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El error de crear naciones de la nada

Aunque fuera lo único que se lograra con la guerra de Irak, se debería eliminar el concepto de nation-building de nuestro idioma y nuestras mentes. "El historial del nation-building y de la grandiosidad wilsoniana debería dar que pensar a todos", como dije en una columna antes de que comenzara la guerra. Ahora podemos añadir lo sucedido en Irak a la lista de desastres.

La existencia misma de Irak es el resultado de las grandiosas ideas de Woodrow Wilson sobre el "derecho de autodeterminación de los pueblos", que condujeron al desmembramiento del Imperio Otomano a manos de las victoriosas potencias aliadas tras la Primera Guerra Mundial. Algunos de los conflictos más encarnizados e insolubles de nuestros días han nacido en países esculpidos a partir del Imperio Otomano, ya sea en los Balcanes o en Oriente Medio.

No se puede convertir un territorio y su población en una nación que funcione con a golpe de bolígrafo o dibujando líneas en un mapa. Las verdaderas naciones se desarrollan a lo largo del tiempo debido a que los pueblos se acomodan a vivir juntos, no imponiendo de golpe las brillantes ideas de los teóricos.

Una parte nada despreciable de los problemas de los países africanos procede del hecho de que la mayor parte se convirtieron en naciones sólo cuando los conquistadores se repartieron en el territorio africano en función de sus intereses. No había ninguna nación de Nigeria hasta que los británicos trazaron algunas fronteras sobre un mapa y le pusieron este nombre. No hay razón para pensar que tal nación pudiera haber nacido por su cuenta, teniendo en cuenta la hostilidad entre los pueblos que residen en ese enorme territorio.

Irak es una lección de libro en otro sentido. Rara vez se oye hablar de la zona del país controlada por los kurdos porque viene siendo la región más pacífica y ordenada, y a los medios les atrae la muerte y la destrucción. En su profundo libro Asaltado por la realidad, John Agresto afirma: "No creo que ningún americano, soldado o civil, haya sido asesinado o siquiera herido en el Irak kurdo desde que comenzó la guerra, o quizá nunca". Los kurdos son un pueblo. No son sólo unas cuantas personas reunidas por otros que dibujaron fronteras en un mapa. Tenían sus propios líderes antes de que hubiera elecciones nacionales en Irak.

Como precisa Agresto, la democracia es un medio, no un fin en sí mismo. El libro de Natan Sharansky La defensa de la democracia explica muy convincentemente las ventajas tanto internacionales como domésticas de la democracia, viéndola como la clase de gobierno que reduce los riesgos de que haya guerras. El presidente Bush se convirtió en un entusiasta de esa idea y pasó horas hablando con Sharansky en la Casa Blanca.

Quizá debiera haber pasado algo de tiempo hablando con Amy Chua, cuyo libro El mundo en llamas señala que la democracia, en ciertos tipos de sociedad, es una receta para el desastre, pese a lo valiosa que haya podido ser en las naciones occidentales.

Democracia significa elecciones, no libertad. Cuando mezclamos los dos conceptos nos confundimos y confundimos a los demás. Gran Bretaña era un país libre mucho antes de ser democrático. En Alemania, Hitler salió elegido en unas elecciones. En gran parte de África, la democracia ha significado en la práctica "un hombre, un voto, una vez", ya que los líderes elegidos ponen fin tanto a las elecciones como a la libertad. Sería maravilloso tener naciones libres y democráticas por todo el mundo y probablemente eso reduciría los conflictos militares, como dicen Sharansky y otros muchos. Pero no garantizamos la libertad celebrando elecciones.

Según John Agresto, en Irak "el gobierno 'democrático' que ahora se atrinchera en Bagdad es tan sectario e incompetente como el de nuestras peores pesadillas". Siendo reacio a decir que la invasión de Irak, "como se concibió originalmente", fue un error, teme que se haya convertido en "una tragedia".

Esto no es un argumento a favor de la retirada. Cualquiera que fuera la situación cuando atacamos, terroristas de todo el mundo han elegido convertir Irak en el lugar de una batalla campal. Podemos ganar o perder esa batalla, pero no podemos poner fin unilateralmente a la guerra. Es la guerra de los terroristas, al margen de dónde se libre.

Thomas Sowell es doctor en Economía y escritor. Es especialista del Instituto Hoover.

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