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La Gomera dopa su comercio con 1,1 millones de dinero público para maquillar el verano

La Gomera dopa su comercio con 1,1 millones en bonos, un parche intervencionista que maquilla con dinero público la asfixia del sector

La Gomera dopa su comercio con 1,1 millones en bonos, un parche intervencionista que maquilla con dinero público la asfixia del sector
LD Canarias

El Cabildo de La Gomera celebra la venta de 57.645 bonos de consumo como un triunfo de gestión. Sin embargo, detrás de la inyección de 1,1 millones de euros en los comercios locales se esconde una profunda anomalía económica: la sustitución del libre mercado por el dirigismo institucional. La campaña estival ‘Yo compro en La Gomera’ no genera riqueza nueva, sino que redistribuye el dinero del contribuyente para crear una demanda artificial en meses donde la actividad natural decae.

El presidente insular, Casimiro Curbelo, presentó los datos como un balón de oxígeno para las familias y el pequeño comercio. La realidad en el mostrador es más cruda. Las familias recurren a estos bonos arrastradas por la inflación, mientras el comerciante se ve obligado a depender de campañas públicas intermitentes para cuadrar su caja, en lugar de operar en un entorno de baja presión fiscal que le permita ajustar precios y competir por sí mismo.

Dinero cautivo y dependencia

La mecánica del bono de consumo representa la antítesis de la libertad económica. La Administración recauda impuestos, retiene una parte y devuelve el resto al ciudadano con condiciones estrictas sobre dónde y cuándo gastarlo.

La consejera de Turismo y Comercio, María Isabel Méndez, aseguró que este mecanismo fortalece la "competitividad" de los negocios. Resulta paradójico vincular la competitividad al subsidio. Un comercio se vuelve competitivo cuando innova, ajusta sus márgenes o mejora su servicio, no cuando el poder político financia las compras de sus clientes.

El parche frente a la reforma estructural

Vender bonos para evitar el colapso estival de las ventas evidencia un problema de fondo en el tejido productivo canario. El verano, marcado por el descenso del turista peninsular e internacional en las islas no capitalinas, deja al descubierto la fragilidad de un modelo asfixiado por la burocracia y los costes laborales.

En lugar de aplicar bajadas de impuestos que dejen el dinero de forma permanente en el bolsillo de los gomeros, las instituciones optan por el titular a corto plazo. El comercio sobrevive un verano más, sí, pero lo hace un poco más adicto al respirador de la Administración y un poco más alejado del mercado real.

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