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Occidente se queda atrás

Ya lo dijo el célebre inversor americano Jim Rogers: "Alguien espabilado en 1807 iría a vivir a Londres, en 1907 se desplazaría a Nueva York, y en 2007 se trasladaría a Asia".

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Hace pocas décadas la manufactura se concentraba en el G-7 y los países subdesarrollados se dedicaban a suministrar materias primas y componentes. Occidente era el motor económico de un mundo unipolar. China padecía el yugo destructivo de Mao, India estaba cerrada al mercado, y Brasil se encontraba sometido a una junta militar. No por más tiempo.

Hoy las naciones en desarrollo que suman 3.000 millones de personas tienen un crecimiento económico superior al 8% anual, mientras Occidente a duras penas registra tasas positivas. La Unión Europea y Japón están en relativo declive, con asfixiantes Estados de Bienestar y una población cada vez más envejecida. Estados Unidos no está en una situación tan precaria, pero a largo plazo su protagonismo es menguante. Mientras tanto, China sustituye a Japón como segunda potencia mundial, Brasil a España como octava potencia, e India está a las puertas del top 10.

En 2008 China producía más acero que Estados Unidos, la Unión Europea y Japón juntos. Quizás más sorprendente es que en 2009 China fue también, de lejos, el mayor fabricante de coches del mundo: 13,8 millones de unidades, más del doble que Japón. Brasil y Corea del Sur ocuparon la quinta y la sexta posición. De 2000 a 2009 la producción de automóviles se triplicó en India. En contraste, en Europa abundan fábricas con baja productividad que no operan a plena capacidad pero no pueden cerrarse por razones políticas.

Este dato ilustra que los países en desarrollo son cada vez más competitivos en sectores antes concentrados en los países ricos, y que la única forma que tiene Occidente de seguirles a la zaga es aligerando la losa del Estado y permitiendo que la economía se reestructure y se especialice en aquellos sectores donde tiene una ventaja comparativa: finanzas, investigación y desarrollo, alta tecnología, diseño, arte, entretenimiento, educación.

Pero a veces la preservación despierta más simpatía que la transformación, sobre todo por parte de los grupos de interés establecidos que tienen mucho que perder con el cambio, con el dinamismo y la competencia. Así las cosas, por ejemplo, una reciente directiva de la Unión Europea corre el riesgo de herir de muerte la capitalidad mundial de la City de Londres en el ámbito de las finanzas.

Las nuevas regulaciones que se aplicarán a los fondos de inversión incluyen normas contra la "liquidación de activos", que limitarán la venta de activos inmediatamente después de la compra, restricciones en las remuneraciones, y un costoso registro para los fondos que quieran operar en la Unión Europea. Esta directiva se suma a otras medidas contraproducentes del Gobierno inglés (límites sobre los bonuses, tasa sobre los beneficios de los bancos, aumento del tope marginal máximo del impuesto sobre la renta) que restan competitividad a Londres a favor de centros financieros de Asia, como Hong Kong o Singapur.

Los fondos de inversión no han contribuido a la generación de la crisis (la mayoría no estaban apalancados y ninguno ha tenido que ser rescatado), pero sí juegan un papel importante en la recuperación. ¿Qué hace el Gobierno de Bruselas? Ahuyentarlos. El éxodo es por ahora anecdótico: varias aseguradoras (Kiln, Hiscox, Beazley, Brit) y hedge funds (Blue Crest, Brevan Howard, Moore Capital). Pero el daño irreparable puede sentirse a largo plazo.

Quizás consuele que la relativa decadencia de Occidente no implique un deterioro de las condiciones de vida de su población en términos absolutos. Gracias a la globalización, las innovaciones locales devienen globales, de modo que los occidentales también nos beneficiaremos del progreso asiático aunque no estemos por delante de ellos. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de promover la máxima prosperidad para todos, no de que unos queden más arriba en el ranking que otros. Al mismo tiempo, si Occidente se queda atrás es porque navega con demasiado peso, y también beneficiaría a todos que aligerara la bodega. Puede que la competencia nacionalista sea ventajosa después de todo: la constatación de que otros te avanzan quizás sea el único acicate de los Gobiernos occidentales para enderezar el rumbo.

Sea como fuere, ya lo dijo el célebre inversor americano Jim Rogers: "Alguien espabilado en 1807 iría a vivir a Londres, en 1907 se desplazaría a Nueva York, y en 2007 se trasladaría a Asia". Jim Rogers vive hoy con su familia en Singapur.

Albert Esplugas Boter es miembro del Instituto Juan de Mariana, autor del libro La comunicación en una sociedad libre y escribe regularmente en su blog.

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