
Esta misma semana hemos sabido, por una de esas informaciones que los partidos jamás cuelgan en sus webs, que Patricia Hernández ingresa unos 5.700 euros netos al mes sin gestionar un solo servicio público. secretaria segunda de la Mesa del Parlamento, concejala en la oposición de Santa Cruz de Tenerife y veintidós años seguidos viviendo del cargo desde que pisó el Senado en 2004. Seis veces lo que gana de media un vecino de Ofra, el barrio al que dice representar y amar tanto. Conviene empezar por aquí porque la nómina es lo único estable que ha tenido su carrera. Todo lo demás ha sido un reguero de pactos rotos, ceses fulminantes y mociones de censura.
Los números del desalojo hablan solos. Dos veces ha tocado poder de verdad y las dos veces la sacaron antes de tiempo. Fernando Clavijo la cesó como vicepresidenta en diciembre de 2016 y dio por muerto el pacto entre Coalición Canaria y el PSOE. Después, el bastón de Santa Cruz le duró trece meses, hasta que una moción de censura devolvió la alcaldía a Bermúdez. Un desalojo puede ser mala suerte. Dos en menos de cinco años empiezan a parecer una costumbre, y las costumbres, en política, retratan.
La primera caída tuvo su miga. La versión que circuló entonces por los pasillos de Presidencia cuenta que mientras despachaba como vicepresidenta de Clavijo se cocinaba en Madrid una moción de censura promovida por ella contra su propio presidente, con el PP como socio de derribo. Los populares no quisieron la faena y Clavijo, que se entera de las cosas como se entera todo el mundo en esta tierra, es decir antes de que ocurran, no esperó a la segunda intentona. La echó del Gobierno el 23 de diciembre. Hay quien conserva peores recuerdos de una Nochebuena.
De aquella etapa quedó además una estampa de costumbrismo insólito. Teniendo su casa en el barrio de La Salud, decidió mudarse a vivir a la mismísima sede de Presidencia del Gobierno, y más de un funcionario se la cruzó paseando en bata por las zonas nobles en plenos actos oficiales. Hubo que llamarla al orden varias veces. Se comenta que hasta los escoltas acabaron bajando su perro a la calle a hacer sus necesidades, porque el animal también vivía allí. Cada cual entiende la dignidad institucional a su manera.
Sobre su preparación no hace falta teorizar demasiado. Quien tenga memoria de la campaña de 2015 recordará el apuro de aquella entrevista en la que la candidata socialista a la Presidencia del Gobierno de Canarias no supo explicar qué era el PIB. Aspiraba a dirigir la economía de dos millones de personas sin manejar la sigla que la resume. Su déficit técnico, por no llamarlo "ignorancia supina" lo resolvió siempre de la misma manera, rodeándose de hombres que le explicaran los papeles.
El más constante fue Antonio Olivera, al que ella descubrió y aupó dentro del partido. Al lector le sonará el nombre por su carrera posterior, viceconsejero de la Presidencia con Ángel Víctor Torres, luego jefe de gabinete del ministro, y dimitido en abril de 2025 cuando las mascarillas de la trama Koldo le salpicaron el traje. Sus comparecencias en la comisión de investigación del Parlamento canario envejecieron mal, porque las grabaciones y los mensajes que fueron aflorando dejaron sus versiones a la altura del betún. Ese era el traductor de cabecera. Quien conoce los pasillos del consistorio durante el mandato de Patricia asegura, además, que Olivera hacía allí bastante más que traducir. No me negarán que Olivera se merece una editorial entera para él solo.
Su llegada a la alcaldía ya avisaba de lo que vendría. Se sentó en el sillón el 15 de junio de 2019 con los votos de Matilde Zambudio y Juan Ramón Lazcano, dos concejales de Ciudadanos -Cs- que desobedecieron la orden expresa de su partido y fueron expulsados ese mismo día. Aquella operación venía atada y desde las alturas de Ifara y antes de las urnas por un afiliado de Cs en Santa Cruz de Tenerife, responsable paradójicamente también de la planificación y ejecución de la moción de censura un año después contra Patricia Hernández que acabó con lo que ella llamaba "el sueño de su vida". Qué cosas, ¿no? El que te puso, también te sacó. Yo no estuve en esa habitación, pero he visto pocas desobediencias tan bien sincronizadas.
