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Carlos Maciñerias Cela (Lugo) me indica que las definiciones ingeniosas que aquí aportó Silvia Abbillos proceden del Diccionario de José Luis Coll. Reconocido queda. El humor de Coll (y el de su compañero Tip) responde a la mejor tradición española del recreo con lo inesperado y lo absurdo. En su día colaboré en el semanario El cocodrilo (salió de un huevo espurio de La Codorniz) y participé de ese ambiente festivo. Desgraciadamente el humor político hoy no se lleva. Por fortuna nos queda el grupo RISA de la COPE.
Aurora Grandal (A Coruña) recoge algunas frases del habla coloquial en las que el aparente disparate lleva un propósito festivo:
- "Andar a cuatro gatas" (mezcla de "a gatas" y "a cuatro patas").
- "Me dejas de una piedra" (entre "de piedra" y "de una pieza").
- "Contra la espalda y la pared" (entre "la espada y la pared" y "contra la pared")
Jesús Laínz me envía una sabrosa historia sobre trabucazos de librería.
Esta mañana he estado en una librería local charlando con el librero y me ha leído varias anécdotas de un cuaderno en el que las recopila desde hace treinta años. En este momento recuerdo las siguientes:
- Una persona pidió el libro "La sonrisa es trusca".
- Un señor llevó escrito el título y el autor que deseaba: "Jamle" de Sespi.
- Un estudiante pidió la obra de Cervantes "Rinoceronte y Coterillo".
- Un señor quería comprar "El Quijote" y, a la pregunta sobre si deseaba alguna edición en particular, contestó que le bastaba con que fuese de buen autor.
- Una señora pidió "La cama turca". Tras la infructuosa búsqueda del librero, la señora le explicó, ruborizadilla y en voz baja, que había oído que se trataba de un libro técnico sobre asuntos de fornicio. El profesional comprendió: se trataba del Kamasutra.
- Un señor pidió el célebre "1984" de Orson Welles.
- Un gitano preguntó por un buen diccionario. El profesional le recomendó, lógicamente, el de la Real Academia. Algún tiempo después volvió por allí y el librero le preguntó si estaba satisfecho con la compra, a lo que le contestó el gitano: "Si, es bastante bueno, pero le faltan palabras, eh, le faltan palabras".
- Una señora pidió el libro de "Mister Proper". Ante la sorpresa del librero, la señora aclaró, con un toque de impaciencia, que se trataba del libro del niño mago ése, el de las películas.
- Y, el mejor, digno de psicoanálisis: una señora de mediana edad pidió la novela "Veinte mil leguas de viaje sin marido".
Lo anterior me ha recordado un par de anécdotas que me han sucedido a mí. Una vez fui totalmente incapaz de conseguir que la dependienta de una librería, una chica joven, con carrera universitaria y aparentemente en plenitud de facultades mentales, asumiese que el título que yo deseaba comprar era "Coriolano", palabra que no pudo entrar en su cerebro por más que lo intenté. Ni escribiéndoselo yo, en letras de molde y deletreándoselo lentamente, fue capaz de asimilarla.
Asimismo recientemente he sido testigo de cómo un joven, que pidió "El cortijo de Trento o algo así de una ciudad italiana, libro de un autor antiguo de nombre muy raro" (sic), fue atendido muy amablemente por el profesional, quien se quemó las pestañas buscándolo en catálogos, en internet y en el ISBN para finalmente contestarle que no lo encontraba por ningún lado, señal de que probablemente estuviese agotado. Por discreción y para evitar dejar a nadie en mala posición, me abstuve de soplarle al librero que lo que le estaban pidiendo era "La cartuja de Parma", de Stendhal.
Y saltando de los libros a los discos, un amigo mío, propietario de una tienda de música clásica, ha recibido a lo largo de sus años de actividad peticiones tan chuscas como "El rompeavellanas" y la "Sinfonía Paralítica" de Tchaikovsky. Un joven bailarín quiso adquirir la "Danza de los maricones", del Cascanueces del mismo Tchaikovsky (se refería a la "Danza de los mirlitones"). Otras perlas son la "Cabalgata de las vaquillas", el "Sufrido" y "Triste y sola" de Wagner, el "Osobuco" de Verdi, "El rapto del desarrollo" de Mozart, "Las alegres comadrejas de Winsor" de Otto Nicolai, la obertura "Obrerón" de Weber y "El estudiante de mago" del ratón Mickey. En una ocasión una señora se interesó por una obra de la que desconocía el título y el autor, pero sí sabía que "tenía violines". Y otra, deseosa de adquirir una sonata de Mozart, le pidió alguna grabación que estuviera interpretada por el propio Mozart. Ante la respuesta de que no iba a ser fácil encontrarla porque allá por el siglo XVIII la fonografía no había sido aún inventada, la voluntariosa dama replicó que eso no tenía por qué ser obstáculo para conseguirlo, "¡con los medios que hay hoy!".
Por cierto, Jesús Laínz acaba de publicar un estupendo libro de desmitificación de mitos históricos que en su momento habrá que comentar.
Javier Benavides (Cáceres) anota una lista de trabucamientos que provienen del parloteo de un hijo suyo de seis años. Feliz él:
- Me han puesto el temómico (= termómetro) y no tengo fiebre.
- Hemos estado en la sala de medios auvidusales (=audiovisuales).
- Me lo termino en un chimpancé (=mezcla entre pis-pas y santiamén).
- Ponme una corbata (=bata), que tengo frío.
- Tienes pelito en las anguilas (=axilas).
- No me gustan los mejunjes (=nuggets o bocaditos) de pollo.
- Llueve mucho pero a la tarde amanecerá (=escampará).
- Eso es un horizonte (=rinoceronte)
- Pan mantequillado con la paté (=pan untado con mantequilla o con paté)
- Se ha dado un golpe en el pimpalo (=pupila+pestaña+tímpano) y se ha quedado ciego.
"Ayudas" argumenta que, al ser católico, se siente parte de una minoría. De acuerdo con el principio de discriminación positiva, necesita una subvención para su negocio. Don Ayudas me pide que le ayude a encontrar el organismo que concede esas subvenciones. Habrá que "guglear" un poco por las páginas de la Administración Pública.

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