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Ni al sol ni de noche: el mejor momento para tender la ropa y que no sufra con el calor

Tender mal estos días puede estropear los tejidos, frenar el secado o llenar de humedad una casa que ya cuesta mantener fresca.

Tender mal estos días puede estropear los tejidos, frenar el secado o llenar de humedad una casa que ya cuesta mantener fresca.
Una persona tendiendo la ropa en su balcón. | Pexels/CC0/Matthias Zomer

Con España bajo una ola de calor que mantiene a la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) con varias zonas en aviso rojo por peligro extraordinario y máximas que rozan los 42 grados, la rutina doméstica se llena de pequeñas decisiones que de repente importan. Entre persianas bajadas, ventiladores en marcha y ventanas que se abren y cierran según la hora, una tarea tan banal como tender la colada esconde más matices de los que parece. Y la intuición habitual —"con este calor, todo seca enseguida"— no siempre lleva a la mejor elección.

El razonamiento de tender fuera es difícil de rebatir cuando se busca velocidad. La combinación de aire en movimiento y radiación solar acelera la evaporación, y con viento seco una colada puede quedar lista en cuestión de una hora. El problema es que ese mismo sol que seca también castiga. La exposición directa y prolongada decolora los estampados, reseca las fibras hasta dejarlas ásperas y resta años de vida a las prendas más delicadas. Quien tiende a media mañana y se olvida de recoger hasta la tarde corre el riesgo de encontrarse la ropa rígida, descolorida y llena de arrugas marcadas por el calor.

La alternativa de puertas adentro resuelve el problema del sol, pero abre otro frente menos visible. Cada colada que se seca en el interior devuelve al aire unos dos litros de agua, según una investigación de la Universidad de Glasgow que analizó el impacto del secado doméstico en la calidad del aire. Ese vapor no desaparece: se queda en suspensión y eleva la humedad de la vivienda.

La Organización Mundial de la Salud sitúa el rango saludable de humedad interior entre el 40 % y el 60 %, un umbral que el secado sin ventilación puede superar con holgura hasta rozar el 70 % u 80 %. El resultado es un ambiente más cargado y bochornoso —justo lo contrario de lo que se persigue en plena ola de calor— y, a la larga, terreno abonado para la condensación, el moho y los ácaros, que afectan sobre todo a quienes sufren alergias o problemas respiratorios.

La hora lo cambia todo

Si se descarta el exterior, conviene saber dónde y cómo colocar el tendedero dentro. Los especialistas en humedades insisten en evitar los dormitorios, donde el vapor se filtra en paredes y colchón, y en optar por una estancia aireada, con corriente cruzada o un ventilador que empuje el aire húmedo hacia fuera. Separar bien las prendas y dar un centrifugado extra antes de colgarlas también ayuda: cuanta menos agua llegue al tendedero, menos acabará flotando en el salón.

Más decisivo aún que el lugar es el momento. Sacar la ropa al exterior a primera hora de la mañana, antes del pico térmico, permite que aproveche el resto de la jornada para secarse sin pasar horas bajo el sol más violento. Tenderla de noche, en cambio, la expone al rocío y a la humedad ambiental, que ralentizan el proceso; en interiores, esa franja nocturna sí resulta útil cuando la temperatura empieza a ceder y la casa está ventilada.

La conclusión es que no hay un único acierto. Con balcón, terraza o patio, lo razonable es madrugar con la colada y retirarla en cuanto esté seca, esquivando las horas críticas. Sin esa posibilidad, el interior cumple perfectamente siempre que la vivienda respire y no se sobrecargue de ropa hasta convertirse en una sauna. Acertar consiste en equilibrar tres cosas: rapidez, comodidad y el menor impacto posible sobre una temperatura que ya viene difícil de domar.

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