiénes apoyaron a Nicolasito, quiénes de la gran maquinaria del poder estuvieron detrás de él, porque a estas alturas no hay ninguna duda de que el chico no actuó solo. Y si lo hizo, pues lo que queda es ponerle en las manos las riendas del partido, de cualquier partido político, que seguro que con sus mañas lo sacará a flote. Porque lo que sí estamos viendo es que, al igual que en Francia, los dos partidos principales están en la más franca decadencia, cada vez peor. Y como en Francia los extremos, tanto la extrema izquierda como la extrema derecha, han ido tomando las fustas. Y ninguno de los jefes de partidos, ni siquiera el presidente de la república, mucho menos ellos, dan la talla para el gran salto que hará falta para sacar a estos países del populismo que se nos avecina.

¿El perdón de Mariano Rajoy? Tarde y pesado. Como es habitual en él. Y aun así sigue metiendo la delicada pata…

Me entero de que José Manuel García Margallo irá a Cuba. El jefe del gobierno ha dado el visto bueno para esta visita, no cabe la menor duda. De la visita a Cuba de José Manuel García-Margallo, ministro de Exteriores de España, no espero nada como no sea negocios que los beneficien a ellos y al castrismo. La crisis económica en España los obliga y lo de Cuba ya es macabro, ya a eso no se le puede llamar crisis, ninguna crisis como ninguna revolución duran más de medio siglo. Es un país en la miseria absoluta y es un país miserable, en el sentido moral del término, que vive de la mendicidad desde hace más de medio siglo.

Como le dije ayer al escritor Armando de Armas, la política del PP no se parece a la del PSOE, la que ya dejaba mucho que desear, no, ésta es peor, porque en ésta ha habido alevosía y engaño en contra de los demócratas cubanos. Gracias a Margallo, o sea a Rajoy, y a su política, España votó a favor de levantar las restricciones comerciales y de normalizar las relaciones de la UE con Cuba.

Entre la corrupción galopante, el pequeño Nicolás, la enferma del ébola que ahora descubrimos que miente, el perdón de Rajoy, y Margallo honorando al castrismo, entre otras barbaridades, estamos viviendo en una especie de ilusión de democracia, lo que hace que vivamos entonces una ilusión de libertad.

Esa falsa democracia que hace que los políticos (y los ciudadanos) actúen igualitariamente, o sea, totalitariamente, frente a los problemas, sean del partido que sean, es el peor enemigo que tiene el capitalismo, que dicho sea de paso es el único sistema que ha sido eficaz para garantizar la democracia, pero la serpiente se muerde la cola, y la politiquería y los politiqueros están destruyendo lo que los demócratas conquistaron y construyeron: un sistema que garantizaba tanto la economía como la defensa de los derechos humanos. Triunfará el populismo si seguimos como vamos, también en Europa; sea de extrema derecha o de izquierdas, será un populismo brutal. No soy optimista.

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