
Con las temperaturas superando los 30 grados en buena parte de España antes incluso del inicio oficial del verano, la refrigeración del hogar vuelve a convertirse en uno de los principales focos de gasto energético. La pregunta que se repite en millones de hogares es siempre la misma: ¿resulta más económico usar un ventilador de techo o encender el aire acondicionado? La respuesta depende de para qué se use cada dispositivo, pero en términos de consumo eléctrico la diferencia es muy significativa.
La brecha de consumo
Los ventiladores de techo consumen entre 30 y 80 vatios, lo que los convierte en una de las opciones más eficientes en términos energéticos. Los aires acondicionados, en cambio, suelen requerir entre 800 y 2.000 vatios por hora, según su potencia y eficiencia. En términos energéticos, un aire acondicionado puede consumir entre 15 y 20 veces más electricidad que un ventilador.
La diferencia funcional entre ambos sistemas es igualmente relevante. El aire acondicionado extrae calor del interior y reduce la temperatura real de la estancia. El ventilador, en cambio, no modifica la temperatura del aire: lo mueve. Al generar una corriente constante sobre la piel, acelera la evaporación del sudor y reduce la sensación de calor. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el movimiento de aire de un ventilador produce una sensación de descenso de la temperatura de entre 3 y 5 grados, con un consumo eléctrico muy bajo. En días de calor moderado, esa diferencia percibida puede ser suficiente para mantener el confort sin necesidad de encender el sistema de climatización.
El termostato, clave del ahorro
Cuando el calor es intenso y el aire acondicionado resulta imprescindible, combinarlo con un ventilador de techo permite reducir el gasto. El ventilador distribuye de forma más uniforme el aire frío por la estancia, lo que permite al equipo alcanzar antes la temperatura programada y reducir el tiempo de funcionamiento del compresor, el componente de mayor consumo. Esto, a su vez, permite elevar la temperatura configurada en el termostato sin perder sensación de frescor.
Según el IDAE y los criterios del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), la temperatura de confort en una vivienda en verano se sitúa entre los 23 y los 25 grados. Bajar de esa franja incrementa innecesariamente el consumo energético, y cada grado por debajo del valor óptimo puede suponer un aumento de entre el 5% y el 7% en el gasto eléctrico del equipo. Según estimaciones del propio IDAE recogidas en sus campañas de verano, si en una comunidad de vecinos cada hogar sube un grado el termostato, la demanda eléctrica del bloque cae entre un 5% y un 15% de media.
Para aprovechar al máximo las ventajas del ventilador, conviene evitar dejarlo encendido en habitaciones vacías. Al no enfriar el aire sino solo moverlo, su funcionamiento sin presencia de personas no genera ningún beneficio y sí un gasto innecesario. También es recomendable comprobar que las aspas giran en sentido antihorario durante el verano, lo que impulsa el aire hacia abajo y maximiza la sensación de frescor.
Por último, tanto los filtros del aire acondicionado como las aspas del ventilador deben mantenerse limpios. Un aire acondicionado Inverter puede conseguir un ahorro energético del 30% respecto a un equipo convencional, según el IDAE, y los aparatos con mayor clasificación de eficiencia energética reducen el consumo frente a modelos menos eficientes.
