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Propuesta para una Cuba verdadera, vital y libre

Cuba merece, más que la esperanza, la vida, la libertad, la paz y la justicia. Nosotros podemos ser sus protagonistas inmediatos.

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Desde hace más de 59 años, Cuba está dominada por el régimen totalitario de los hermanos Fidel y Raúl Castro, bajo el cual una gran cantidad de personas han sido enviadas a cárceles donde fueron y son torturadas, y fusiladas. Sus familias han quedado devastadas y numerosos hijos se criaron sin sus padres.

El régimen de los Castro creó campos de trabajos forzados al estilo soviético para religiosos, homosexuales e intelectuales (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), muchas de las personas que fueron encerradas sufrieron y sufren secuelas espantosas de miedo, paranoia y delirio de persecución, de las que nunca han podido liberarse.

Como en todo régimen totalitario comunista, la educación devino adoctrinamiento ideológico y el trabajo de los adolescentes en las escuelas al campo y en el campo se contaba y se cuenta como obligatorio, meritorio e imprescindible para poder alcanzar los estudios superiores. La educación superior depende del nivel de combatividad, militancia ideológico y adherencia ciega al castrismo. De lo contrario no se obtiene la carrera ansiada. En diversas ocasiones no se obtiene –pese a que se cumplan esos requisitos– debido a que las mejores carreras están destinadas a los hijos de los dirigentes y líderes del Partido Comunista Cubano y de la Nomenklatura.

La única idea admitida durante casi seis décadas ha sido la de los hermanos Castro, y no es una idea, es la ideología castrocomunista. El que no adhiera a ella no tendrá derecho a la salud, al trabajo, ni a la vida. Como prueba la gran cantidad de asesinatos políticos cometidos durante más de 59 años.

El número de asesinados repertoriados bajo el régimen de los Castro asciende a 28.000, no es una cifra definitiva. Otras personas han desaparecido o han muerto bajo sospecha de haber sido vilmente asesinadas por sus ideas políticas. En esta cifra no cuentan las más de 80.000 personas que se calcula que han muerto en el mar cruzando el Estrecho de la Florida intentado llegar a Estados Unidos, tierra de libertad.

Más del veinte por ciento de la población cubana se encuentra en el exilio real, y no únicamente económico, en lo que ahora se ha dado en llamar "diáspora", como un eufemismo que beneficia a la tiranía, tanto económica como moralmente.

Se calculan por miles los cubanos muertos en la guerra de Angola, así como en otras misiones guerreristas e injerencistas fuera de Cuba.

Hemos debido asistir a una transmisión de poderes de forma dinástico-castrocomunista entre hermanos, de Fidel a Raúl Castro, y supuestamente en abril de este 2018 habrá otra transmisión de poderes en el mismo estilo. Sospecho que seguirá sucediendo dentro de la familia Castro, o sea con la herencia que deje la primera nomenklatura en el poder, tal como ha sucedido en Corea del Norte. Para conseguirlo, Raúl Castro se ha armado durante dos décadas de una serie de medidas que ha llamado "aperturistas". Ninguna de las que ha anunciado hasta ahora ha sido puesta en vigor con tanta efectividad como la permisividad de una cierta disidencia alternativa y prorraulista, que solo pide cambios cosméticos del régimen, y que ha sido aupada por los fuertes grupos de prensa de la izquierda radical en el extranjero (injerencia desleal, por cierto), así como con la complicidad de la iglesia católica castrista, que ha dado la espalda al pueblo cubano para ponerse enteramente a los pies del raulato comunista.

A grandes rasgos, la situación de Cuba no puede ser peor, aunque podría empeorar para aquellos que no tienen nada y, por supuesto, mejorar para aquellos que pretenden enriquecerse esclavizando aún más a los cubanos con la complicidad del régimen. En lo que sería una suerte de China, Singapur o Vietnam, pero sin los alivios económicos de estos dos últimos.

Creo firmemente que la realidad cubana pudiera cambiar si trabajamos en los siguientes pasos:

Los grupos disidentes y opositores cubanos deberían constituirse en partidos políticos de manera urgente, con proyectos políticos reales. Como es el caso de La Rosa Blanca, La Patria es de Todos, el Proyecto de Nación de la Fundación Lawton, el Proyecto Varela, El Camino del Pueblo, Un Cubano, Un Voto, inspirado y creado por el MCL y su líder Oswaldo Payá, y llevado a cabo por Eduardo Cardet Concepción, actualmente encarcelado y del que el mundo debiera exigir su liberación inmediata, y Rosa María Rodríguez. La constitución de estos partidos tendría que constar en acta y ser autentificada por abogados, dado que es muy probable la dictadura no los aceptara como partidos de oposición. Sin embargo, su legalización debiera constar de manera real, el hecho de que estos partidos existan debe ser palpable.

– Se deberían deslindar los grupos opositores independientes de prensa de los grupos o partidos políticos. En el mundo democrático, los grupos de prensa suelen apoyar a los proyectos políticos, pero no manifiestan ni –mucho menos– afirman su vinculación política. No es ético que la prensa y los medios de comunicación asuman el rol de manipuladores o árbitros de campañas partidistas de manera militante, aunque sabemos que esa ética se rompe desafortunadamente también en democracia. Cuba no debiera empinar su camino hacia la democracia rompiendo esa ética. Ya con el periódico Granma y sus adherencias dentro y fuera de Cuba hemos tenido suficiente para reproducir los mismos cánones de imposición antidemocrática. La prensa y los medios de comunicación del exilio debieran brindar espacios a todos los partidos y a sus representantes por igual.

