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Zoé Valdés

José Martí y Raymond Aron en la Cuba actual

La izquierda no querrá jamás la entera libertad de Cuba. Nunca.

Zoé Valdés
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Si leyeran y releyeran a Raymond Aron, comprenderían mejor lo que está sucediendo en Cuba desde hace algún tiempo, y en el mundo más recientemente. La actualidad de Raymond Aron en Cuba podemos proyectarla desde su obra El opio de los intelectuales: con ese solo libro del gran filósofo francés de origen judío podríamos explicarnos un montón de interferencias con relación a y por parte de la izquierda y la libertad de Cuba.

Lo primero: la izquierda no querrá jamás la entera libertad de Cuba. Nunca. La izquierda propondrá siempre una especie de tránsito, de transición, de los viejos Castro a los herederos Castro, en la que algunas supuestas figuras de izquierdas desempeñarán un papel secundario, si acaso. ¿Por qué? Pues porque a la izquierda no le importan Cuba ni los cubanos. A la izquierda lo que le interesa es crear un nuevo espacio conveniente a su ideología en el que el país o zona siga regido por el social-comunismo con tendencia al islamo-comunismo, y que una vez más la isla se convierta en un terreno de experimentación internacional. De ahí la insistencia en un momento dado por hacer evidente que dentro del grupo o Movimiento San Isidro se encuentran militantes de creencia islamista, o musulmanes, y que no se mencione que la mayoría, por tradición, por cultura, por creencia misma, sean católicos.

Lo segundo: a la izquierda le conviene siempre situarse en dos campos, en el de la oposición y el del poder. Sobre todo en el segundo. Cosa ilógica, pero lo ha conseguido invariablemente, tal como señalaba Aron en el libro antes mencionado. De tal modo, la izquierda lleva más de 62 años en el poder en Cuba, la izquierda ha ido retomando el poder en Estados Unidos desde los campos educativos y culturales, y la izquierda al mismo tiempo se encuentra en la mayoría de los grupos opositores de la isla; es la razón por la que a Estados Unidos le interesa portar en hombros a esa oposición que le facilita el cambio-fraude denunciado por el hombre de fe, católico, que fue Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano Liberación, asesinado por Raúl Castro y sus esbirros. Uno de esos esbirros ostenta el cargo de embajador de Cuba en España, y se interesa minuciosamente en el rey de España.

Tercero: ¿cómo conseguir que ese poder de la izquierda penetre todos los resquicios? Mediante la intelligensia, por medio de los intelectuales, o lo que queda de ellos. En Cuba, todo hay que decirlo, la gran intelectualidad como la vio Aron no llegó ni al tobillo, ni al calcañar de incluso los mayores creadores que en los años cuarenta se refugiaron durante la Segunda Guerra Mundial en la isla. Existió un grupito de poetas aquí, otro grupito de herméticos allá, unos representantes del folclor más pedestre, del africano por supuesto, cuya cultura no es sólo folclor; que no del español, ni siquiera del español europeo, ya hubiéramos querido… Aunque Lezama igual a Góngora y tal, pero de ahí no pasamos…

Cuba ha tenido sólo a uno: a José Martí. José Martí es nuestro Raymond Aron, pero muy anterior, con grillete en el tobillo, cárcel, canteras, torturas, exilio más duro y perdurable que el de Aron en Londres, y ya entonces con una claridad apabullante de lo que podía constituir de dañino el socialismo, Marx, y todo el tralalá de la izquierda. José Martí decidió dar su vida, aunque dio más que eso, entregó una gran obra: imperecedera, de resistencia, de resurrección. "El hombre vive de darse", decía y escribía.

A través de Raymond Aron he llegado también de otra manera a José Martí. La forma de leer a un autor como José Martí sólo se puede engrandecer día a día mediante su relectura y descubriendo a otros autores igualmente grandes, que tiempo después, mucho después, nos confirmarían y nos seguirán confirmando que, como afirmó Reinaldo Arenas, ese otro gran intelectual y escritor cubano, "los cubanos venimos del futuro". Y yo añadiría: "También de un ignorado y olvidado José Martí". Y no sólo desde 1959 hasta la fecha, sino desde el año del natalicio del apóstol, quizás desde antes, pero 1853 es una fecha de luz en nuestra historia.

Cuarto: El opio de los intelectuales, de esos de la izquierda, también llegó a Cuba. Una de las grandes poetas de los años cuarenta, socialista, Isa Caraballo, no pudo dejar de escribir una biografía de Fulgencio Batista y Zaldívar a la luz o la sombra de una idea marxista del personaje, la tituló Batista: una vida sin tregua. ¿Dirán que fue por encargo también? Es todo lo que se le ocurre decir a la izquierda… Incluso ella lo definía en ese libro como un hombre de izquierdas, cuando Batista se definió a sí mismo "ni de derechas ni de izquierdas, por la reconstrucción social". Por eso lo eliminaron del poder, porque Batista no estaba en el centro extremo centrado, Batista fue el gran mediador que, como Aron, podía sentirse identificado con la derecha moderna, y en ciertos puntos con la izquierda moderada, pero jamás en el entresijo apaciguador de los Acuerdos de Múnich, firmados en septiembre de 1937, con la presencia de todos menos de los checos. ¿No les recuerda algún que otro tratado, como el de París, donde estuvieron todos menos los cubanos, mientras ahí se jugaba el destino de Cuba?

Quinto: a falta de intelectuales, la mayoría exiliados, o quedaditos sembraditos de medio pelo, socialistones, más listones que socialistas, a Cuba no le ha quedado más que un ruidoso compás que ni siquiera es suyo, el del reguetón. Hasta los más encumbrados se alistan a este fenómeno de desfragmentación de nuestra cultura musical. De modo que hasta el propio Lilo Vilaplana, director de la película Plantados, la película que a mi juicio ha removido conciencias no sólo en Cuba sino en el mundo entero, considere y pretenda, negándose su propio mérito, o el mérito y la obra de tantos hombres valientes, que ha sido un reguetón de corte izquierdoso, con una letra estupendamente izquierdosa y mala, quien ha cambiado el sentir de todo un pueblo. El sentir de todo un pueblo, que no es otro que el de la libertad.

Ya no están Martí ni Aron para cuestionarlo y subrayar los rechazos de un puñado, pocos más bien. Disculpen la inmodestia. Pero estoy yo, esta a la que trataron de "solariega" en un pasado reciente, y que comparada con YotuelChe, el niño de los dientes eternamente de la leche frutos de Ubre Blanca, la vaca inventada por su comandante Fidel Castro, pues pudiera hoy situarse, en comparación, más a la altura de los primeros aquí citados. Solariega y a mucha honra. Pero recuerden, Martí fue para algunos el "iluminado", el "loco"; Aron, el "judío"; de modo que... "todo el que lleva luz…", pues lo que sigue… "se queda solo". Ah, y también, "los locos somos cuerdos", ¿debo añadir que lo escribió, como no podía ser de otra manera, José Martí? Quien también escribió Patria y Libertad. Porque lo de Patria y Vida fue dicho, todo sea aclarado, por Fidel Castro muy al inicio, tal como nos recuerda Mayda Saborit en este artículo titulado "La patria NO es de todos".

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