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Bitácoras

Spam, no sólo en el e-mail

Es un hecho tan conocido como cierto que el spam es uno de los fenómenos más nocivos de Internet. Cada día millones de mensajes "basura" inundan los buzones de usuarios de todos los continentes. Los contenidos de estos e-mails publicitarios cubren un relativamente estrecho abanico  de temas –que varían según la época del año– que incluye de la pornografía a las dietas de adelgazamiento, pasando ofertas de viaje e hipotecas a sospechosamente bajos tipos de interés.
 
Las autoridades oficiales, nacionales e internacionales, así como las empresas y proveedores de Internet, tratan de buscar soluciones al problema. Sin embargo, nadie parece haber encontrado un remedio contra esta plaga que no suponga un prejuicio para los internautas. Algunas de las propuestas hubieran podido acabar con el spam, pero estas hubieran dañado los fundamentos que han hecho de la Red un fenómeno único en la historia de la humanidad.
 
Al margen de que sean realistas o no, todas estas propuestas y sus promotores parecen olvidar un punto fundamental. El spam hace tiempo que saltó del correo electrónico a otros ámbitos, fuera y dentro de Internet. Los mensajes de texto publicitarios dirigidos a los móviles son, por desgracia, cada vez más frecuentes. Algunos provienen de las propias operadoras de telefonía, pero otros son enviados por misteriosas empresas que ni se identifican ni informan sobre cómo han obtenido el número de este usuarios. En la mayor parte de los casos se limitan a enviar un texto engañoso en el que animan a llamar o enviar un SMS a un teléfono sobre cuyo precio no se da dato alguno. Este es un frente que no se debería olvidar a la hora de combatir el spam.
 
Volviendo a Internet, un sector de los usuarios que cada vez se ve más afectado por el spam es el de los lectores y, sobre todo, autores de bitácoras. Entre quienes mantienen un weblog se ha convertido en una actividad cada vez más extendida la eliminación de mensajes publicitarios (sobre Viagra, adolescentes manteniendo relaciones sexuales o atractivas orientales desnudas, por ejemplo) insertados en el espacio dedicado a las respuestas y comentarios de los lectores. El daño que este tipo de técnicas publicitarias provoca es muy importante. Para el lector, es un incordio encontrarse un anuncio de este tipo cuando está leyendo sobre temas de su interés. Para el creador del blog es peor.
 
Los comentarios con spam suponen, para el autor de la bitácora, un gasto de tiempo, esfuerzo y recursos (el precio de la conexión a Internet, por ejemplo) a la hora de eliminarlos. Además, representa una clara violación de los fines o propósitos del autor del blog. Este propone mostrar sus ideas, vivencias o paranoias de distinto tipo y, de paso, establecer un diálogo sobre las mismas con sus lectores. El spammer hace un uso ilegítimo de un espacio puesto a disposición de los internautas con una finalidad radicalmente diferente.
 
A pesar de ello, la lucha contra el spam no parece considerar este frente importante. No hay que llevarse a engaños, mientras no se incluya el combate contra la basura publicitaria en la Red estará perdida.