– Los partidos opositores y disidentes solamente serán considerados como tales, en el punto en el que estamos, si verdaderamente se oponen al castrismo en todas sus facetas, con un proyecto político consistente. No se aceptarán como partidos opositores a aquellos que se presenten como grupos alternativos al castrismo y que admitan mejoras y cambios bajo el castrismo. En ningún país del mundo y bajo ninguna dictadura los grupos opositores han sido leales ni se han constituido en promotores de sus represores, ni han dialogado con las fuerzas opresoras hasta que esas fuerzas no hayan reconocido públicamente que se han equivocado frente el pueblo, y hayan sido juzgadas, y hayan pedido perdón, y además hayan dado pasos reales hacia la democracia: liberación de presos políticos sin condiciones de ningún tipo, ni deportaciones obligadas, ni negociaciones humanas en lo que sería considerado como una trata de presos contra beneficios a favor del régimen, reconstrucción inmediata del país con la participación activa, humana y libre del pueblo en la vida social, económica y política, tal como está sucediendo en Birmania, por poner un ejemplo.

Otro ejemplo del cual los cubanos podríamos tomar nota es el Contubernio de Múnich, como el franquismo llamó a las reuniones celebradas por opositores españoles en esa ciudad alemana en agosto de 1962.

– Ese diálogo se podría llevar a cabo, en igualdad de condiciones, con el Ejército y con los líderes que se encuentran en prisión domiciliaria, en el exilio, en la oposición real, o con líderes inmediatos, cuya culpabilidad bajo la dictadura sea considerada menor a la representada por los Castro y sus esbirros; y una vez que hayan reconocido frente los tribunales y al pueblo sus faltas.

– Los grupos opositores constituidos en partidos políticos debieran empezar a enviar de manera urgente, a través de embajadas o emisarios casuales, cada mes, misivas a Naciones Unidas, al Parlamento Europeo y a todas las organizaciones internacionales, así como a los presidentes de los principales países del mundo, condenando y exigiendo el cese inmediato de la dictadura de los hermanos Castro, su detención, y que estos personajuelos sean juzgados en Tribunales Penales Internacionales por crímenes contra la Humanidad. Esto evitaría posibles actos de violencia, guerras civiles, en un futuro, como hemos visto recientemente en Libia y en Siria. Los cubanos también tenemos el derecho de demandar una intervención norteamericana, como sucedió en Panamá o en Granada –sólo dos ejemplos–, casi 60 años de tiranía lo justificaría ampliamente.

Ningún Gobierno podría ser impuesto desde el exilio ni desde dentro de Cuba sin que esos partidos tengan la oportunidad libre y democrática de ser votados por el pueblo cubano en sufragio universal.

– El exilio cubano debería apoyar estas medidas de manera radical para conseguir, después de tantos años de aguante y resistencia pacífica, por fin la libertad, la justicia y la democracia en Cuba. De otra manera, el exilio sería cada vez más penetrado por los castristas y cada vez más diezmado por las fuerzas de mentalidades usurpadoras del espíritu, de las conciencias y del pensamiento. Miami se convertiría –si no lo es ya– en una plaza sitiada por el cretinismo y la mediocridad de la vida del cubano recién llegado, que ha vivido bajo la opresión la mayor parte de su vida, al que le costaría cada vez más entender la libertad, y sus deberes y derechos en democracia.

Cuba no es diferente de Checoslovaquia, ni de Polonia. Muchos han muerto en el empeño de verla libre y soberana, como es el caso de Oswaldo Payá Sardiñas y Harold Cepero Escalante, Laura Pollán, la incorruptible líder de las Damas de Blanco, Wilmar Villar Mendoza, Juan Wilfredo Soto, Orlando Zapata Tamayo, Miguel Valdés Tamayo, Pedro Luis Boitel, entre otros muchos, mujeres y hombres que han sufrido cárcel, como Mario Chanes de Armas, Ernesto Díaz Rodríguez, Eusebio Peñalver, Ángel de Fana, y que la siguen sufriendo, como Eduardo Cardet Concepción, entre otros.

Todos podemos cambiar Cuba de manera justa, verdadera y vital, sin la tiranía de los Castro. Sin odios pero con justicia. Los que han odiado hasta ahora han sido ellos. Pero el desprecio, más que el odio, también es válido, canalicémoslo a través de la justicia, de la verdad y de la acción real. Sin racismo, sin clasismo, con libertades de todo tipo, con todas las fuerzas posibles de nuestra cultura, en la mejor tradición democrática, y con el ejemplo de lo más efectivo y relevante de la Guerra de Independencia y de la República.

– Todavía podemos reconstruir una Cuba con vergüenza, donde la mayor venganza sea la justicia que reconozca a las víctimas, y que los tribunales penales internacionales condenen enérgicamente a los verdugos, a los Castro. Impidiendo que sus descendientes, así como los descendientes del Che Guevara, uno de los mayores asesinos confesos de cubanos, y como aquellos vinculados al terrorismo nacional e internacional que fueron entrenados en Cuba y cuya misión recibieron directamente del Departamento América del Consejo de Estado castrista, puedan acceder a esferas de poder no sin antes pasar por un proceso de reconocimiento como tales, como lo que fueron, terroristas, y sean juzgados y reciban su condena.

Cuba merece, más que la esperanza, la vida, la libertad, la paz y la justicia. Nosotros podemos ser sus protagonistas inmediatos. Debemos organizarnos de manera plena y transparente para que nuestras ideas, nuestros sueños, nuestros proyectos individuales progresen y puedan hacer progresar a la sociedad cubana, cada día más indigente mental e intelectualmente, más pobre económicamente y más oprimida socialmente.

Una vez que el pueblo cubano pueda decidirlo en democracia, deberá restituirse la Constitución de 1940.

¡Libertad y vida para Cuba y los cubanos!

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