
"Hay regularmente ingresos mensuales en las cuentas a las que no tenemos acceso", se lamentaba la exmonja clarisa Isabel Jiménez (antes sor Israel) el pasado viernes a través de la cuenta ‘Te hago luz’ en Instagram. Se trata de una de las diez religiosas del Monasterio de Nuestra Señora de Bretonera en Belorado (Burgos) que fueron excomulgadas y expulsadas de la vida consagrada el pasado 22 de junio, tras comprobar que habían decidido voluntariamente romper con Roma y -por ende- salir de la Iglesia Católica.
Sin embargo, nueve de ellas (sor Paz se marchó en agosto) continúan en el interior del cenobio -que pertenece a la comunidad de hermanas clarisas de la que ya no forman parte-, exigen que se les siga pagando su seguridad social -al comisario pontificio, ante el que no responden- y pretenden cobrar la pensión de las cinco hermanas mayores que habitan en el convento -que están ajenas al cisma- para disponer libremente de su dinero. "No se destina a nosotras ni a nuestras hermanas mayores", añadía Isabel Jiménez en un video a modo de postdata.
Veamos qué hay de cierto en todo esto. Fuentes cercanas a la comunidad de clarisas excomulgadas detallan a Libertad Digital los gastos que -a día de hoy- siguen asumiendo tanto la Comisión Pontificia a la que se le ha encomendado la gestión de esta crisis (encabezada por el arzobispo de Burgos, Mario Iceta) como la Federación de Clarisas de Nuestra Señora de Arantzazu (a la que pertenecían las cismáticas y a la que siguen perteneciendo las hermanas que legítimamente siguen en la comunidad monástica de Belorado).
¿Okupas, a gastos pagados?
Según la información que ha sido facilitada a este periódico, se hacen cargo del pago de:
- Todos los suministros. Unos 3.600 euros, el último mes (luz, gas y teléfono).
- La nómina de cuatro trabajadores. Entre ellos, la de la persona que se encarga de cuidar a las hermanas mayores. En estos momentos, nos explican, "la gestoría que se encarga de este asunto está al habla con el resto de los empleados (excepto con uno), para regularizar su situación".
- Las letras de la hipoteca del monasterio de Derio.
Por otra parte, nos aseguran que "salvo sorpresas" Belorado estaría también "al día con las administraciones públicas". En agosto, la Agencia Tributaria embargó una cuenta por falta de pago. Pero este asunto ya estaría solucionado.
Consecuencias de su expulsión
No obstante, nos confirman que -como no podía ser de otra manera- las cuotas de autónomos de las exreligiosas no se encuentran entre los gastos de la comunidad. Esto es así desde que se produjo la declaración de excomunión y consiguiente expulsión de la vida consagrada de todas ellas. Es decir, desde el pasado 22 de junio. "Si ya no forman parte de la comunidad, el monasterio no puede seguir pagando su Seguridad Social", explican las mencionadas fuentes a Libertad Digital.
Por este mismo motivo, las cismáticas no pueden acceder a las pensiones de las cinco hermanas mayores. Lo extraño sería que se les permitiera apropiarse de ese dinero y que pudieran gestionarlo ellas. Tras la rebelión de las entonces hermanas clarisas, las cuentas de Belorado fueron tuteladas por el comisario pontificio nombrado por Roma para gestionar esta crisis (inicialmente con la intención de que las rebeldes recapacitaran y dieran un paso atrás).
¿En qué se gasta el dinero?
Cabe recordar que el escenario que se encontró Iceta es que, entre todas ellas, apenas sumaban 6.000 euros. Como averiguó LD, la exabadesa vivía a todo tren y "gastaba como si fuese una multinacional". Eso por no hablar de las ocurrencias para ganar dinero de la hermana que estuvo al frente del monasterio durante doce años, desde el criadero de perros ilegal a las deliciosas (pero ruinosas) trufas con las que triunfaron en Madrid Fusión.
En la actualidad, el dinero de las pensiones de las hermanas mayores (muchas de ellas enfermas) que reclaman las cismáticas se destina a cubrir parte de los mencionados gastos de la comunidad (nóminas, suministros e hipoteca). Ni siquiera es suficiente para sufragarlos en su totalidad. La federación asume la cantidad restante, que paga con los fondos que inyectan otros monasterios que pertenecen a la entidad.
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