Y luego gobernó, por llamarlo de alguna manera. Trece meses dan para poco, aunque dan para elegir, y ella eligió deshacer. Su mandato se recuerda por lo que frenó y por las cuentas que intentó saldar con la etapa anterior. Nadie recuerda una obra con su firma que siga en pie. El episodio más grave llegó en febrero de 2020, con la peor calima en cuarenta años cayendo sobre la isla, los ocho aeropuertos cerrados durante 42 horas y los técnicos aconsejando activar el plan municipal de emergencia y suspender los carnavales. Suspendió el sábado noche a regañadientes, cuando los informes del Gobierno de Canarias no le dejaron alternativa, y al día siguiente sostuvo el carnaval de día con más de 55.000 vehículos entrando en la capital bajo un cielo naranja lleno de partículas dañinas para la salud que recomendaba quedarse en casa. Su balance oficial fue que solo cinco personas pasaron por el hospitalito del recinto con problemas respiratorios, dos de ellas asmáticas. Semanas más tarde, un estudio con firmas del comité científico asesor del Gobierno apuntó que aquella fiesta funcionó como propagador del coronavirus. El 1 de abril Tenerife registraba 108 casos por cada cien mil habitantes y Gran Canaria 44. Hay familias en Santa Cruz que todavía hacen esa cuenta con nombres y apellidos de fallecidos.
El confinamiento tampoco la volvió prudente. Con la ciudad encerrada y los telediarios contando muertos por centenares, a la alcaldesa le dio por gastarse 15.000 euros en contratar una plataforma remolcada por un vehículo, cargadas de altavoces, para pasear música a todo volumen por los barrios de Santa Cruz. Y subida a aquella plataforma, bailando salsa para que los vecinos la vieran desde los balcones, iba la alcaldesa. Quien viviera aquel encierro en la capital recordará el apodo que le puso la calle, que siempre ha tenido mejor puntería que cualquier gabinete. "La Caravana de la Muerte", la llamaron. Pocas imágenes resumen mejor un mandato entero. Ella bailando sobre un remolque alquilado mientras la ciudad contenía la respiración.
Quienes la trataron de cerca en aquellos meses describen a una mujer devorada por un agravio de clase, convencida de que la ciudad de los apellidos y las sociedades centenarias la miraba por encima del hombro y con un halo de envidia y frustración digna de los regímenes dictatoriales comunistas más recordados de la historia. En corrillos llegó a prometer que acabaría con alguna de esas sociedades privadas de toda la vida, como son el Real Club Náutico de Tenerife o el Real Casino de Tenerife. Sin expediente, sin motivo, por las ganas. Faltó el ¡Exprópiese! de turno.
Y en los mentideros de la plaza se contó siempre que la alcaldesa lució hechuras de dos diseñadores muy famosos de la ciudad, y que aquellas vestimentas se culminaron gracias a "treinta mil razones" facilitadas por un empresario de los que viven de los eventos que se celebran en la ciudad. Ni factura, ni registro, ni etiqueta, ni explicación. Juzgue cada cual qué sentido tiene que quien contrata con el municipio "ayude" a vestir a quien lo gobierna. Sin duda, este tema se tratará de manera especial en futuros artículos.
Concedámosle lo que es suyo. Fue la primera mujer en ocupar la alcaldía de Santa Cruz en toda la historia de la ciudad, y eso quedará escrito. Tiene además un olfato de superviviente que ya quisieran muchos doctores en ciencia política. El problema es que ese olfato le sirve para durar, jamás para construir. Y lo malo para su partido es que su sola presencia en política es razón suficiente para que ningún otro partido se plantee siquiera pactar con el PSOE de Patricia Hernández.
Pero sin duda alguna, volverá a intentarlo, porque siempre vuelve. Ya se los aseguro yo. Mientras tanto, cada fin de mes, la transferencia llega puntual. Es la única gestión que en veintidós años no le ha fallado nunca.
Este ha sido solo el primer trazo del retrato. Cada uno de los asuntos que aquí apenas he rozado, su expulsión del Gobierno de Canarias, la mano que pone y quita alcaldesas, los traductores de cabecera, la caravana, las treinta mil "razones", tendrá su propia entrega, tratada en profundidad y con datos que acercarán a la audiencia al personaje bastante más de lo que al personaje le va a gustar.
