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José Luis Rodríguez Zapatero ha presentado su séptimo plan para superar una crisis de la que no dio noticia hasta ganar las pasadas elecciones. Escribimos el ordinal con reservas, pues al ritmo que van los seiscientos asesores de La Moncloa, es probable que cuando lea este artículo vayamos ya por el noveno, y subiendo.
Este séptimo conjunto de medidas presentado por Zapatero a la sociedad es algo más ambicioso que los intentos de Sebastián por resolver por sí solo la crisis que nunca existió, a base de repartir bombillas de bajo consumo a razón de dos por español, porque un líder que se precie no puede tolerar que sus ministros le arrebaten el mérito de solucionar los grandes problemas del país. Así pues, ZP se ha puesto en marcha y en poco más de dos meses ya ha producido un par de kilos de papel llenos de programas a cual más imaginativo. Lo de mandar a los puretas a hacer "turismo social" es, qué duda cabe, todo un hallazgo que la ciencia política incorporará a su acervo para enseñanza de las futuras generaciones de dirigentes progresistas. En efecto, mientras los parados de larga duración estén paseando por las playas desiertas de Benidorm no andarán rumiando su desgracia, que es algo que un Gobierno socialista no puede tolerar ya que su primer objetivo es, como es sabido, que todos seamos felices.
Pero como la gente tiene la fea costumbre de comer todos los días y, eventualmente, pagar el recibo de la hipoteca, no sería de extrañar que con esto del turismo social-ista surgiera un pintoresco mercado negro, a través del cual los agraciados con la pedrea zapateril revendieran al vecino una semana en Torremolinos a precio de ganga. Total, si lo único que proponen los socialistas es cambiar el dinero de bolsillo entre unos ciudadanos y otros –lo de crear riqueza es cosa de fachas–, qué más da que en el proceso se perfeccione por la iniciativa privada de los actores comerciando con la gabela que les cae del cielo.
Los planes quinquenales de ZP van a correr la misma suerte que los de sus predecesores en la tradición marxista. No sólo no van a solucionar problema alguno, sino que esa nueva dosis de coacción institucional agravará la situación de los que ya están sufriendo graves problemas económicos. Porque las Zapatero’s Holidays se acaban, la gente vuelve del balneario y se topa de nuevo con la realidad de que no tiene trabajo ni perspectivas de encontrar un puesto a corto plazo. Y eso no se resuelve embargando la prosperidad de las generaciones futuras, que tendrán que enfrentarse al déficit público actual con una fiscalidad futura prácticamente confiscatoria dada la prodigalidad de ZP, sino reduciendo el gasto estatal y bajando los impuestos para que los individuos y las empresas tengan más recursos a su disposición. Los Gobiernos no solucionan las crisis económicas. Al contrario, las provocan. Y en casos como el de ZP, además las agravan. Y encima, este nuevo plan de Zapatero, como los seis anteriores, va exactamente en contra de uno de los preceptos del Decálogo, casualmente también el séptimo. ¿Lo recuerdan?Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.
Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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