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El PP no ha entendido nada

Cospedal debería reflexionar sobre la profunda fractura que se ha producido entre su partido y su base electoral.

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A tenor de la desabrida y torpe reacción que ha tenido la número dos del PP, María Dolores de Cospedal, tras los abucheos e insultos recibidos por varios miembros de la dirección de su partido durante la concentración convocada por las víctimas del terrorismo este pasado domingo en la Plaza de Colón de Madrid, habrá que colegir que no ha entendido nada de lo que allí paso y por qué paso. Y si no lo ha entendido la número dos, lo más seguro es que el número uno siga pensando que "está lloviendo mucho".

Cospedal habla de oído –se fía de lo que le ha contado Esteban González Pons– porque no estuvo en la concentración, cuando debió estar. Y en lugar de llamar ignorantes a los ciudadanos que libremente expresaron su profundo malestar con los dirigentes del PP por lo que consideran una política antiterrorista de Rajoy continuista de la practicada por Zapatero, debería reflexionar sobre la profunda fractura que se ha producido entre su partido y su base electoral en lo que se refiere a la lucha antiterrorista –pero no sólo en eso–. Una fractura que con toda seguridad se traducirá en una pérdida importante de votos en las próximas citas electorales, empezando por las elecciones europeas de mayo de 2014.

Pero en lugar de profundizar en las causas de ese divorcio, la secretaria general del PP ha preferido echar mano, lo cual ya es muy significativo, de los mismos argumentos que utilizaba el PSOE en la etapa de gobierno de Zapatero para desacreditar las movilizaciones de las víctimas: los incidentes los causaron sectores radicales, había banderas preconstitucionales y encima los que abuchearon a los dirigentes "demuestran ignorancia".

Podría haber contado hasta cien la secretaria general del PP antes de decir esas patochadas, o también podría haber meditado sobre lo que dijo Ortega Lara en la noche del domingo tras la concentración que hubo en Burgos:

Las víctimas estamos viviendo una ignominia. La culpa de esta situación es del Gobierno de Zapatero, que negoció con ETA, pero también del actual Ejecutivo, que ha seguido la hoja de ruta del anterior Gobierno y de ETA.

¿O acaso a la señora Cospedal Ortega Lara, secuestrado por ETA durante 532 días por ser funcionario de prisiones y militante del PP, le parece un radical y un ignorante? Porque, llegado a tal nivel de despropósito, todo es posible.

También podría la número dos del PP haberse fijado en el cartel que llevaba Consuelo Ordóñez, hermana del dirigente del PP de Guipúzcoa Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA en enero de 1995, y que rezaba: "Gobiernos PP-PSOE, Responsables Impunidad ETA". Pero no, seguramente para Cospedal Consuelo es también otra radical ignorante.

Pero, siendo grave lo que ha dicho la secretaria general del PP, lo es mucho más, insisto, el hecho de que tanto los actuales dirigentes del partido del Gobierno como los miembros de éste responsables de la política antiterrorista no den el menor síntoma de rectificación. También es verdad que para rectificar lo primero que hay que hacer es reconocer que el diagnóstico que se ha hecho estaba equivocado. Y aquí ocupa un lugar destacado el actual ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz.

Que el mismo día en que miles de ciudadanos salen a la calle para manifestarse junto a las víctimas del terrorismo con motivo de la derogación de la Doctrina Parot el ministro de Interior anuncie en una entrevista que en dos meses unos cincuenta etarras saldrán de la cárcel y añada que siente impotencia ante este hecho es un motivo más que suficiente para que el presidente del Gobierno lo cese fulminantemente. Los españoles no necesitan a un ministro de Interior que se siente impotente frente al desafío y a la ignominia que supone ver a tantos terroristas en la calle.

Si además ese mismo ministro interpreta que la sonrisa de la etarra Inés del Río al salir de la cárcel la pasada semana es un signo de la derrota de ETA, entonces tenemos un problema añadido: el ministro del Interior, además de sentirse impotente, demuestra que es un profundo ignorante de lo que es el mundo de ETA, y eso le descalifica para seguir un día más al frente de esa cartera. Pero que nadie espere que vaya a ser cesado, ya que su mayor mérito para ser ministro de Interior es que es amigo de Rajoy desde hace varios años, lo cual, como se puede comprender, es un motivo de mucho peso para sentarse en el Consejo de Ministros del Reino de España.

El PP tiene un grave problema: es ya bastante irreconocible para muchos ciudadanos que hace sólo dos años le dieron la mayoría absoluta para, entre otras cosas, acabar con ETA por la vía que habían utilizado los Gobiernos de Aznar, de los que Rajoy formó parte: aplicar la ley, solo la ley, pero toda la ley. Y además, si no es mucho pedir, respetar la Memoria, la Dignidad y la Justicia de las víctimas del terrorismo. Allá cada uno con su responsabilidad, porque, como escuché a muchos ciudadanos el pasado domingo en la Plaza de Colón, en las urnas nos veremos. Y no eran precisamente ultras, radicales ni ignorantes, señora Cospedal. Eran ciudadanos indignados, muy indignados, con su partido.

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