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El 'fracking' y los frikis

Los críticos del 'fracking' deberán ofrecer argumentos sólidos para convencernos a los que estamos a favor del desarrollo de la ciencia y la tecnología.

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Se equivocaron una vez. Alertaron de que 2012 iba a ser el año más cálido desde que tenemos registros científicos y en realidad le costará estar entre los diez más calientes desde 1850. Así lo ha demostrado el informe de temperaturas globales del Met Office del Reino Unido.

Se equivocaron otra vez. Nos convencieron de que el aumento de las temperaturas provocado por el calentamiento global estaba detrás del inédito incremento de la población de medusas en mares como el Mediterráneo. Hoy sabemos que el número de estos animales gelatinosos no está aumentando a escala global; más bien experimenta variaciones cíclicas naturales.

No contentos con eso, algunos grupos ambientalistas están dispuestos a volver a equivocarse. Esta vez, por oponerse frontalmente a la tecnología de fracking: el nuevo demonio contra el que las organizaciones verdes van a apuntar sus armas este año. Y como es evidente que oiremos hablar de ello mucho este año (y no siempre con el rigor necesario), mejor será que vayamos añadiendo argumentos a la cesta del debate.

¿Qué es el 'fracking'?

Conocido en español como fractura hidráulica, este método consiste en la inyección de agua a alta presión en rocas enterradas a más de 3.000 metros de profundidad. Con ello se consigue extraer una gran cantidad de gas encerrado en las rocas durante cientos de miles de años, que puede ser fácilmente utilizable como fuente de energía. España cuenta con importantes yacimientos de gas pizarra en algunas zonas de Cataluña, la cuenca de Guadalquivir y la cordillera Subbética, y ahora un buen puñado de empresas han iniciado las gestiones para proceder a su explotación. En Estados Unidos, el fracking es una tecnología de uso habitual desde hace 30 años. Hay medio millón de instalaciones de extracción repartidas por todo el país. Desde su puesta en marcha, la producción de gas se ha multiplicado por ocho. Para 2035 se prevé que la mitad del gas consumido en USA proceda de esta fuente, lo que aumentará evidentemente la independencia energética de la nación.

¿Qué efecto tiene el 'fracking' sobre la economía y el clima?

Una de las principales quejas de las organizaciones ecologistas contra esta tecnología es que contribuye al aumento de emisiones de CO2. Evidentemente, el uso de gas como combustible es más contaminante en términos de emisiones de efecto invernadero que recurrir a otras fuentes de energía, como la nuclear, la solar o la eólica. ¿Pero lo es frente al carbón y el petróleo? El gas pizarra emite la mitad de CO2, un tercio de óxidos de nitrógeno y menos de un 1% de óxidos de azufre que otras alternativas, como el carbón. En ese sentido, usar gas extraído por fractura hidráulica reduce la emisión de gases de efecto invernadero. Sólo existen algunas dudas fundadas sobre el aumento de las emisiones de metano que esta técnica exige. La industria debe mejorar este aspecto si quiere ser realmente competitiva en emisiones. Para hacernos una idea, en Estados Unidos, desde que el fracking es moneda común, se han reducido las emisiones per cápita de CO2 cerca de un 20%. Hoy están a niveles similares a los de 1961.

Por su parte, Europa parece empeñada en seguir la carrera contraria. Vivimos una especie de "edad dorada del carbón", como alertó recientemente la experta de la Agencia Internacional de la Energía Anne Sophie Courbeau. En algunos países la quema de carbón (el peor combustible en términos de emisiones contaminantes) ha aumentado un 50% en 2012. La combinación no puede ser más fatal: es lo que la revista The Economist ha llamado "el peor escenario energético posible". El aumento de la producción de gas pizarra en Estados Unidos ha conducido a los productores de carbón americanos a buscar nuevos mercados en Europa. Al mismo tiempo, el descenso en la demanda de China ha empujado los precios a una caída imparable. Entre agosto de 2011 y agosto de 2012 una tonelada de carbón redujo su precio en un 33%. Así que tenemos a un montón de productores de energía europeos dispuestos a comprar a precio baratísimo carbón que no quiere nadie en Estados Unidos ni en China, contaminando aquí y dejando el dinero al otro lado del charco.

