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Google y la extorsión francesa

Es lo malo del chantaje: cuando empiezas a pagarlo, ya tienes que hacerlo siempre.

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A los liberales nos miran raro cuando recordamos que los impuestos son dinero que nos quitan a punta de pistola. ¿Que no llama la Policía a tu puerta si olvidas accidentalmente rellenar el formulario H-3134-A correspondiente? Ya, bueno. Pero acabarás recibiendo requerimientos y terminarán llegándote papeles de un juzgado; y si sigues ignorándolos entonces quizá sí que te encuentres con unos señores uniformados en la puerta. No te apuntarán ni les hará falta hacerlo, pero tendrán las armas en el cinto. Y como lo sabes, no olvidas accidentalmente apoquinar.

Pero como a muchos nos han enseñado de pequeñitos lo bueno y solidario que es pagar los impuestos, que no tienen ese nombre por casualidad, a veces es conveniente ver esa extorsión mafiosa en otro contexto para contemplarla como lo que es. Un buen ejemplo es el culebrón de Google en Francia. Resulta que los diarios galos dijeron sentirse descontentos con los miles de millones de páginas vistas –con sus anuncios incluidos– que disfrutan gracias al tráfico que les envía Google a través de sus buscadores, el normal y el específico para noticias. Seamos claros: en realidad, la situación no les parecía mal. Si así fuera habrían seguido el ejemplo de sus homólogos brasileños e impedido a Google indexar sus páginas; es lo que los economistas llaman preferencias reveladas, y que traducido de la jerga significa que no son tus palabras las que dicen lo que quieres sino tus actos.

La prensa gala decidió que, además de los ingresos que traían bajo el brazo los visitantes provenientes de Google, querían que la multinacional norteamericana –y por tanto malvada por definición– les pagara una mordida por publicar titulares y extractos de sus diarios en los resultados de las búsquedas. Naturalmente, los periódicos franceses no son exactamente una fuerza a tener demasiado en cuenta por una empresa global, por más que, siendo periodistas y franceses, seguramente ellos sí lo crean así. Así que llamaron a Papá Estado para que obligara a Google a pagarles por su propio bien. Hollande, socialista y encima francés –que ya se sabe lo picados que están con eso de que internet sea un invento principalmente yanqui–, no se hizo de rogar. Clamó contra la empresa de Page y Brin y la amenazó con imponerles un impuesto que no dudó en calificar públicamente de "tasa Google", lo que deja a las claras su carácter de robo a mano armada a una víctima específica.

Estando el Gobierno francés dispuesto a hacer daño... y un volumen de negocio de 1.000 millones de euros anuales en juego, Google ha decidido ceder y pagar voluntariamente –usted ya me entiende– unos 60 millones de euros a la prensa gala. Lo ha hecho a su manera, eso sí. En primer lugar, dejando claro que no es una compensación por enlazar a los periódicos, pero también combinando el pago con la obligación de que estos diarios coloquen en sus ediciones online anuncios de Google, para recuperar al menos parte de ese dinero. No sé ustedes, pero yo no acabo de ver muchas diferencias entre este serial que acabo de resumirles y pagar a una mafia para no sufrir un accidente relacionado con pequeños objetos puntiagudos de metal extrañamente empeñados en introducirse en el cuerpo de uno.

El principal problema para Google no es tanto este acuerdo como el incentivo que supone para otros periodistas y otros políticos en otras latitudes. La pequeña pérdida que puede sufrir por este acuerdo se convertiría en una gran suma si empiezan a sumarse otros países a la extorsión al estilo francés. Es lo malo del chantaje: cuando empiezas a pagarlo, ya tienes que hacerlo siempre.

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