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Una medida legítima mal explicada

Microsoft ha decidido, al parecer sin que lo supiera el mismísimo Bill Gates, cerrar los chats de MSN en 28 países y mantener el resto mediante suscripción. Según se anunció la medida, se multiplicaron las reacciones de asociaciones, organismos públicos y otras compañías del sector. Entre sus rivales hay quien ha llegado a calificarla de "irresponsable". En realidad se trata una media legítima y no están justificadas las acusaciones al fabricante de Windows de ejercer censura. Se trata de una empresa privada que tiene todo el derecho del mundo a ofrecer los servicios que quiera y dejar de hacerlo cuando lo considere adecuado. Se podría hablar de censura si tan sólo MSN ofreciera chats, pero no es el caso. Internet está lleno de salas de conversación gratuitas.

Otra cosa son las razones esgrimidas para justificar la medida. Microsoft dice que es su manera de luchar contra el spam, la pornografía e, incluso, la pedofilia y los abusos de menores. No cuadra, suenan a excusas para quedar bien de cara a la galería y no reconocer los auténticos motivos, que tampoco son ilegítimos. Es más que posible que las razones sean económicas. Por una parte es muy posible que los chats no generen los suficientes ingresos por publicidad y que la compañía haya calculado que en 28 países tampoco los generarían por suscripción. Por otra, la medida coincide con la fuerte apuesta que la empresa ha hecho por la nueva versión de MSN Messenger. De esta manera, Microsoft estaría intentando redirigir usuarios hacia su servicio de mensajería instantánea, fundamental en su modelo de negocio en Internet.

Las excusas de Microsoft son irresponsables, pues tan sólo sirven para aumentar el alarmismo alimentado desde los medios de comunicación tradicional. La compañía de Bill Gates da argumentos a la generalizada criminalización de Internet que constantemente hacen la prensa en papel, la televisión y la radio. De hecho, en Telecinco optaron por "completar" la noticia del anuncio de MSN con ejemplos de varios casos escabrosos en los que el contacto entre víctima y culpable se había producido a través de la Red.