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Sarkozy y el PP

Se necesita traductor

La victoria de Sarkozy el domingo es muy verosímil. También lo es que su margen de maniobra resultará pequeño. Jorge Vilches lo ha explicado muy bien aquí mismo. Sarkozy se ha atrevido a proponer que los franceses "sólo" tengan que entregar al Estado la mitad de lo que ganan en un año, es decir la mitad de su tiempo y de su trabajo. Una tal propuesta le ha valido la acusación de ultraliberal peligroso. Está claro que la sociedad francesa padece una crisis moral muy seria.

Dicho esto hay que reconocer un hecho fundamental. Y es que Sarkozy ha cambiado el marco del debate político en Francia, que es tanto como cambiar las referencias del debate público en el corazón mismo de la vieja Europa.

Los cambios se habían producido hasta ahora en la periferia, ya fuera en los países nórdicos, en los del Este, en Gran Bretaña, siempre excéntrica, y en España, que también lo era pero estaba en vías de liderar la nueva Europa... hasta que llegó Rodríguez Zapatero y nos colocó a la cola de los Castro, los Chávez y los Morales de este mundo. Con muchos derechos sociales, eso sí.

Puede que lo dicho por Sarkozy no tenga consecuencias prácticas demasiado grandes a corto plazo. Habrá de ser prudente si no quiere que se le echen encima sindicatos, estudiantes, funcionarios y en general todos los franceses y las francesas parásitos, infantilizados y vagos, aterrados ante cualquier cambio.

Pero también es cierto hace mucho tiempo que no se escuchaba una apelación como la que ha hecho a los valores (la dignidad del trabajo, la libertad, el sacrificio, la religión, aunque sea disfrazada de "espiritualidad") y a la identidad, es decir a Francia, a la patria llamada otra vez a protagonizar la acción política. Si Sarkozy ha encabezado las encuestas es por haber tocado esa fibra y recurrido a esos argumentos. Más aún, en el caso improbable de que no salga elegido, Sarkozy sabe que ha marcado las reglas para los próximos años.

Para el Gobierno de Rodríguez Zapatero, la victoria de Sarkozy resultará devastadora. Dejará aislada a España y la enviará aún más atrás entre las nuevas amistades forjadas en estos años, los estados neocomunistas o directamente terroristas.

En cambio, sólo lo que está diciendo Sarkozy abre una oportunidad para el PP. En buena medida, Sarkozy está articulando un discurso para una acción política que en España está hecha, aunque sea a medias. Sarkozy dice más de lo que puede hacer. En España, la derecha dice menos de lo que hace. Peor aún, dice mucho menos de lo que su electorado le pide que diga. Y sin necesidad de elevar el tono ni de hacer tanto teatro como "Sarko".

Si los tabúes y la censura impuestos por la izquierda se han empezado a resquebrajar en un país tan intervencionista y estatalizado como Francia, no hay razón alguna para seguir rindiéndoles culto en un país como el nuestro, donde hace tiempo que se desplomaron y todo el mundo sabe ya dónde acaba siempre el progresismo: en las herrikotabernas y en los restaurantes de superlujo. En resumen, se necesita traductor.