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Las penosas condiciones de trabajo de los bomberos, un riesgo para los madrileños

Carencias de personal, parques en un estado lamentable, material en malas condiciones, vehículos que no deberían superar la ITV... estas son las condiciones en las que los bomberos de Madrid tienen que luchar contra el fuego y, en no pocas ocasiones, salvar las vidas de los madrileños.

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Carencias de personal, parques en un estado lamentable, material en malas condiciones, vehículos que no deberían superar la ITV... estas son las condiciones en las que los bomberos de Madrid tienen que luchar contra el fuego y, en no pocas ocasiones, salvar las vidas de los madrileños.

Llevan años de protestas y previsiblemente seguirán así durante bastante tiempo, al menos hasta que Gallardón escuche sus demandas. Los bomberos de Madrid se quejan de que no pueden realizar su trabajo con las garantías necesarias: la falta de personal, el pésimo estado de muchas de sus herramientas de trabajo o el vetusto parque de vehículos hacen que los riesgos que corren se multipliquen.

Para conocer más de cerca las condiciones en la que los bomberos de Madrid realizan su trabajo hemos visitado uno de los parques de la capital (no revelamos cual para no exponer a nuestras fuentes a represalias) donde son los propios bomberos los que nos explican los problemas que sufren

Para empezar están en las carencias de las propias instalaciones: algunos de los problemas suponen que los trabajadores no tienen el mínimo de confort que sería exigible para poder descansar en las largas guardias que realizan: colchones sin una maldita sábana y que no se limpian nunca, ventanas sin cortinas... en algún parque han pasado semanas sin poder ducharse con agua caliente, en otros se pueden ver goteras o paredes desconchadas, incluso se han llegado a sufrir plagas de ratas.

Herramientas en mal estado

Pero siendo estas carencias bastante graves, las relacionadas con los materiales a usar en los incendios son todavía peores. La mayor parte de las herramientas tienen lustros de servicio, hay linternas que no cargan sus baterías, walkie-talkies a los que es prácticamente imposible hacer funcionar y multitud de cosas que si funcionan es gracias a una variada e ingeniosa gama de "ñapas".

Incluso elementos evidentes de seguridad como los cascos no se renuevan y presentan un estado lamentable. "Según las normas en terrenos como la escalada – nos cuenta un bombero – elementos como los cascos deben renovarse cada 10 años, incluso aunque no hayan sufrido ningún golpe. Los nuestros tienen 15 ó 16, como mínimo".

Otro problema importante llega de la heterogénea composición de determinados equipos en los que sus diferentes piezas son de distintos fabricantes, el problema es que se trata de instrumentos que no están homologados para trabajar en común, por lo que cualquier avería se puede producir con mucha mayor facilidad y, de hecho, el funcionamiento sólo se garantiza gracias a las chapuzas que hacen los propios bomberos.

Por otra parte, hay herramientas que no es que estén en mal estado o que sean de marcas distintas: es que directamente no existen. Así, los bomberos no disponen, por ejemplo, de un taladro que les permitiría abrir una cerradura en unos segundos y tienen que apañarse con radiografías o plásticos de botellas como unos vulgares cacos.

Todo esto, claro, en el caso hipotético de que hayan conseguido salir del parque para llegar al incendio, algo que no está tan garantizado como podríamos pensar: en el parque que visitamos una de las tres puertas de salida de los vehículos está rota y no sube, así que el camión correspondiente está en el parking exterior y los bomberos nos cuentan como, a pesar del mantenimiento y las pruebas permanentes al que los propios conductores someten a los vehículos, se ha dado el caso de que, ante una emergencia el único camión de un parque no arrancaba, por lo que fueron los bomberos de otro parque peor situado los que tuvieron que acudir al siniestro.

Carencia de personal

Otro problema de gravedad extrema es la reducción constante de la plantilla que viene sufriendo el Cuerpo de Bomberos. En el parque que visitamos se ha pasado de un centenar de profesionales a poco más de ochenta, lo que hace que el número de hombres de servicio se vea reducido a mínimos bastante llamativos.

Por ejemplo, como cuentan los propios bomberos en un llamativo "marcador" en la fachada de su parque el día que les visitamos sólo siete profesionales atienden a una población de 275.000 madrileños.

Esto no permite que se cubran las dotaciones básicas de algunos vehículos y tiene otras consecuencias que rayan en lo tragicómico: "Como sólo hay un telefonista cuando éste no está tenemos que hacer su trabajo nosotros, y como somos tan pocos si hay una emergencia el parque se queda abierto y completamente vacío". Por supuesto, "nos han robado de todo".

Vidas en juego

Puede que leyendo este reportaje alguien piense que nos encontramos ante un cúmulo importante pero de problemas menores. Nada más lejos de la realidad: además de los peligros que corren los propios bomberos entrando en un incendio con material en el que no pueden confiar hay que aclarar que cada uno de los problemas que hemos descrito logra pequeños retrasos en la extinción de un incendio.

Y esos retrasos pueden ser fatales, tal y como nos cuenta un bombero: "Los primeros cinco o diez minutos de un incendio son esenciales, llegar en ese momento es lo que diferencia que el fuego esté en una habitación o se haya extendido al resto de la vivienda, por ejemplo, y en muchas ocasiones que una persona pueda o no ser rescatada".

Eso sí, mientras servicios esenciales para la seguridad de los madrileños tienen este trato no hay que olvidar que para lo verdaderamente importante, el "contenedor cultural" de Gallardón en Cibeles, sólo se han invertido más de 530 millones de euros.

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