Pero es que, incluso si lo comparamos con las energías renovables, la adopción del gas pizarra podría suponer una reducción de gases de efecto invernadero mayor que la obtenida por energía eólica o biofuel en todos los escenarios, salvo en uno: que sólo se produjera energía mediante tecnologías renovables, algo altamente idílico. Por si fuera poco, utilizar gas como combustible de automoción supone una espectacular mejora en las emisiones contaminantes. Según datos del Departamento de Energía de Estados Unidos, si todos los vehículos funcionaran con gas en lugar de gasoil o gasolina las emisiones de CO2 se reducirían en un 90%. Sí, lo sé, también es un planteamiento altamente idílico.

Comparando los costes y la eficacia de las medidas parece evidente que, tanto económica como climáticamente, el fracking ha ganado allá donde las políticas de subsidio de energías renovables, los protocolos internacionales y las tasas que graban emisiones han demostrado ser ineficaces.

¿El 'fracking' amenaza nuestras reservas de agua?

Es uno de los efectos secundarios más criticados de esta tecnología. No hay duda de que la fractura requiere grandes reservas de agua. El 30% de los millones de litros que se necesitan en cada explotación es agua perdida para siempre. El agua fue uno de los mayores obstáculos con los que se encontró la tecnología para implantarse en Estados Unidos. En realidad, la mayor parte de ese agua procede de acuíferos demasiado profundos para ser utilizados en el suministro potable de las ciudades. Los datos de las extracciones ya operativas nos pueden dar una idea. En Pennsylvania hay 2.916 licencias de explotación por fractura hidráulica. El estado consume unos 9.500 millones de galones diarios de líquido elemento (unos 35.000 millones de litros) De ellos, 1,9 millones se gastan en fracking, 62 millones en ganadería, 96 millones en minería convencional y 770 millones en la industria. No existen evidencias de deterioro de las reservas de agua en las zonas donde la extracción se produce, pero no cabe duda de que en un país como España, donde el equilibrio hídrico es tan precario, será necesario prestar especial atención a este punto.

Por otro lado, muchos ecologistas alertan de la posibilidad de que los acuíferos que surten de agua potable a las ciudades puedan ser contaminados por agua residual tóxica de los pozos de fracking. La realidad es que las inyecciones de agua para la fractura se realizan a una profundidad tal que parece casi imposible que el agua residual supere todas las barreras geológicas hasta llegar a filtrarse en una bolsa de agua potable (cientos de metros más arriba). El líquido usado, que está enriquecido con aditivos, es demasiado denso para filtrase hacia arriba más de 3.000 metros. De todos modos, no existe riesgo cero. De las decenas de miles de extracciones realizadas en Estados Unidos, se tiene constancia de al menos dos contaminaciones de depósitos de agua potable para uso civil. En ambos casos, el acuífero de agua potable estaba demasiado cerca de la extracción de gas. Las autoridades tienen y deben tener potestad para garantizar el cumplimiento de las medidas de seguridad y revocar las licencias que no se ajusten a ellas.

¿Produce el 'fracking' microterremotos?

Permítanme que en esta respuesta me extienda justo lo que la pregunta requiere. No, de ninguna de las maneras, no existe ninguna posibilidad y pensar lo contrario es una absoluta falta de rigor científico.

Las voces que se alzan ahora contra el fracking (excluyendo los exóticos críticos que quieren hacer negocio con el miedo de los ciudadanos a los terremotos, como si fueran remedos frikis de Erin Brockovich) deberán ofrecer argumentos sólidos para convencernos a los que siempre hemos estado a favor del desarrollo de la ciencia y la tecnología. En los próximos meses tendremos más de una ocasión para conocerlos. Veremos si aciertan con el tiro u ocurre como con las medusas.

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