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Castilla y León

El cisma de las monjas de Belorado, una cuestión de poder: "La abadesa quería perpetuarse"

Este miércoles, 29 de mayo, las monjas perpetuas del monasterio debían haber elegido a otra hermana para gobernar el convento.

Este miércoles, 29 de mayo, las monjas perpetuas del monasterio debían haber elegido a otra hermana para gobernar el convento.
Sor Isabel llevaba 12 años como abadesa y no podía renovar en el cargo. | Europa Press / Captura de video

Hasta la ruptura con Roma anunciada el pasado 13 de mayo por las monjas clarisas de los monasterios de Belorado y Orduña, Sor Isabel de la Trinidad tenía las horas contadas como madre abadesa. Este miércoles, 29 de mayo, ella debía haber abandonado su cargo -tras agotar todas las vías posibles para mantenerse en el mismo, después de doce años al frente del convento- y se tenía que haber elegido a otra hermana para que ocupara su lugar.

Según han explicado fuentes eclesiales a Libertad Digital, "las abadesas y prioras, como los abades y priores, se eligen trienalmente". El órgano encargado de hacerlo es el ‘Capítulo’, formado por las monjas perpetuas de un monasterio (novicias y temporales no tienen derecho a voto). Y Sor Isabel de la Trinidad "no era elegible". Llevaba doce años en el cargo, el máximo permitido.

La actual abadesa había cumplido los dos trienios ordinarios y otros dos extraordinarios. "Los dos primeros trienios es el ‘Capítulo’ el que elige, pero para el tercero hay que pedir un permiso especial a Roma. Y para el cuarto, igual. Después es imposible renovar en el cargo", añaden las mismas fuentes. Sor Isabel de la Trinidad lo había intentado todo para mantener su poder.

La abadesa es la encargada de "gobernar espiritual y materialmente un convento" y se había instalado en esa posición dominante. "El problema de Belorado es de abuso de poder. Quería perpetuarse y lo ha demostrado", aseveran. "Ella intentó crear una fundación o una nueva orden para haber continuado, pero no lo consiguió. No reunía las condiciones, que son muchas. Y ellas son sólo quince hermanas", exclama.

Abrazadas a la secta

Cabe recordar que eran dieciséis hasta que produce el cisma. Sor María Amparo abandonó el convento tras el desembarco de Pablo de Rojas, un obispo excomulgado que lidera la Pía Unión de San Pablo Apóstol y ahora tutela a las clarisas de Belorado y Orduña. Las religiosas -según han señalado en su manifiesto- ahora rechazan el concilio Vaticano II, al que hacen referencia como el "mayor latrocinio de la historia".

Consideran que ha robado la fe a miles de millones de creyentes "tras la bandera de la apostasía" y acusan de herejes a todos los papas posteriores a Pío XII, tal y como defiende la Pía Unión fundada por De Rojas en 2005. Sor María Amparo no dudó en tachar de "secta" al grupo al que se han encomendado sus hermanas clarisas de Belorado y pone en duda que todas las religiosas del convento estén de acuerdo, como señaló en una entrevista concedida al Diario de Burgos.

De las quince monjas que quedaron tras su marcha, una es la propia abadesa. Y de las catorce restantes -nos advierten las fuentes eclesiales consultadas- "lo que ocurre es que hay nueve jóvenes que la siguen y hacen lo que ella quiera". En este caso, las habría llevado a romper con Roma y abrazar las doctrinas del líder de la Pía Unión, un obispo thucista, tradicionalista y antivacunas que dice ser el depositario de la "verdadera" Iglesia Católica.

¿Serán excomulgadas?

"Se encontraron el hambre y las ganas de comer", afirman las mismas fuentes sobre la relación de Pablo de Rojas y Sor Isabel de la Trinidad. Según nos aseguran, hasta el 12 de mayo que hizo público el manifiesto "en representación de todas las hermanas" (se demostró que no con la salida de Sor María Amparo), la abadesa "no había mostrado dificultad con Roma". Ni una palabra de esas supuestas diferencias doctrinales.

A partir de ahora, nos comentan, se abre "un proceso canónico que irá encaminado a la excomunión" de las hermanas cismáticas y otro de "rescisión del contrato de Orduña". "Llevarán su tiempo, pero no hay otro camino", explican. Eso sí, "ellas siempre se pueden retractar ante la Iglesia". "La excomunión es una pena medicinal. Si vuelven a la doctrina católica, se levanta".

"La misericordia es más grande que todas las cosas", indican estas fuentes eclesiales que -por otra parte- restan importancia a la posible motivación económica de la rebelión montada por la abadesa. "La operación inmobiliaria es lo de menos porque el convento de Orduña ni era de ellas, ni habían pagado", señalan. "En el convento había problemas económicos por mala gestión", sentencian.

El conflicto inmobiliario

Lo que sabemos del mencionado conflicto inmobiliario es que la abadesa señaló que uno de los motivos de la ruptura con Roma era la decisión de "bloquear" su solicitud para vender un convento en desuso que es de su propiedad en Derio (Vizcaya), ya que esto les habría impedido comprar el monasterio de Orduña a la Diócesis de Vitoria, con la que ya tenían un acuerdo de compraventa.

Lo cierto es que en el momento de la firma realizaron un desembolso inicial de unos 100.000 euros y después no han efectuado ninguno de los pagos establecidos en el contrato. La abadesa planteó que un benefactor abonara el millón de euros que quedaba pendiente, de manera que éste pudiera transferirles la titularidad del convento cuando a la comunidad le fuese posible devolverle el dinero.

Roma rechazó el planteamiento ante las dudas sobre la identidad del comprador. A la vista de los acontecimientos, a nadie se le escapa que todo apunta a que Pablo de Rojas y su organización estarían detrás de la operación inmobiliaria propuesta por la abadesa. Por su parte, las clarisas de Vitoria anunciaron en 16 de mayo que recurrirían a los tribunales para anular la venta del monasterio de Orduña.

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