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Estrategias Zoológicas

El futuro electoral.

El futuro electoral.

El reloj electoral avanza inexorable, tan lento para unos y tan veloz para otros. Y, entre encuesta y encuesta -incluidas las del inasequible al desaliento Tezanos, que trata de convencernos de que cuantos más imputados tenga el PSOE (ya ha superado a su número de diputados: 126 frente a 122) mejores resultados tendrá- los partidos van estableciendo sus respectivas estrategias, algunas de las cuales me resultan -lo confieso- verdaderamente difíciles de entender.

El PSOE opta por la estrategia del avestruz: meter la cabeza bajo la tierra, negar la realidad, como los bebés que juegan al "tras, tras" y piensan que cuando cierran los ojos desaparecen, esperando que escampe o se produzca un milagro. Si hay una condena, es *lawfare*. Si hay un problema, es mala suerte. Si no se construye vivienda, si el coste de la vida está disparado o si choca un tren… la culpa es de Rajoy, Aznar, Ayuso, Javier Milei o Trump, según la ocasión lo requiera. En cualquier caso, Pedro Sánchez no puede verse salpicado nunca de casos que afecten a sus secretarios de organización, a sus ministros, a su jefes de gabinete, a sus directores generales, a su hermano o a su mujer… nunca supo nada.

El Partido Popular sigue la estrategia de la tortuga: creen, ingenuamente, en la fábula de Esopo en la que su constancia les dará la victoria frente a la liebre. Pero esto no es un cuento, y en política, los frutos no caen del árbol si no se agitan. Torpeza tras torpeza, error tras error -en las formas y en el fondo y con algunos portavoces del partido, como Miguel Tellado, que merecen la Medalla al Mérito Socialista por sus impagables servicios- lunes, miércoles y viernes tratan de adelantar a VOX por la derecha, y martes, jueves y sábados, se visten del sacrosanto manto de la responsabilidad institucional para que nada cambie. Los domingos, descansan y reflexionan sobre por qué su indecisión no les hace ya acreedores de una mayoría absoluta incontestable pese a la debacle socialista.

La estrategia de VOX es más bien la del loro: se trata de repetir muchas veces las consignas, incluso sin sentido y sin neuronas. Saben que mucho de lo que predican no es ni legal, ni moral ni pragmáticamente posible. Retuercen la verdad y los datos hasta adaptarlos a su doctrina, y en condiciones normales tendrían menos posibilidades de gobernar que un espía sordo. Pero son tantos los errores y los horrores entre PSOE y Partido Popular, que todo es posible. Y, mientras tanto, han convertido su existencia en la mejor excusa y coartada para que Sánchez siga en La Moncloa: el miedo al lobo de la extrema derecha cada vez funciona menos con los electores, pero no pierde eficacia con sus socios coaligados.

En cuanto a Sumar y Podemos -somos lo mismo, pero no somos iguales- están entre el cuco, que pone sus huevos en otro nido, y nunca tendrán casa propia, y el tiranosaurio rex, que da fieros gritos, pero con bracitos muy cortos y condenados a la extinción. El PNV se ha ido ahorcando lentamente en su propia trampa de boa constrictor que un día fue capaz de condicionar gobiernos hasta la asfixia, está a punto de ser devorada por los buitres carroñeros de Bildu, cuya mayor ventaja es no tener escrúpulos de ningún tipo con tal de avanzar en sus objetivos.

¿Y qué decir de los partidos catalanes? Junts, es una asombrosa ave fénix que recupera aliento de vida -a pesar de que todos le daban por amortizado a favor de la extrema derecha independiente de Aliança Catalana- gracias al Tribunal Europeo, con la inestimable ayuda del Gobierno socialista y su domesticado Tribunal Constitucional, empeñados en darle siempre una vida más. En cuanto a ERC, se debaten entre galgos y podencos, con una terrible guerra interna soterrada entre el "enfant terrible" Gabriel Rufián, tan ególatra e independentista que quiere liderar a la extrema izquierda española, y la vía sosegada pero mucho más digna y coherente de Oriol Junqueras, que busca recuperar el liderazgo independentista en Cataluña.

Y a Coalición Canaria (me va a caer una bronca por esto) con sus exiguas fuerzas, le queda la estrategia del camaleón. Solo tiene una diputada, extremadamente valiosa y valorada como es Cristina Valido. Sus esperanzas están en reunificar las fuerzas nacionalistas de los municipalistas de Primero Canarias, para doblar al menos su presencia en las Cortes y dar la puntilla definitiva a los zombis de Nueva Canarias (están muertos, pero aún no lo saben). El problema está en que su propia debilidad les obliga a mantener una vela a Dios y otra al Diablo: no pueden dar el portazo al PSOE que desearían mientras tenga que seguir negociando con ellos aspectos esenciales para un Archipiélago que estructuralmente tiene tantos problemas y necesita del oxígeno del Gobierno central. Pero les es cada vez más difícil explicar a sus propios votantes su posición, porque buena parte de ellos la consideran demasiado tibia y dudan si vale la pena. Tampoco pueden fiarse del todo de sus socios del Partido Popular en el Gobierno de Canarias, o mejor dicho, sí de quien los lidera oficialmente, pero no de las facciones insulares que, especialmente en La Palma, Fuerteventura y la patita que empiezan a asomar en Lanzarote, donde les puede más su soberbia que su sentido común.

Mientras tanto, una duda les corroe a todos: ¿habrá adelanto electoral? Solo Dios (o sea, Pedro Sánchez) lo sabe. No depende del interés de España, ni siquiera del interés de su partido. Solo depende de si las circunstancias, y muy especialmente las judiciales, le obligan a hacerlo contra su voluntad. Ya tienen el relato preparado para la ocasión: un proyecto de Presupuestos absolutamente imposible de aprobar, pero idealizado como el perfecto escudo social que el país necesita, pero al que los malvados se oponen. ¿Mi apuesta? Noviembre. Ya veremos…

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